Rivalago I

La memoria recuperada cincuenta años después de la tragedia

 
 

         Siento cierta satisfacción al recurrir como título del artículo presente, a la vieja palabra sacada del arcón secular de una geografía olvidada. En el viejo dialecto "senabrés", se decía Rivallagu o Rivalago. Así tratamos de acreditar la importancia de la recuperación de una memoria que se borró un día aciago por la fuerza desatada de las aguas. Son cincuenta años los que han pasado desde el momento de aquella catástrofe, y ahí siguen invariables los restos que desbarató el agua con tal saña.

         Pertenezco a una generación de gente que fue contemporánea de la época del desastre, y aunque no fuimos testigos presenciales, sí podemos recuperar datos que llegaban a nuestros oídos en forma de rumores y, que se habían escapado del control que había y que pudiese cuestionar las decisiones del Régimen.

         Ha pasado mucho tiempo desde que se decidió crear el nuevo Ribadelago, queAntonio Viloria serviría para paliar el infortunio que trajo la catástrofe. Así, a toda prisa se liquidaron las responsabilidades, se pagaron las magras indemnizaciones y todo quedó pactado entre responsables y perjudicados. No vamos a entrar en una crítica que partiese de las causas del siniestro, y a la forma de cómo se resolvieron los problemas para que finalmente fuese aceptado el nuevo y exótico conjunto urbano, que sería erigido.

         Sí que vamos a referirnos el actual estado de las ruinas del desastre por el carácter tan alejado de toda forma con significado urbano, añadido al agravante de encontrarse inmerso en un medio paisajístico tan caracterizado. Porque no estamos ante la clase de ruinas que nos puede llegar a provocar la exaltación lamentando la pérdida de antiguas glorias. No, lo que nos acerca más a la realidad de estas ruinas es que, nos sugieren las arbitrarias y desiguales formas de los escombros acumulados en los espacios marginales de las ciudades modernas.

         No hay razones claras para seguir manteniendo así aún conserva las trazas del paisaje primitivo. Se invoca el respeto a la memoria de las víctimas de mantener el sitio en estas maneras, como si estas pudiesen verse satisfechas al ver perpetuada la memoria del horror que tuvieron que sufrir. La reacción ante casos parecidos de los supervivientes de catástrofes de dimensiones parecidas en cualquier punto del planeta es justamente todo lo contrario, pues sin dilación alguna después de cada desastre emprenden la reparación de los daños causados, reconstruyendo lo destruido y de paso, adoptar las medidas para corregir las deficiencias que se hayan hecho patentes tras las acciones lesivas del suceso. En nuestro Rivalago se perdió la ocasión por no haber emprendido la reconstrucción del pueblo, que partiendo de los datos y el conocimiento de lo destruido nos podían haber facilitado las conclusiones que serían útiles para decidir su desarrollo futuro. Pues esto constituye la materia que hay que investigar, y porque es el componente de que están hechos pueblos y ciudades, y que viene a constituir la base de su memoria. Así es como la historia va dejando sus huellas marcadas y traspasando las sucesivas alternativas de destrucción y reconstrucción de sus estructuras.

         Tenemos como ejemplo los pueblos italianos, situados en las faldas de volcanes como el Etna o Vesubio, siempre expectantes ante la probable erupción del volcán. Para eso cuentan con las medidas que hay que tomar, y que minimicen las consecuencias de la catástrofe, ya sean en la próxima semana o el próximo siglo. Y así empezaron por modificar el trazado primitivo de sus calles, cambiando la dirección de las vías principales para que quedasen enfiladas con la boca del volcán, y de que en su momento se facilitase la evacuación de la lava en su descenso por la ladera. Esto es la fidelidad a un pasado, y una gente que defiende sus raíces que les mantienen erguidos frente a las fuerzas de la Naturaleza.

         Ahora es el momento de que recuperemos el hilo de continuidad que nos conecte con el pasado histórico del Rivalago que se pierde en el pasado. Tenemos que volver, a dar un significado urbano a lo que fue un enclave para la vida del propio Lago. La ocasión está ahí, y nuevas demandas podrán verse satisfechas de forma óptima para beneficio de esta comarca, de sus gentes.

Antonio Viloria

Fuente: La Opinión de zamora


 
 
 
 
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