Buenos días y buena suerte (8.02.12) - La clase media
 

               Uno de logros mas significativos del capitalismo ha sido la conformación de la llamada clase media formada por una banda amplia de trabajadores, distribuidos en diferentes actividades económicas, que debido a las mejoras salariales se fueron convirtiendo en consumidores de productos y servicios.  Ha sido un proceso relativamente corto que se inicia en la Inglaterra del siglo XVIII con la llegada de la Revolución Industrial y se concreta fundamentalmente en los Estados Unidos, al inicio del sigo XX, con la industria del automóvil. Desde el punto de vista filosófico y conceptual hay dos actores importantes en la definición de la clase media, con criterios muy diferentes: Max Weber y Carlos Max, el primero con una visión más romántica y el segundo más científica.  La clase media se fortaleció con el sistema democrático occidental, especialmente después de la Segunda Guerra mundial, y se consolidó con las políticas sociales que crearon el conocido Estado del Bienestar que casi todos hemos conocido y disfrutado: marcos laborales, asistenciales, educativos y sanitarios dentro del respeto a los derechos humanos.
            Muchas personas piensan que la actual crisis económica que padecemos, exacerbada por una componente financiera especulativa desproporcionada, que no existía en el conocido crack del año 29 en EEUU, puede poner en peligro todo lo hasta ahora construido y adelgazar la clase media que irá paulatinamente desplazándose hacia abajo, al nivel de la pobreza. Algo parecido ocurrió en la crisis argentina que se inició en el año 1998 y que dura en parte hasta nuestros días aunque parece que las cosas ya están cambiando. Entonces se cercenaron los derechos de propiedad al congelar depósitos bancarios; se provocó un impago en la deuda externa del gobierno y se cortó el vínculo del peso argentino con el dólar, convirtiendo por la fuerza depósitos y préstamos a pesos argentinos a tasas desfavorables. La pobreza creció exponencialmente y las estructuras sociales del bienestar se desmoronaron rápidamente.
            Con estos hechos no quiero caer en un catastrofismo fácil alimentado por el pesimismo general que se respira en los ciudadanos de a pié debido al paro, altísimo entre los jóvenes, que vuelven al hogar, a los cambios que ya se están produciendo en los hábitos de consumo, en el miedo que frena la protesta social,  en saber que todos empezamos a sentir en nuestra propia carne algún desgarro social. Simplemente quiero constatar un hecho real que debemos no ignorar. En Grecia ya se están produciendo situaciones límites muy parecidas a las descritas. Ya sé que lo fácil y políticamente correcto es decir que nosotros no somos Grecia. Se habla que Portugal será la siguiente. Podremos decir lo mismo de Portugal y España pero ya estamos acostumbrados a oír declaraciones que en pocos días se las lleva el viento. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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