Buenos días y buena suerte (10.10.12) - Breves reflexiones sobre la nación española
 

        La Península Ibérica cuanta en la actualidad con dos Estados soberanos formados por la República Portuguesa y el Reino de España. Ambos son de origen medieval y empezaron a poner sus cimientos con la reconquista a los musulmanes a partir del siglo X desde los territorios del norte de la Península. Los pequeños reinos que iban apareciendo a medida que avanzaba el desalojo de los musulmanes generaron con el tiempo la independencia de Portugal en 1139 y la unidad de España como nación en 1469 con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Hubo más acontecimientos históricos entre los entonces dos reinos pero las bases principales son las señaladas. No hubo problemas de identidad, de diferencias culturales ni de lengua.

        Por otro lado a mediados del siglo XVIII surgió en la vieja Europa una corriente de pensamiento que se reflejó en todas las actividades del ser humano: el romanticismo. Si bien es cierto que era una corriente literaria, ello no impidió que se extendiera a otros campos como la moral o la política. Este movimiento originó un interés por retornar a los orígenes del nacionalismo y el alma popular, valorando lo folclórico y la expresión del pueblo. Si la Ilustración proponía una tendencia universal para todas las naciones, sin importarle localización, clima y tradiciones, lo romántico propugnaba por enaltecer lo que de particular hay entre los hombres y los pueblos. Ya empieza por ello a valorarse las identidades, la cultura propia y la lengua.

        Así mismo, desde la Revolución Francesa se desarrolló un fuerte debate en España sobre la nación española que culminó con la Constitución de Cádiz de 1812 donde se propugnaba la idea de nación sobre los principios de soberanía, ciudadanía y constitución pero aquel patriotismo ilustrado del siglo XVIII no evolucionó y se creó a partir del siglo XIX un estado débil que se metió en guerras desbastadoras, perdió el imperio americano y su poder naval. Nos separamos de Europa y quedamos aislados. Como consecuencia España había quedado casi sin Estado. A este debilitamiento le siguió un fuerte localismo donde existía un sentimiento cultural propio apoyado en su lengua y en algunos casos, como sucedió en Cataluña y el País Vasco, por un fuerte impulso industrial y económico. En Galicia fue fruto más bien de una minoría intelectual. Claro que los mitos románticos falsearon y distorsionaron situaciones históricas en dichas regiones como ocurrió con el llamado nacionalismo español, pero no fue una invención su conciencia de identidad cultural ni la necesidad de restructurar el Estado español y su Administración territorial.

        Aunque un comentario de 3 minutos exige simplificar, aun así estamos ahora, con un viejo tema sin solucionar y sin políticos de altura que desde ya hace años hayan resuelto el problema. De nuevo oímos los discursos simplistas de cada bando, las amenazas veladas, las salidas de tono y además en un momento de debilidad nacional. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
Volver
Subir