Buenos días y buena suerte (3.10.12) - Ahora toca hablar de federalismo
 

        Creo que hoy en día la mayoría de los españoles pensamos que la calidad de nuestros políticos deja mucho que desear. Las encuestas lo confirman casi todos los días. Les gusta mucho mirar hacia atrás cuando hay problemas. Un buen político debe siempre mirar adelante y anticiparse para evitarlos o encauzarlos. Tenemos muchos ejemplos de su falta de anticipación: así ha ocurrido con el tema de las Diputaciones, también con la excesiva dimensión de las Autonomías que pretendían copiar la estructura administrativa del Estado para tener más puestos que repartir entre sus afiliados, incurriendo en duplicaciones inútiles que generan cuantiosos gastos. Y ahora algunos partidos políticos hablan de ir a un modelo federal del Estado sin explicar suficientemente lo que ello supone y sin aclarar sus consecuencias. Y todo ello cuando estamos más débiles que nunca.

        No hicieron las cosas bien en su momento. Cuando se diseñó la Constitución hubiese sido fácil suprimir las Diputaciones, integrando sus funciones en las Autonomías pero no se vio o no se quiso ver. También se pudo haber diseñado un modelo autonómico que al menos hubiese contemplado una estructura federal para aquellas regiones con características especiales basadas en su idioma y cultura diferenciada pero se aplicó un modelo homogéneo y general para no crear tensiones; se usó la fórmula de café para todos cuando no todos se merecían el café. Asimismo, todos contemplábamos el excesivo tamaño y egoísmo desmedido de sus administraciones, pero se miró para otro lado dejando que las cosas se desbordasen. Nuestros políticos no vieron lo que ahora sí ven con claridad. También conviene recordar la horrible gestión que realizó el gobierno del Sr. Zapatero con Cataluña a la que prometió el oro y el moro y después se tuvo que desdecir de casi todo creando un lógico espíritu de resentimiento y frustración.

        Y ahora algunos dicen que la solución sería un Estado Federal, como si esto fuese fácil. Por lo pronto se abriría la misma discusión que al inicio de la Constitución, es decir, si ese federalismo sería para todas las regiones de España o sólo para algunas. Pero además de ello habría que cambiar profundamente la Constitución que debería admitir el término de Estado miembro nacido del poder constituyente de cada territorio, que contaría con su propia administración de Justicia y Hacienda. Estas medidas tendrían que ser aprobadas por 2/3 de las Cortes y se tendría que reflejar en una nueva Constitución.

        Así y todo, siempre quedaría abierta la pregunta de si esto satisfacerla a los nacionalistas. Históricamente se sabe que es muy difícil saciar las apetencias de los nacionalistas, cuyo objetivo final es la independencia total de su territorio. Unas veces su petición está mas fría o más caliente pero no desaparece. Su estrategia funciona por etapas pero el final siempre buscan lo mismo. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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