Cómo sacar mayores beneficios de la ciudad

Zamora elevó las edificaciones al producirse la fiebre del ladrillo y activarse los créditos

 
 

         Una de las consecuencias de la sacrosanta ley del máximo beneficio que ha regido el Urbanismo de nuestra ciudad en los últimos cincuenta años es la elevación de las edificabilidades sobre el nivel aceptado que tenía la ciudad. Esta es una cualidad que pasa más desapercibida en las zonas centrales consolidadas de la ciudad, que así se llaman, consolidadas, porque ni sobraba ni faltaba nada. Pero al producirse la fiebre del ladrillo y que los créditos se concedían al por mayor, la ciudad eleva las edificabilidades. ¿Quien hacía el negocio? Los propietarios de suelo, pero fundamentalmente los especuladores que hicieron ganancia con ese regalo que acaba de hacerles la ciudad. Pero hay otras bazas a jugar para redondear el beneficio. 

Con el suelo libre también se hace negocio. 

Al aumentar la superficie ocupada por la nueva edificación, contando con los espacios libres no construidos de cada parcela se carga sobre ellos la edificabilidad. Esta práctica hace aumentar la densidad edificada en la remodelación de parcelas de estas zonas consolidadas. Es una práctica que ya tiene historia, pues tuvo que llegar un rey francés, el intruso José I, para reservar estos espacios libres originarios de la expropiación de conventos en Madrid y posibilitar la creación de los espacios libres que forman algunas de plazas existentes en la ciudad. 

Aquí no nos cayó esa suerte y cada convento que se amortiza, ya se sabe que hayCómo sacar mayores beneficios de la ciudad. A. Viloria. huerto para trasformarlo en edificación. Las operaciones del convento de las Claras, del colegio del Corazón de María, del Cuartel Viejo, han sido las causantes del aumento de la edificación sobre la original en la zona. Y es un derecho que aquí consideramos normal, pero que altera el equilibrio previo que tenía la ciudad, y no le deja margen para atender a necesidades de espacio o de equipamientos sobrevenidas por la nueva edificación. 

También, sin empacho alguno, se alteran las alturas de la edificación para aumentarlas por encima de las vigentes. Un ejemplo puede verse en la calle Santa Clara con el edificio que tiene enfrente de la plaza de Castilla y León. Creo yo que habrá sido para compensar por el espacio de la actual plaza. El del patio del viejo Gobierno Civil, eso no entra en las cuentas. 

Esta diferencia en las alturas de una calle que era tan regular deja en mal lugar a la ciudad y a la calidad de su urbanismo. 

En la época en que unos cuantos formábamos "Aceña", una asociación cultural sensible a estos temas, fui a visitar al director de Patrimonio, el señor Chueca, profesor mío y con el que tenía confianza. Le digo: "pero ¿cómo se ha podido aprobar esta reforma?" Y me contesta: "no te puedes imaginar el empeño incesante que han tenido gobernador y alcalde para que autorizase la operación. Y al final he tenido que abdicar". 

En relación directa con esta remodelación se produce la demolición del viejo museo, instalado en una iglesia de corte neoclásico y que parece que nuestras autoridades no la consideraron con suficientes méritos como para salvarla. 

Los efectos en los barrios de traza modesta. 

Donde sí se hace notorio el aumento generalizado de la edificación, con más altura de cornisas, es en los barrios contiguos a los de la almendra central de la ciudad y que se extienden hasta llegar a las murallas situadas a poniente. Con unos trazados de calle pensados para bloques de dos o tres alturas ahora tienen cinco o seis, y es patente la sensación de opresión que se siente al pasar por esas calles. Pero ¡se venden tan bien estos pisos céntricos?! 

Gracias a esta renovación densificadora los edificios están generalmente en buen estado, a diferencia de otros que no han sentido el estímulo derivado de la especulación. Y como ejemplo ahí tenemos los barrios situados al naciente de la ciudad, los que miran al río, que evidencian el atraso en el estado de su edificación. 

Otro efecto en que se hace notar el resultado de esta masificación de las edificaciones es la imagen de la ciudad que ofrece desde fuera, a partir de su condición paisajística. Si exceptuamos la vertiente en ladera que corre frente al río, cualquier aproximación que se haga a la ciudad ofrece un espectáculo de bloques cerrando filas, como defendiéndose de un paisaje yermo, y que sume al paseante en la incertidumbre que se le plantea al tratar de traspasar esta barrera visual.

Antonio Viloria

Fuente: La Opinión de zamora


 
 
 
 
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