Buenos días y buena suerte (15.02.12) - El jurado popular
 

            La reciente absolución del ex presidente de la Generalitat valenciana Francisco Camps por un juzgado popular, con cinco votos a favor y cuatro en contra, del delito de cohecho pasivo impropio ha vuelto a abrir la polémica y dudas sobre la calidad de esta institución amparada por la Constitución Española que lo define como una institución para la participación de los ciudadanos en la Administración de Justicia. No ha sido el único caso polémico; ya pasó lo mismo en 1997 con el llamado caso Mikel Otegi en el País Vasco, que fue absuelto por un jurado de la muerte de dos hertzianas. Tribunales Superiores ordenaron repetir el juicio pero Otegi ya había huido a Francia. En 2001 la polémica se trasladó a Málaga con el caso Wanninkof donde el jurado popular consideró culpable a Dolores Vázquez de matar a la hija de su ex compañera sentimental. Posteriormente, al obligarse a repetir el juicio, otro tribunal popular la consideró inocente. Esto no sólo ocurre en España. En EEUU, país con una fuerte tradición en este tipo de instituciones durante siglos, también se levantó una monumental polémica en el juicio de la antigua estrella del futbol americano  O.J.Simpson que asesinó a su ex esposa y a su amigo. Fue absuelto por un juzgado formado mayoritariamente por negros, como el jugador, después de un proceso largo y ampliamente cubierto por los medios. Levantó indignación en la comunidad blanca mientras la negra celebraba la sentencia. Más tarde, en 1997, fue declarado culpable de las muertes por una corte civil.  
            La experiencia española es muy breve históricamente, no así en los países anglosajones que tiene una vida de varios siglos. Curiosamente, a pesar de ser los españoles cultural y socialmente tan diferentes a los ingleses, los legisladores eligieron una formula para el jurado popular, copia de aquella, con una diferencia importante que es que aquí el jurado debe motivar su decisión. Esta es una de las objeciones de los que se oponen al juzgado popular por las dificultades del ciudadano, lego en Derecho, frente a los matices jurídicos que separan, por ejemplo, un homicidio de un asesinato. También pesa mucho en contra lo fácil que puede resultar influir en el jurado desde el exterior, ya sea por los medios o la presión política.
            La realidad es que en España los casos atendidos por jurado están cayendo sensiblemente, por las imperfecciones no previstas en la Ley, intentando que cada vez lleguen menos casos a sus manos. La opinión de los españoles también ha variado, disminuyendo los que prefieren un jurado popular y aumentando los que eligen a magistrados profesionales. Personalmente me parece correcta la participación del ciudadano en la Administración de la Justicia, institución muy mal valorada por casi todos. Si hay cosas que corregir, que se hagan pero no sería de recibo ir dejando morir esta iniciativa aperturista que casi no lleva tiempo funcionado. Todo requiere su tiempo y hay que aprender con la experiencia. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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