¿Argumentos para la secesión?

 
 

 Desde hace semanas, meses, venimos asistiendo en el seno de nuestro país a un conjunto de manifestaciones, puntos de vista, lanzamientos de proclamas y argumentos a favor y en contra de la secesión de Cataluña. Unos y otros, desde los diversos posicionamientos, tratan de defender sus opiniones y aportar criterios para justificar la secesión o no de este territorio y sus habitantes e instituciones. Y ello en el marco de las elecciones autonómicas del 25 de noviembre, acontecimiento que se ha propuesto como momento oportuno para lanzar contundentemente esta iniciativa que se venía gestando en parte de la sociedad catalana desde hace décadas.

Para todos es claro que ante circunstancias de este tipo cada uno trata de acercar el ascua a su sardina, a¿Argumentos para la secesión? veces a costa de ir en contra del más evidente sentido común. Sin embargo, lo triste no es que cada cual dé razones según le convenga, sino que el rival acepte como tal argumentos que no lo son en absoluto. En clase, hace algunas jornadas salió el tema que nos aborda y los chavales, que son adolescentes pero no tontos, veían la jugada. Pongamos que España es una comunidad de vecinos como tantos cientos de miles hay en nuestro país. Resulta que un día los vecinos del quinto quieren instalar una antena parabólica y, como es preceptivo, lo comunican a la comunidad. Todos los vecinos, no solamente los del quinto, se verán beneficiados por el nuevo servicio e igualmente perjudicados por desembolsar el coste del aparato y la instalación. Evidentemente, la comunidad se tiene que reunir y votar democráticamente si acepta la propuesta de los vecinos que quieren instalar la antena o si la rechaza. Y el resultado de las votaciones será asumido por todos. Como a nadie se le escapa, si votaran únicamente los vecinos del quinto efectivamente saldría adelante la propuesta. Sin embargo votan todos los que forman el conjunto porque a todos les afecta y, claro, la iniciativa puede ser rechazada.

Decían los alumnos que esto es idéntico a lo que pasa con Cataluña. No cabe duda de que, en la medida en que la sociedad catalana actualmente forma parte de España, la propuesta secesionista del President de la Generalidad, que puede ser legítima, debe ser votada legítimamente por todos a cuantos afecta, es decir, el conjunto de los españoles. Pero claro, igual los resultados de la votación rechazan la propuesta. He aquí el núcleo del problema. Desde algunos sectores se ha puesto toda la fuerza e interés en consolidar y dar validez al argumento de que a quienes compete la votación es exclusivamente a los catalanes. Y, sin embrago, este argumento es radicalmente falso, pues los afectados por ello son catalanes y el resto de españoles, en la medida en que actualmente todos forman parte del mismo conjunto y las acciones de unos afectan a todos. Efectivamente el sentido común se impone por sí mismo para todos, aunque no hay más ciego que el que no quiere ver. Sin embargo, muchos parecen haber aceptado de forma absolutamente acrítica, y concediéndole una validez que no tiene, el argumento de que a quienes compete la votación es exclusivamente a los catalanes.

Las elecciones en Cataluña nos han demostrado muchas cosas. Entre ellas que la democracia española no es madura ni mucho menos. Cada 6 de diciembre se escucha en los medios de comunicación a no pocos políticos afirmando la madurez de nuestro sistema democrático, algo simplemente falso a tenor de lo más arriba afirmado. En estos últimos meses no ha existido voz pública alguna que alertase de que nos estaban colando un argumento falso para la secesión catalana. Como tampoco demuestra la mayoría de edad de nuestra democracia que haya jueces llamados conservadores y progresistas, cuando deberían ser simplemente jueces. Sin una efectiva división de poderes y sin voces críticas contra los argumentos políticos falsos no hay una verdadera madurez democrática.

Rafael Ángel García Lozano

 
 
 
 
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