Buenos días y buena suerte (18.02.15) - Otras reflexiones
 

        En mis artículos anteriores he expuesto mis opiniones sobre IU y  PSOE, con todos los condicionantes que se quieran poner aunque son inevitables.  Ahora comentaré mi opinión sobre el Partido Popular en Zamora que lleva gobernando el Ayuntamiento y la Diputación desde casi siempre.  Hay que remontarse a los tiempos de Andrés Luis Calvo para oír hablar del  PSOE. Parece evidente que la gran preocupación del PP en Zamora, como ocurrirá  en toda España, será el trozo de tarta que le pueda quitar Podemos; no es ninguna novedad ya que eso sucederá también en el PSOE e IU. Posiblemente el efecto Podemos sólo se notará en Zamora capital y ya veremos cómo puede afectar a posibles pactos en la zona de la izquierda una vez conocidos los resultados de mayo. También parece seguro que el mantra de la recuperación económica estará presente de una manera u otra en toda la campaña del PP.

        Como todo el mundo sabe, el PP aún no tiene candidato oficial para el Ayuntamiento aunque se da por seguro que será Clara San Damián y más después de pronunciar la original y  consabida frase: “de que está a disposición de su partido”. La Diputación ya tiene candidato seguro, salvo que ocurra un cataclismo,  en la figura de Fernando Martínez Maíllo. Curiosamente este personaje parece alérgico a presentarse en elecciones directas ante los ciudadanos. Quizás es consciente del poco carisma que inspira y prefiere moverse en las sombras de los despachos, siempre arropado por sus fieles, moviendo los hilos de la provincia a través de fidelidades interesadas. Para ser alcalde se necesita una cintura política y humana más flexible de la que tiene el actual presidente. Tampoco parece que cuente con muchas simpatías en la Junta de Castilla y León, lo cual no le hace ningún favor a la provincia ni a sus ciudadanos.

        Nuestra actual alcaldesa Rosa Valdeón se va y dice que no sabe dónde pero es muy probable que el aparato del partido le haga algún hueco en Valladolid o Madrid. Allí se la quiere más que en Zamora. Ella misma lo reconoció cuando dijo  que: “Me alegro si hay gente en mi partido que se siente feliz por la decisión que he tomado de no volver a presentarme como candidata, así ya somos dos". Y todo el mundo la entendió. La Sra. Valdeón ha estado con nosotros ocho años así que, naturalmente, ha hecho cosas; casi es imposible no hacerlas pero creo que sus mandatos han sido más estéticos que otra cosa. Parece que los temas de imagen se le dan bien pero como gestora ha dejado mucho que desear. Además se ha rodeado de personas, en sus primeros niveles, de muy bajo perfil. Hay que reconocerle que en su segundo mandato se han ordenado y clarificado algo  las cuentas del Ayuntamiento, aunque aún se arrastra una importante deuda, pero eso se ha debido a imperativos que llegaron de Europa como consecuencia de los excesos cometidos en casi todas las administraciones, acompañadas de fuertes subidas de impuestos a los ciudadanos y a una financiación avalada por el Estado para pagar las facturas de los proveedores que dormían en los cajones, algunas con telarañas. Con la Sra. Valdeón nunca ha estado tan endeudado este ayuntamiento, en parte por la herencia que le dejó el anterior alcalde, en parte oculta. Hay que reconocerle, sin embargo,  que le ha tocado vivir una etapa dura como consecuencia de la crisis económica, que no permitía muchas alegrías. Sin embargo hay tres actuaciones en sus mandatos que me duelen especialmente y que demuestran su escasa voluntad para acometer problemas de fondo. Nada más aterrizar en el Ayuntamiento se encontró con la patata caliente de la operación del nuevo edificio municipal, llena de irregularidades, y se limitó a proteger a Antonio Vázquez, ya que era de los suyos. No quiso llegar al fondo y por ello estamos todos los zamoranos pagando bastante dinero en pleitos y sentencias. Por otra parte, sacó adelante un PGOU fuera de contexto ante la nueva situación del país, que no quiso ver, configurando una ciudad irreal pensada especialmente para los promotores inmobiliarios. Y en cuanto a lo que se ha hecho con el legado de Baltasar Lobo me parece vergonzoso.

        Valorar al Sr. Fernández Maíllo en la provincia me resulta difícil ya que es más conocido por sus incursiones en el terreno de la ciudad. Me viene a la memoria aquel proyecto de campo del golf con hotel incluido en la Aldehuela; también el corcuso convocado y pagado para construir un centro para artistas locales. Ahora está abierta la posibilidad de ceder el antiguo edificio de la Diputación para sede de la Fundación Ortega-Marañón. Pero la operación más conocida es la restauración y ampliación del Teatro Ramos Carrión, proyecto ya antiguo, donde se han gastado  un montón de millones, más de 15, y aún no está terminada. Tampoco podemos olvidar los problemas que ha tenido con Patrimonio y con los vecinos colindantes que ha obligado a incrementar el presupuesto y retrasar la apertura.  A mí personalmente me parece una operación exagerada, con una volumetría posterior espantosa que rompe el perfil de la ciudad,  para una capital que se mueve por los 65.000 habitantes y que ya cuenta con un teatro, aunque siempre se puede llenar el recinto con cosas menores o que ya se hacían en otros sitios, que es lo que hasta ahora está sucediendo, pero ojalá me equivoque. Ya veremos cómo se pagan los mantenimientos y gastos corrientes en el futuro. Parece como si el Sr. Fernández Maillo fuera un alcalde frustrado.

        En contrapartida a todo esto, todo el mundo ve claramente las necesidades y carencias de la provincia que posiblemente se han visto resentidas por tanto gasto en la ciudad. El presidente de la Diputación lleva 12 años sin que durante su mandato se haya llevado a cabo ningún proyecto sustancial que de verdad sirva para el desarrollo de los pueblos de la provincia. Y es ahí, donde haría falta trabajar con proyectos reales y con continuidad. El Sr. Maíllo tendría que observar más lo que hacen sus compañeros de partido en otras Diputaciones cercanas como Valladolid, Palencia o Burgos, etc., donde estas instituciones al menos realizan inversiones para mantener la vida en los pueblos, tanto en lo económico como cultural,  que no sea sólo hormigonar calles y echar asfalto en las carreteras.  Aprovechar mejor los fondos europeos, que los ha habido y los habrá aún, en actuaciones a medio y largo plazo, consensuadas con las empresas, por ejemplo, para evitar que la provincia siga despoblándose.

        En mi opinión, ambas instituciones han seguido enmarañadas en las viejas formulas, hábitos y maneras que han rodeado al poder político en las instituciones y que tanto critican hoy los ciudadanos: atajos en la contratación, falta de transparencia, influencias de terceros, clientelismo, enchufismo, proyectos cuestionables, etc., pero no podemos olvidar que estamos en la meseta y que el territorio ya está muy pisado.

        Salud y suerte


Antonio Gallego

 
 
 
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