El embargo de La Josa

 
 
        Es uno de los recuerdos más firmes de los tiempos de efervescencia de nuestra vida en el barrio de San José Obrero: Fue una tarde de un día cualquiera de 1967. Celebrábamos una de las múltiples reuniones prefundacionales; había allí sentadas unas veinte personas en torno al rectángulo de una habitación que hacía de oficina y de local de reunión. La discusión se centró, de pronto, en si los socios de la, aún nonata, Asociación de Desarrollo Comunitario deberíamos tener o no algunas ventajas en el uso de las incipientes instalaciones. Aquel día en el que alguien, que no nombro, salió con un buen “calentón”, quedó definida la filosofía que ha presidido a lo largo de los años la historia de La Josa y de la Asociación: La Josa es propiedad de todos los vecinos del Barrio; la Asociación será, decíamos, el ente que los represente y, por tanto, gestionará y administrará las instalaciones y los bienes; ser socio no comportará ventajas. En definitiva el uso y disfrute de las instalaciones será un derecho universal, extendido a personas ajenas a nuestro barrio que deseen participar en las actividades a realizar. La valla en construcción, servirá sólo como elemento delimitador que proteja las instalaciones de actuaciones de desaprensivos.

        Ese criterio fundacional, no sólo ha presidido, como digo, estos ya cuarenta y ocho años de funcionamiento (el 9 de julio de 1966 hicimos el primer pago), sino que se ha ido plasmando en su configuración topográfica y urbanística: Hoy La Josa es un espacio totalmente abierto, lugar de paso indiscriminado y sus instalaciones vienen siendo utilizadas por y para múltiples entidades y variados usos. A ello, sin duda, han contribuido los acuerdos de la Asociación con los sucesivos Ayuntamientos democráticos, de los cuales es una muestra el que se firmó en 1998 y que introduce el derecho de uso municipal por un período de veinticinco años a cambio de algunos compromisos que el Ayuntamiento no ha cumplido en su totalidad.

        Hace un par de años un grupo de vecinos decidió recuperar la gestión de laLa Josa Asociación, que desde hacía bastantes años controlaba el presidente saliente, Carlos Baz, quien mantenía una buena relación con el anterior alcalde, Antonio Vázquez. La nueva junta se encontró con un par de “marrones” de importancia: La obra de remodelación de los vestuarios parada y un proceso judicial iniciado por el constructor por falta de pago. En los primeros días de abril llegó la sentencia que condena a la Asociación a pagar 86.000 euros (éste es un asunto al que ya se le ha encontrado un camino de solución gracias a la aportación de alguien que me es cercano). El otro “marrón” es la reclamación municipal de 48.000 euros por el IBI impagado desde 2008; impuesto que se reclama porque la junta anterior dejó perder su carácter de “utilidad pública” en 2003 al no presentar las cuentas anuales. Sorprende, y no hace falta ser malicioso para afirmarlo, que la reclamación se produzca ya con el cambio de gestores —éstos, no de la cuerda de los munícipes.

        El acuerdo de 1998 —a falta de mejor análisis,  probablemente un buen acuerdo— comportaba aportaciones municipales para las obras de los vestuarios, el amueblado de la zona de parque infantil y la construcción de alguna edificación aneja al actual pabellón. Los documentos que lo atestiguan han aparecido en estos días. La reclamación ante los responsables municipales y el anuncio de la posibilidad de ir a la Fiscalía con ellos han dado lugar, parece, a un brutal movimiento de los responsables del Ayuntamiento: el embargo.

        La gente se ha movido rápido; ahí tenemos, como muestra de lo alarmado que está el Barrio, la “plantada” ante la iglesia. Experiencias cercanas en el tiempo nos muestran la facilidad con que, en esta época tan dura que nos están haciendo vivir, salta la chispa. Hemos visto “dar marcha atrás” a algunos alcaldes —hace bien poco aquí mismo, en Barcelona, con el asunto de Can Vía.

        Estamos en plenas Fiestas de San Pedro, que espero disfrutar en los próximos días: Sea prudente, Sra. Alcaldesa, rectifique, que está a tiempo, y…

        ¡Tengamos la Fiesta en paz!


Santiago Fernández (Barcelona)
(Primer presidente, 1968-69, de la Asociación de Desarrollo Comunitario)


 
 
 
 
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