Buenos días y buena suerte (19.02.14) - Autogestión
 
         Hace unos días entré en la página que el escritor y profesor de Ciencia Política, Carlos Taibo, tiene en Internet titulada Nuevo Desorden y me  sorprendió ver su último artículo, de finales de enero, sobre el Movimiento Podemos que fue motivo, en parte, de mi último comentario. Sin tratar de pormenorizar las opiniones de Carlos Taibo en este artículo, que les animo a que lo lean, me llamó mucho la atención su crítica al Movimiento Podemos por no emplear nunca la palabra autogestión en sus presentaciones ni citar proyectos relacionados con esta ideología. Según él, los que apoyan este movimiento siempre beben de la idea, pregonada por la socialdemocracia y el sindicalismo de pacto, de que el Estado es una institución que nos protege. En otra parte de su artículo insiste con más precisión sobre la necesidad de otorgar a la autogestión un relieve decisivo en  temas como: centros sociales auto gestionados, espacios de autonomía o cooperativas integrales así como a propiciar debates colectivos sobre la tecnología y la civilización industrial, sobre la desurbanización y la descomplejización de nuestras sociedades  o sobre el decrecimiento, temas todos muy interesantes.

        La palabra autogestión tiene algo mágico y suele servir para cerrar cualquier problema social difícil diciendo: “esto se arreglaría con la autogestión” y todos tan tranquilos. Según la Real Academia de la Lengua la autogestión se define como “el sistema de organización de una empresa o proyecto según el cual los trabajadores participan en todas las decisiones”. La historia nos ilustra con ejemplos de  este modelo, que siempre ha estado acotado a proyectos concretos, nunca a la organización propia del Estado. Así, por citar algunos conocidos, tenemos  la Comuna de París (1871), los soviets rusos (1905 y 1917), los consejos de trabajadores en Alemania (1918), las colectividades en España (1936-37), los kibbutz israelíes (1947), Yugoslavia (1950), la primavera de Praga (1968), la Teología de la Liberación (1968) y el mayo francés (1968). De alguna manera el pensador y filósofo zamorano Agustín García Calvo también propiciaba una cierta autogestión social donde las personas, colectivamente y sin intermediarios, tomasen las decisiones que les afectan. 

        Confieso que la teoría autogestionaria suena muy bien y no dudo que pueda llevarse a cabo en proyectos concretos y dentro de grupos sociales muy homogéneos culturalmente  pero la experiencia histórica dice que cuando se desbordan estos marcos todo acaba mal y desaparece. En España tuvimos la experiencia del sindicato CNT que tuvo un peso muy importante especialmente a partir de 1918 y que duró hasta el final de la Guerra Civil. También es conocida la experiencia de la antigua Yugoslavia comunista de mariscal Tito pero que duró hasta la muerte del dictador y la desintegración total de la nación. Lo que está muy claro es que en estos momentos, dentro de este capitalismo neo liberal que nos asfixia, resulta casi impensable que la autogestión pueda tener algún recorrido, salvo en proyectos más bien testimoniales. Uno puede seguir aferrándose a su música, llena de libertad, igualdad y humanismo  pero el modelo social que impera se aleja totalmente de estos principios. Casi tendríamos que pasar a otra galaxia o que se produjese una revolución social para que la autogestión tuviese el protagonismo que Carlos Taibo y el propio Agustín desean. Dicho esto, también debemos agradecer que contemos con estos faros de luz personal, que aunque sólo iluminan algunas zonas sirven de refugio a muchos navegantes. Buenos días y buena suerte.


Antonio Gallego
 
 
 
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