Buenos días y buena suerte (29.10.14) - LOS NUEVOS PROCESOS ABIERTOS
 
        La gente parece que está contenta por la rápida actuación del juez Fernando Andreu que acusa a Blesa y Rato de permitir el derroche de 15,5 millones de euros en el uso indebido de las tarjetas ‘black’ por consejeros y directivos de Caja Madrid y Bankia. El magistrado atisba un supuesto delito de administración desleal y justifica las fianzas de 16 y tres millones de euros. También denuncia la ausencia de un sustento contractual y la existencia de una contabilidad “encubierta para evitar el control de auditores y supervisores”. Asimismo, también mucha gente está confiada por la decisión del juez Ruz, que instruye el caso Bárcenas, de citar a declarar como imputado al ex alcalde de Toledo, José Manuel Molina, del PP naturalmente,  por la supuesta adjudicación irregular en 2007 de un contrato de basuras a la empresa Sufi, filial de Sacyr. Y muchos siguen entusiasmados de que el mismo juez, encargado de investigar la financiación irregular del PP, haya citado a declarar como imputado al ex secretario general del PP, Ángel Acebes, acerca de la presunta financiación de Libertad Digital con fondos B del partido que recogen los papeles de Bárcenas. El magistrado vuelve a convocar como imputado al ex tesorero del PP Álvaro Lapuerta, al que la Policía también señala como responsable del dinero negro. También está investigando la financiación irregular tanto de las sedes del PP en Bilbao como en Madrid.

        Entiendo este entusiasmo de muchos ciudadanos pero personalmente soy mucho más cauto y no espero milagros rápidos por parte de la Justicia ni que el resultado final, cuando llegue, sea tan aleccionador como algunos creen. Solo he visto rapidez en echar al juez Garzón de su puesto en la Audiencia Nacional y en condenar a 17 años y medio de inhabilitación al juez Elpidio Silva por su actuación en la instrucción del caso Blesa, que llevó en dos ocasiones a la cárcel al ex presidente de Caja Madrid. Todo lo demás son inicios de procesos judiciales nuevos u otros en curso que arrastran años de instrucción. Nadie es capaz de conocer su final. No olvidemos que la justicia española es extremadamente garantista, lo que favorece a los sinvergüenzas de cuello blanco o con vinculaciones políticas poderosas. Ya lo decía el propio Fiscal General del Estado hace poco: “No todos tienen auténtico interés en que la justicia sea rápida y eficaz”. Por otra parte, esta gente tiene abogados conocedores de todas las triquiñuelas legales y no les falta dinero para pagar las mejores  defensas. Cualquier fallo o interés político oculto puede dar al traste con estos procesos,  ya por sí tan lentos. Por poner un ejemplo ¿se imaginan que pasaría si al juez Ruz no le prorrogan por seis meses más poder de seguir instruyendo las causas que ahora tiene entre manos? Su plazo termina el próximo mes de diciembre. Confío que esto no suceda pero conociendo este país no pondría la mano en el fuego.

        Está claro que la porquería que ahora está saliendo a la luz equivale al pus que supura un enfermo por sus heridas. Nuestra enfermedad social, reflejada de una manera clara en los partidos políticos, organizaciones sociales y sindicales y empresas contaminadas políticamente, ha sido la impunidad y prepotencia que han tenido, con cierta benevolencia ciudadana. No olvidemos que muchos corruptos han seguido contando con el apoyo en las urnas cuando se celebraban elecciones. Tampoco hemos sido capaces de construir un esqueleto social apoyado en valores éticos  y comunitarios ni hemos  educando a la población fomentando los valores ciudadanos orientados a preservar la decencia pública y la moralidad administrativa. Aquí sólo ha valido el “sálvese el que pueda y yo a lo mío”. La reflexión tiene que ser necesariamente colectiva e individual. Es sintomático que comportamientos claramente nocivos para el bien común —pienso en el nepotismo o la defraudación fiscal— sean muy vituperados en nuestro país cuando se detectan en las escalas más altas del poder político o económico, pero tiendan a ser vistos con cierta complacencia cuando suceden en un ámbito más próximo. A mi juicio, la corrupción no admite grados: si toleramos la infracción y el fraude a pequeña escala, debemos prepararnos para sufrir la corrupción a gran escala. Los principios éticos no resisten componendas. La ejemplaridad debe ser contemplada desde la exigencia de la igualdad.

        Salud y suerte.


Antonio Gallego
 
 
 
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