Buenos días y buena suerte (27.07.11) - Vacaciones
 

            Estamos en verano, tiempo de vacaciones. Cada uno las acomoda como puede, en función de sus gustos y economía. Es cierto que van desapareciendo las vacaciones de todo un mes y se distribuyen más concentradas y espaciadas durante el año. Desde hace muchos años dedico unos días a Sanabria y a Galicia. Esto me ha permitido observa los cambios que se han ido produciendo en sus entornos y casi todos a peor en lo principal. Este año he podido volver, en Sanabria, a practicar uno de sus atractivos más estimulantes: el senderismo y ciertas excursiones tradicionales por cañones y picos. Llevaba cinco años sin hacerlas debido a un problema físico que ya he conseguido erradicar. Mi primera nueva excursión para ver la presa rota de Vega de Tera me llenó de emoción, con mi mochila a hombros, controlando como se comportaba mi cuerpo. Iba alegre como un niño. Posteriormente he repetido otras rutas, incluida la que para mí tiene más belleza que es la subida por el cañón de Cárdena  hasta alcanzar la pista de tierra que nos lleva o bien a Porto o al sifón que baja el agua de las presas hasta la central eléctrica de Moncabril. Las diferencias más significativas que he encontrado son la casi nula presencia de personas que las practican y la invasión constante de la naturaleza, que va cerrando los senderos y que hace imposible en algunos casos, si no conoces la orientación, encontrar el camino correcto. La cada vez mayor pérdida y envejecimiento de población en las zonas rurales así como el abandono paulatino de las labores agrícolas y ganaderas, van dejando el campo y los montes sin el mantenimiento básico. Llegará un día que hará muy difícil practicar estas actividades veraniegas, tan peculiares en Sanabria. Otro punto negro de Sanabria es su lago, que actúa como una gran piscina de la zona, como único recurso turístico al cual se asiste en masa. Estamos hablando de un paraje bastante pequeño que no puede acoger a tanta gente: no tiene ni aparcamiento proporcionado a sus necesidades, sin carreteras alternativas de salida ante una emergencia ni tan siquiera socorristas que acudan en caso de necesidad o ahogamiento en el agua. Un caos que se ha visto incrementado con la decisión de la Junta de eliminar el control de aparcamiento en la playa de la Viquiella. Estamos ante altercados públicos y niveles de riegos sin que las autoridades ya sea Junta, Municipio de Galende y Guardia Civil hagan nada para evitarlo ya que todos miran para otro lado esperando que acabe el verano. Pero no olvidemos que lo que tiene que suceder ocurrirá algún día.
            Respecto a Galicia, mi tristeza es también profunda ya que he visto como el crecimiento desordenado y brutal, especialmente en las costas, ha ido imponiéndose día tras día. La vorágine inmobiliaria, la falta de ordenación municipal y la carencia de estéticas tradicionales en lo que se construye, en muchos casos por foráneos, está llenando el paisaje de mal gusto y desorden. Esto no sólo atañe a Galicia ya que es general en toda España. Lo que ha sucedido en la costa mediterránea es el paradigma de la mayor agresión que se puede hacer a la naturaleza y en muchos caos un espectáculo de horterada y mal gusto.  Ya hemos alcanzado un punto sin retorno y es fácil adivinar el final.
            La pena de todo esto es que a la mayoría de los españoles le gusta. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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