Buenos días y buena suerte (25.02.15) - GRECIA
 

        Creo que todos hemos vivido con intensidad y con un toque de dramatismo las negociaciones que se están llevando a cabo entre la Unión Europea (EU) y el país heleno que acaba de estrenar un gobierno de izquierdas gracias a un apoyo importante de sus ciudadanos. Visto el problema desde la parte más fuerte, parece que sólo es una cuestión de dinero y de deudas contraídas. Desde la parte más débil, es un problema de personas y sus necesidades más perentorias.

        En esta pugna, hemos oído de todo y posiblemente muchos ciudadanos de Europa, que no sean griegos, nos podemos sentir algo perdidos. Hay una tendencia natural a ponerse del lado de los más débiles, que son los que arrastran los sufrimientos, pero no podemos ignorar  en qué mundo estamos y en  qué modelo económico nos encontramos que no es otro que un neocapitalismo liberal despiadado. Pero como decía antes, hay opiniones para todos los gustos.

        Personalmente me he acercado a los que piensan sobre el tema tres prestigiosos economistas, todos norteamericanos, y que además han sido galardonados con el Premio Nobel de Economía: Paul Krugman, Joseph E. Stiglitz y Eric Maskin. El Dr. Krugman trata en principio de desmontar el mito de que los préstamos que Atenas ha recibido desde que estalló la crisis han servido para financiar el gasto griego. Usando sus propias palabras: “La realidad es que la inmensa mayoría del dinero prestado a Grecia se ha utilizado simplemente para pagar los intereses y el principal de la deuda. De hecho, a lo largo de los dos últimos años, una cantidad superior al total enviado a Grecia se ha reciclado de esta manera: el Gobierno griego obtiene más ingresos que lo que gasta en cosas que no son intereses, y entrega los fondos adicionales a sus acreedores. Simplificando, se podría pensar que la política europea supone un rescate económico no para Grecia, sino para los bancos de los países acreedores, y que el Gobierno griego simplemente actúa como intermediario (mientras que a los ciudadanos griegos, que han visto caer en picado su nivel de vida, se les exige que hagan aún más sacrificios para que ellos también puedan aportar fondos a ese rescate)”.

        Recientemente el Dr. Stiglitz escribió: “Cuando la crisis del euro comenzó hace media década, los economistas keynesianos predijeron que la austeridad que se imponía a Grecia y a los demás países en crisis sería un fracaso. Predijeron que la austeridad ahogaría el crecimiento y aumentaría el desempleo y que incluso fracasaría en su propósito de reducir la relación deuda…. Nosotros casi ya no necesitábamos de pruebas adicionales. La austeridad había fallado de manera repetitiva: desde cuando se la usó hace ya bastante tiempo atrás durante la administración del presidente estadounidense Herbert Hoover —en dicha ocasión, la austeridad convirtió un desplome del mercado bursátil en la Gran Depresión— hasta cuando se la impuso en la forma de “programas” del FMI implementados en Asia Oriental y en América Latina durante las últimas décadas. Y, a pesar de todo, cuando Grecia se metió en problemas, de nuevo se intentó usarla”.

        Por su parte el Dr. Maskin recientemente afirmó “que Grecia no puede devolver la deuda; la renegociación es esencial, también por el bien de los países acreedores. Les irá mejor si se permite crecer a la economía griega, cosa que no hace el programa de rescate actual”. Los anteriores economistas citados también piensan que Grecia no podrá pagar el volumen de deuda acumulado si no se llega a algún tipo de acuerdo.

        Con estas opiniones no está claro que el sistema impuesto a Grecia sea el mejor para  salir de una crisis, por lo que alguna responsabilidad tendrán los que lo impusieron. No basta con decir que los griegos lo aceptaron libremente ya que no tenían  otra solución. Pienso que el gran problema de Grecia es su debilidad tanto en lo económico como en lo demográfico y por ello se la trata tan duramente. Como dice el Dr. Stiglitz, “al igual que ocurre con las empresas cuando entran en quiebra, donde el canje de deuda por acciones es una solución justa y eficiente, así un enfoque análogo para Grecia sería convertir sus bonos actuales en bonos vinculados con el PIB. Si a Grecia le va bien, sus acreedores recibirán más del dinero que invirtieron; si no le va bien, recibirán menos. Ambas partes tendrían un incentivo poderoso para aplicar políticas que favorezcan el crecimiento”.

        También habría que recordar a Alemania que después de la Segunda Guerra Mundial se le ofrecieron ayudas significativas no sólo cancelando parte de su deuda sino también para restablecer su economía.

        En estas circunstancias no se puede dejar a Grecia en la estacada y habrá que llegar a un acuerdo equilibrado y humanitario.

        Salud y suerte

Antonio Gallego

 
 
 
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