¡AGUSTIN VIVE! (y III)
 
 

        Después del breve recorrido que he hecho por algunos de los recuerdos que ilustran la memoria de Agustín García Calvo, la sensación que tengo es la de haber solo arañado superficialmente la piel de un cuerpo tan extenso y variado que me hace pensar que los datos que se deducen no podrán ser nunca concluyentes como para agotar las características de la persona.
        Y ello me ha despertado la certeza del valor tan solo aproximado que se puede conceder a este manojo de recuerdos. Al fin y al cabo, parten de experiencias personales o de situaciones a las que se hacen alusión en¡AGUSTIN VIVE!  ( y III) los textos del autor y que las he sometido a mi interpretación personal. Entonces ¿qué significado tiene que los episodios vividos y transcritos por Agustín les hagan entrar en sintonía y que se hayan incorporado a las vivencias personales del que está escribiendo estas líneas? Porque se tratan generalmente de situaciones amables que rememoran sucesos de infancia o de juventud. Aún en el caso de la invocación que hace Agustín a la figura de su padre ya finado parece que he intentado soslayar el aspecto trágico que tiene la separación de dos personas ya fallecidas. Porque lo qué he hecho ha sido convertir esta representación dolorosa mediante un cambio de escena que se abre al encuentro gozoso entre padre e hijo. Entrar en estos detalles me han llevado al convencimiento de haber tratado de esquivar los aspectos con que se compone el rostro de la muerte y la que precisamente tiene su propia representación en el caso de Agustín. Que he venido a actuar como autor involuntario de una conjura contra la muerte; así dicho suena muy fuerte pero que trasluce que se ha tratado de orillarla para mejor ocasión, cuando el rumor de los días haya difuminado la memoria de las mentes.
        Sirvan estas líneas de disculpa por las estrecheces que pueden atribuirse al mensaje precedente y como medida compensatoria, el de dar en estas últimas líneas la atención debida a su propia muerte, tan suya como su propia vida, y que por inseparables son las caras del irrepetible avatar que marca la existencia de cada persona.

ORACION FÚNEBRE EN EL TRANCE DE LA PÉRDIDA DE AGUSTÍN

¡Agustín señor nuestro! !Preclaro varón entre todos los zamoranos!
Somos muchedumbre y todos a una comparecemos ante tu muerte para elevar el grito de dolor que nos sale desde lo hondo de nuestros corazones y ante el hecho ineludible que presenta vuestra fatal partida al reino de los muertos.
Estamos revestidos con las ropas de un duelo que todos compartimos, que intenta ser la medida de nuestro dolor y que juntos nos ayudará a soportar tan profunda pena.
Agustín, por gracia de vuestra sabiduría sabíamos que la muerte-vida son hechos inseparables en el devenir de la aventura humana, cara y cruz de la misma moneda, y ley para los mortales.
Agustín, en este acto de despedida no podemos evitar sentir el vacío que marcará a partir de ahora todas las horas de días y noches, al no contar con el consuelo de vuestra sabiduría y de vuestra presencia.
Para mitigar nuestro desconsuelo, al menos contaremos con el testimonio perenne que nos has legado con tu ejemplo, con tus obras, compendio de la sabiduría que derramaste generosamente en discursos y publicaciones.
Que contaremos por ello con la abundante cosecha de vuestros pensamientos y que ya desde largos años han iluminado nuestras mentes
Que nos has dado el don de una ejemplaridad para la vida y el modelo con el que podamos alcanzar a entender las razones que orientaron vuestra conducta.
Desde la precariedad que sufrimos por vuestra ausencia, solo ansiamos en que una vez desprendido de las ataduras de vuestra envoltura corporal, vuestro espíritu ingrávido, el mismo que animó permanentemente toda vuestra vida, colme todos los tiempos y espacios en donde, como mortales, cumpliremos cada día en el ejercicio de nuestra libertad.
Sin duda que seguiremos percibiendo vuestro aliento, el mismo que ha sido siempre capaz de vivificar almas y corazones hasta el presente.
Y es el que nos permita hacer reales los sueños que despertaron al conjuro de vuestras palabras.
¡Agustín vivirá! ¡Y para siempre!

Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 29 de noviembre de 2012

 
 
 
 
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