Buenos días y buena suerte (25.06.14) - Después de las ceremonias reales
 
         Iniciamos una semana tranquila después de la proclamación del nuevo Rey de España en la figura de Felipe VI. La verdad es que hemos asistido a todo un extenso abanico de opiniones no sólo desde el punto de vista político sino también en todo lo ligado a la ceremonia. Se han analizado hasta la saciedad, hasta producir nausea,  todos los gestos de la pareja y su familia, se ha mirado con lupa la lista de asistentes, para muchos excesiva y para otros escasa, también se ha opinado si la ceremonia fue austera o proporcionada, si debieron invitarse a otras casas reales o Jefes de Estado. Del discurso pronunciado por el Rey no se ha dejado de escudriñar, analizar e interpretar una sola frase, de lo que no ha dicho o ha sobrado. No ha faltado de nada y cada uno se ha despachado a su gusto. En fin, el carácter español es estado puro.

        Ahora le toca al nuevo Rey ejercer de máxima autoridad del Estado  y ver, poco a poco, como se acopla a esta nación, entendiendo que su papel sólo tiene sentido si es útil para la convivencia política de los españoles. Muchos esperan del nuevo monarca algo así como si fuese un Rey Mago, que todo lo puede cambiar sin comprender el papel que le marca la Constitución. Parece como si muchos españoles quisieran volver a los reyes absolutistas que imponían su criterio por encima de los ciudadanos. Posiblemente una de las razones por las que se han idealizado las posibilidades del nuevo Rey sea por  la desconfianza que sienten muchos españoles por los grandes partidos y por las instituciones de la nación. Como dije, habrá que esperar a que pase el tiempo para hacer balances. Por lo menos tenemos un avance con respecto a su padre ya que este Rey lo han proclamado las Cortes y no lo ha puesto a dedo el Dictador. Para muchos  esto no será significativo pero para otros es un aspecto primordial. Tampoco hemos visto sotanas, catedrales y palios en los actos de proclamación.

        Pasado el acto, nos quedamos con los problemas reales ligados a las crisis que padecemos: la social, la económica y la política.  No cabe duda de que la figura de un rey ejemplar, que practique la transparencia en su entorno, que anime a los políticos a buscar consensos y soluciones a los problemas reales, que esté cercano a los ciudadanos puede ser de gran ayuda en estos momentos pero no busquemos milagros rápidos ya que todo es más complicado de lo que parece. En estos momentos tan desconcertantes, de tanta desorientación moral y ética, con un enorme descrédito general ligado a la corrupción y a los chanchullos de los poderosos, la ejemplaridad puede ser un valor incalculable si se ejerce con plenitud y puede dejar descolocados a muchos, no sólo políticos e instituciones sino a ciudadanos que sólo piensan en ellos mismos y en sus beneficios. En este aspecto, el nuevo rey debe jugar un papel de primer orden y si no lo hace que se atenga a las consecuencias. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego
 
 
 
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