SUGERENCIAS A PARTIR DE UN PROYECTO FALLIDO (III)

 
 

Como ya comentaba en un anterior artículo, el arquitecto Moneo cuando nos hablaba de su edificio universitario de Nueva York, alzaba la voz para que llegase al último rincón del salón de conferencias de la Diputación donde nos congregó a unos cuantos, pero cuando le tocó hablar del Museo  de Lobo corrió hacia el centro de la sala y allá se perdió rodeado por los fans (preferentemente féminas) que iban a tener  la fortuna de recibir su discurso de cálido aliento. Pero no es de desdeñar lo que entendimos los que estábamos en las primeras y ya alejadas filas. Es lo que tiene el escuchar a un verdadero  maestro, que todo lo convierte en una materia preciosa de  arquitectura.
A mí me sorprendía  el énfasis que ponía explicando que en una esquina del edificio universitario de Nueva York que había proyectado y, que por consiguiente  daba a dos calles, lo había retranqueado en planta baja, por lo que la calle se había ampliado invadiendo  los límites del solar del proyecto. Y esto lo remachaba  para que nos diésemos cuenta del mérito que suponía adelantar el espacio público, incluso  ya dentro de los límites del edificio.
Otro  apartado en que  volvió a hacer una valoración especial del espacio construido es cuando  en una planta  mostró unos espacios con recorridos  exteriores, que pretendían compensar  el espacio libre de parcela que, tan ajustado quedaba, que era lo menos parecido a un campus universitario, por  sus reducidas dimensiones.
¿Venían a cuento tales observaciones tan lejanas? Pues ahora veo lo oportunas que eran por  el valor que daba al papel del espacioSUGERENCIAS A PARTIR DE UN PROYECTO FALLIDO. Antonio Viloria. público dentro del proyecto  del propio edificio universitario. Aquí, en esta ciudad, la alineación de las construcciones se  fijan a las de la calle sin concesiones (¡vaya ruina!) o como en otros casos, como cuando se ven soportales en que su escaso ancho soporta escasamente el paso de dos personas  y lo mismo pasa  en las  esquinas de toda edificación, en que las aristas de encuentro de las dos fachadas bajan cortantes hasta el suelo, o en su caso, de su  plano bisector. Recuerdo la casa que existía antes de que se construyese el convento de las Adoratrices en la plaza de la Catedral; en la esquina tenía un jardín que era privado, lo idóneo  hubiese  sido haberlo conservado para  dar  lugar a un espacio libre y público (solo en planta baja) como el que hacía Moneo en el edificio de Nueva York, que hubiese  servido de transición entre las dos plazas, y de pórtico previo  para el acceso al edificio y en el que está actualmente  en construcción tan hermético él, no  ha intentado recuperar. Y me pregunto el porqué  este edificio va a carecer de huecos al exterior ¿Será para proteger a nuestros Consejeros del bullicio y desenfreno que reina en esas calles de Dios, que podrían perturbar a  tan ilustres cerebros? Las monjas de las Claras tuvieron que ser trasladadas fuera de la ciudad porque  parecía que tal convento sin ventanas era como una pieza muda y ciega  ante el jolgorio  del paseo vespertino de moda en aquellos tiempos. Pero en tal ocasión no se trataba de  retranqueos, ni alineaciones sino simplemente aprovechar la ocupación  de un espacio de huerta  del convento para convertirlo en un solar con rico aprovechamiento.
El cuerpo de la ciudad  encierra múltiples historias llenas  de razones o sinrazones que no se revelan a la primera, empañada  por intervenciones sucesivas, y que la misma persistencia de las imágenes cotidianas vienen  a resistirse a cualquier forma de alteración futura (siempre que no aceche  el provecho especulativo). De ahí la gran fuerza que tiene la memoria, tan difícil de desplegar en una época como la que nos ha tocado vivir, por la aceleración de cambios  impensable en épocas anteriores de la historia de la ciudad. La memoria  viene en nuestra ayuda  porque  tiene la virtud de ayudarnos a recuperar  pasos  que se perdieron en cualquier episodio tan frecuentemente negativo en la evolución de la ciudad.
Así, de una observación  de Moneo sobre un edificio “suyo” de Nueva York  salen en nuestra ayuda  episodios de nuestra historia  urbana y otros ejemplos nos sirven como argumentos para justificar  soluciones a problemas que veíamos  discutibles, por no existir antecedentes  que diesen valor a las propuestas  elegidas. Por ejemplo, en  otro proyecto del mismo Moneo que es la ampliación del Museo del Prado y que ha sido posible por la trasformación de un espacio residual  de la  parcela, en un espacio que conecta la parte del original Museo con la ampliación de los Jerónimos. Esta alteración de los datos urbanísticos, visto con la letra pequeña, puede aparecer como una transgresión, pero el arquitecto tenía buenas  razones para afrontar  el riesgo. Pues el argumento era que ese espacio, ahora cubierto y dentro del edificio, es realmente un espacio público y  como tal se percibe ahora, en que ha venido a ser un trozo de ciudad, punto de encuentro de la gente, para hacer un alto en los caminos  que marca el propio museo, curiosear  los estantes de la librería o sentarse a descansar, mientras se toma un café.
Y esta alusión, ¿de qué nos puede servir para cualquiera de los temas que normalmente  tratamos en estos artículos periodísticos? Pues para señalar la diferente óptica que asumió el propio Moneo en relación con el carácter de los espacios  del Castillo: un espacio de ruinas es un baldío  dentro de la ciudad, es un espacio con un aprovechamiento análogo al de un parque, ruinas y jardines  son opciones intercambiables, frecuentemente coincidentes. A mí me parece que  hubo un error inicial por el propio encargo del proyecto y que partía de la consideración del Castillo como  edificio, cuando la realidad es que  es un bastión de la muralla defensiva de la ciudad y en las que  solamente su patio y su perímetro conservan trazas que puedan considerarse de carácter arquitectónico. Así que  lo que hay dentro de estos límites, determina la clasificación de su suelo y lo convierte en suelos no edificables, a partir de unos objetos que tienen consideración de ruinas ¿A qué obedece el techar todo este conjunto de ruinas, base de la propuesta de Moneo? Pues a recuperar su primitiva condición de espacio edificado. Pero habría que hacerse la pregunta ¿tiene capacidad una ruina para llegar a ostentar las cualidades propias de una obra de arquitectura y de acomodarse a las exigencias funcionales  de un Museo? Yo entiendo la frustración de Moneo.

Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 27 de julio de 2011



 
 
 
 
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