Buenos días y buena suerte (14.01.15) - Horror contra Democracia
 

        Esta semana  hemos conocido varios atentados terroristas. Posiblemente el que más nos ha impactado, por cercanía y similitud cultural,  haya sido el acaecido en Paris contra la revista Charlie Hebdo  llevado a cabo por cuatro ciudadanos franceses de origen magrebí que acabaron con la vida de 17 personas además de tres terroristas abatidos por la policía. Hace unos días, en la ciudad paquistaní de Rawalpindi también  murieron siete personas y 17 resultaron heridas cuando un extremista suicida se inmoló en una mezquita chiita. Este fin de semana, al menos 19 personas murieron y muchas resultaron heridas en Nigeria cuando una niña de unos 10 años hizo explotar la carga que llevaba sujeta a su cintura en un mercado popular. El ataque se atribuye al grupo islamista Boko Haram. Tres atentados horribles en distintos lugares del planeta con víctimas mortales de origen muy diverso, con autores muy diferentes y con una referencia común: la causa islámica. En unos casos el motivo ha sido el extremismo sectario y religioso dentro del propio Islam, en otro caso ha sido un acto de venganza por lo que algunos fanáticos consideran provocaciones occidentales al profeta Mahoma y en otros puede ser producto de rivalidades políticas y tribales dentro del país. Además de todo ello, es una realidad que parte del mundo musulmán mira a Occidente con odio y desconfianza por su prepotencia geoestratégica que le ha llevado a intervenir  en muchos países que profesan el Islam. Así y todo, resulta difícil asumir que en el ataque de París existiera algún pensamiento religioso. Fue un acto deliberado contra los valores occidentales, apoyados en el laicismo y en la libertad de expresión. Y todo indica que las cosas seguirán así durante mucho tiempo.

        Siempre se dice que el Islam es contrario a la violencia y que estas acciones son producto de fanáticos religiosos o extremistas políticos que buscan vengar intromisiones occidentales invasoras e injustas. Seguro que es así ya que no existe ninguna religión basada en la violencia aunque a veces indirectamente la propicie; además el rechazo por parte de la comunidad islámica al atentado de París ha sido contundente.

         Últimamente muchos países occidentales están desorientados por la presencia voluntaria de ciudadanos nacidos en sus países, casi todos llegados desde la inmigración, que no han acabado de asumir la cultura occidental y que terminan sumándose a causas radicales lideradas por grupos y movimientos islámicos. Muchos pierden su vida en esta aventura personal. El fanatismo suele hallarse entre los más jóvenes e ignorantes, sobre todo hombres. Para ellos la fe extremista es atractiva debido a que no requiere ningún esfuerzo o conocimiento, ofrece la promesa de resultados rápidos y se le reconoce su pertenencia a un grupo, lo cual es importante ya que piensan que la sociedad occidental no los integra y que, en realidad, siguen sintiendo  emigrantes no queridos, casi siempre en situación de desempleo o con trabajos marginales, y por ello caen con facilidad  en redes islámicas de acogida o atienden las llamadas de imanes radicales que se aprovechan de la libertad occidental.

        El tema es complejo y tiene demasiados flecos para el análisis pero es evidente el recelo que está creando todo lo musulmán en la sociedad occidental por mucho que se quiera encontrar justificaciones. No es fácil ser ecuánime cuando se ven las salvajadas que están sucediendo. Es cierto que las principales víctimas de este sectarismo se encuentran en los propios países musulmanes que son incapaces de erradicar tanta violencia. Por otra parte, prácticamente todos estos países cuentan con gobiernos no democráticos, salvo Turquía con todas sus dudas. Así mismo, el 50% de su población, formado por mujeres, no tienen los mismos derechos que los hombres y viven en un estado social penoso. Las únicas alternativas para ir cambiando esta situación serían la democracia social y la educación en igualdad para hombres y mujeres pero estos objetivos están muy lejanos. Muchos dictadores se refugian en la religión musulmana y en sus leyes medievales para engañar a sus ciudadanos, básicamente ignorantes.

        Aunque Occidente no es responsable de toda esta situación, sí es en parte corresponsable de alguna manera ya que se han cometido muchos errores y se ha abusado, en demasía, de prepotencia además de apoyar a regímenes dictatoriales y socialmente injustos con sus poblaciones.

        Salud y suerte


Antonio Gallego

 
 
 
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