Buenos días y buena suerte (11.04.12) - Disputas entre economistas
 

        En los años treinta del siglo pasado, cuando el mundo sufrió una fuerte recesión económica iniciada también en los EEUU, el economista John Maynard Keynes defendió con fuerza y vigor el papel que debería jugar el Estado para sacar a la economía de la situación de depresión donde se encontraba a través, fundamentalmente, de la inversión pública.  Esta tesis triunfó hasta los años setenta donde otro economista Milton Friedman empezó a construir un modelo económico totalmente diferente, donde el Estado jugaba un menor peso en la economía y a insistir en el control del crecimiento, de los precios y de la creación de empleo vía los tipos de interés. En estos momentos existe entre los principales economistas una disputa similar sobre el modelo a seguir para salir del pozo donde nos encontramos. Si esto ocurre a esos niveles ya se pueden imaginar en qué situación nos encontramos los simples mortales. Parece que nuestro papel queda reducido a ser observadores y sufridores aunque llegará un momento en que, si las cosas no se resuelven, tendremos que pegar un puñetazo en la mesa y decir ¡basta, esto se acabó!

        Por otra parte, en toda esta historia de diferentes visiones económicas, hubo dos políticos casi de ultraderecha que jugaron un papel importante en el devenir actual, en los años ochenta, sobre lo que ahora está ocurriendo. Me refiero a Ronald Reagan y Margaret Thatcher, pura derecha. Apoyados en el modelo económico del Sr. Friedman, propiciaron el adelgazamiento del Estado a límites escandalosos y favorecieron la economía financiera, de apalancamiento de capitales, en detrimento de la economía productiva. Esto propició un crecimiento y flujo desorbitado de capitales que unido a la globalización monetaria inundó todo el planeta de dinero. Cualquier método era bueno para apalancar capitales, dar mayor valor a la empresa y enriquecer a sus directivos: así llegamos a la explosión que ahora estamos padeciendo. El mundo tenia encima como una nube de carroñeros que desde las alturas nos observaban y decidían donde posar sus masas de dinero buscando la mayor  rentabilidad posible sin importarles ni naciones ni personas. Y así estamos ahora, llenos de deudas que hasta hace poco eran permitidas pero que ya no lo son como consecuencia del derrumbe acaecido en EEUU hace ya cinco años. Curiosamente todos los políticos y naciones occidentales se han plegado a este esquema monetarista de salida de la crisis salvo los partidos más a la izquierda que no cuentan en su haber ningún gobierno de peso en estos momentos donde puedan poner en marcha sus soluciones.  

        Estamos pues metidos en un círculo vicioso del que no es fácil salir. Los mercados, las instituciones internacionales  y algunas naciones que no tienen el mismo problema que nosotros, como es Alemania y Francia, nos ordenan reducir fuertemente el déficit tanto del conjunto del Estado como de las entidades crediticias y particulares. Esto supone no sólo reducir el estado de bienestar sino también cercenar nuestras posibilidades de crecer  en el futuro lo que impedirá generar ingresos suficientes para pagar lo que debemos. Si quisiéramos seguir otras políticas distintas, nos cerrarían el grifo de la financiación exterior y nos quedaríamos solos ante el peligro.  Además, debido al mayor peso de nuestra economía en el conjunto europeo, se teme el efecto contagio por tener la misma moneda, el euro, que podría arrastrar a toda Europa. Para colmo de desgracias el presidente francés Nicolás Sarkozy, que está en campaña electoral, nos está poniendo ante todo el mundo como ejemplo negativo de lo que no se debe hacer. Los del PP dirán que se refiere al anterior gobierno pero el modelo de economía que tenemos también lo cultivaron ellos así que la única solución es trabajar todos unidos y ver si encontramos un camino de salida. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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