Buenos días y buena suerte (28.11.12) - Donde se reflejan los recortes públicos
 

        Un periódico económico de tirada nacional publicaba la semana pasada un artículo sobre la excelente salud de la sanidad privada tanto en el sector de las aseguradoras de salud como en la asistencia hospitalaria que habían registrado en los últimos años crecimientos muy significativos. También se resaltaba que los hospitales públicos con gestión privada son más eficientes y que la sanidad privada atiende a los usuarios con un coste que no llega al 60 % del público, argumento evidente ya que el sistema privado es selectivo y el público está abierto a toda la población, lo que origina rendimientos diferentes. Asimismo señalaba la noticia que los problemas en la Sanidad Pública habían permitido, en parte, alcanzar estas cifras. Está claro que los problemas aludidos eran los recortes sanitarios que está sufriendo la Sanidad Pública así como las dificultades que se están poniendo a miles de usuarios, principalmente emigrantes, para usar el Sistema Público de Salud. En un país es normal que convivan tanto la sanidad pública como la privada y más en un sistema capitalista pero lo que no es de recibo es que sea el propio Estado el que beneficie poco a poco al sistema privado a costa de empobrecer al público que lo usa la mayor parte de la población. Este mismo proceso ocurrirá sin duda en el sector de la Enseñanza y en todos aquellos sectores sociales y asistenciales ganados en Europa durante la época de la social democracia. Pero ya desde hace años, cuando el sistema neoliberal empezó a gobernar el mundo en los años ochenta, se veían venir estas tendencias privatizadoras que la crisis económica actual, provocada por dicho sistema, ha agudizada en aras a las imposiciones de los llamados mercados y de los tecnócratas que dominan actualmente la política. Esta crisis económica está provocando una fractura social, incrementando las desigualdades, agudizando la pobreza y liquidando la igualdad de derechos.

        En estos momentos la palabra “austeridad” y el slogan “no hay otra alternativa” se están convirtiendo en la ideología predominante en casi todos los gobiernos democráticos con el fin de imponer su control social y llevar la acción política a una posición de servidumbre con respecto a los mercados dejando cada vez más libre el camino al sistema neoliberal, basado en la economía, el consumismo, la eficiencia personal y el individualismo social. La política siempre había sido un instrumento para cambiar la sociedad, corregir las desigualdades sociales e incrementar el bienestar del ciudadano en un marco de libertad y respeto a los derechos humanos. Pues bien, si se impone ese mensaje de que no hay otra alternativa ¿Para qué queremos la política y a los políticos?

        Este camino por el que nos están llevando es sumamente peligroso para el propio sistema democrático. Al calor de la crisis económica podemos ir perdiendo libertad, pasando a ser ciudadanos serviles, eficientes, consumidores y cumpliendo el rito vacío de votar cada cuatro años. Nos estamos jugando no solo el bienestar sino también la libertad y la democracia. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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