A VUELTAS CON LAS OVEJAS
 
 

        No consigo quitarme de encima el pensamiento de las ovejas encerradas en el redil construido al arrimo de la iglesia de Castropepe, al que me refería en un reciente artículo, por lo que significa de poco aprecio por lo sagrado y haberse alterado la forma original además de obligar a coincidir usos propios de los negocios de los hombres con los del culto a Dios. Se objetará que eso ocurre en muchos templos de pueblos, incluso en ciudades, que han integrado el caserío con iglesias pensadas originalmente para mostrarse en forma exenta; ocurre con tantas iglesias románicas en nuestras ciudades que están pegadas literalmente a edificios residenciales de épocas modernas .Pues es así porque nuevas leyes han estado marcando la desacralización de la ciudad para facilitar su crecimiento y no se ha dudado en integrar en su trama la arquitectura del templo.
Pero en este caso no hay ciudad y el templo crece en el campo como un contrapunto a las mieses que lo rodean acotando tapias y casas casi desvinculadas del caserío más compacto del pueblo. Por ello las imágenes tienen una rotundidad que el contraste entre el campo y la arquitectura han propiciado. Con lo que esta modesta muestra de arquitectura enseguida ha venido a adquirir un signo de valor simbólico, el de una centralidad que es visible en torno a la cual el pueblo se muestra tan compacto. La visión del propio pueblo en la extensión de la llanura, al mismo borde de la vega, nos muestra la continuidad de formas que acentúan la verticalidad de la torre.
        Pero hecha la observación de ese afán desacralizador que se ceba en los más modestos entornos urbanos como es el caso que nos ocupa, se suscitan cuestiones que muestran la dureza de los choques de tipo conceptual que ponen en evidencia decisiones inadecuadas.
        En principio, el encargo de redactar el proyecto de esta iglesia respondía a la necesidad de sustituir la existente que estaba expuesta a las crecidas del embalse del Esla. Se ponía la condición de salvar la cubiertaA VUELTAS CON LAS OVEJAS. Antonio Viloria que era de madera formada por sucesivas correas que conformaban las superficies de los faldones de cubierta. Para absorber los empujes laterales de este armazón, se habían dispuesto sendas vigas que atirantaban el conjunto. Salvados los tecnicismos, el encargo era sumamente atractivo pues venía a plantear una solución específica y actual en que quedase integrado toda una estructura de madera en la nueva edificación. El proyecto debería cumplir con este requisito fundamental pero se daba una solución nueva a la iluminación de la nave mediante un ventanal que corría por encima de las correas del faldón expuesto a mediodía. Para completar la iluminación artificial se debían cambiar las grandes vigas de tirantes por unos cangilones de chapa que alojaban proyectores que daban luz indirecta sobre la cara interna de la cubierta. Ciertamente la solución era compleja pero perfectamente viable. Como la construcción del edificio se hacía a tirones, una vez que hice una visita a la obra, me quedé atónito porque el cura había tapado toda la cubierta con un plancha de plástico a modo de cielo raso que la ocultó totalmente, a pesar de ser sin duda la joya de la corona. Así hasta nuestros días. Yo no quise saber más del asunto, disgustado con las decisiones tomadas a mis espaldas, así que me figuro que alguien se responsabilizaría hasta la terminación de la obra.
        Sé que en estos años se ha intervenido para renovar los materiales y mejorar el aislamiento térmico pero se pasó por alto el de hacer cumplir los objetivos del proyecto original. Por todo ello he considerado oportuno levantar la voz para que se cumplan las condiciones del proyecto original y hacer visible la cubierta a fin de engrandecer el espacio interno de la nave.
        No me hubiese detenido en divulgar observación alguna sobre esta iglesia de Castropepe pero la construcción del intruso redil de ovejas me ha despertado las alarmas y me ha hecho sentir la urgencia para que se tomen las medidas que corrijan todas las actuaciones pasadas y presentes que hayan podido atentar la integridad del edificio .Con un arquitecto sensible y capaz todo tendría fácil solución.

Antonio Viloria
Zamora, 12 de octubre de 2012

 
 
 
 
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