Acelerones de la historia

El entorno de la Catedral es un espacio fundamental de lo urbano, pero que no recibe particular atención

 
 

         Tantos son los cambios que han acaecido sobre nuestra ciudad, que tenemos la sospecha de que nuestras notas están en una carrera que no pueden ganar ante una realidad que cambia de forma acelerada.

         En particular nos estamos refiriendo al entorno de la Catedral, ese espacio fundamental de lo urbano pero que no recibe particular atención por parte de la ciudad, a pesar de que es lo que la define. Mientras esta evolucionaba y se extendía, por todas las direcciones a su alcance, parece que este centro sobrevivía como un legado inerte, pues no exige nada y "vende" bien la imagen histórica de la ciudad. Pero de repente surgen oportunidades que pueden contribuir a dar impulso a esta zona de la ciudad. Pues es necesario encontrar acomodo para un museo que recoja la obra de Baltasar Lobo, y ahí está el Castillo, que convenientemente restaurado puede servir para cumplir con el objetivo de aumentar el atractivo turístico. Posteriormente se decide construir en un solar colindante con este entorno el nuevo edificio del Consejo Consultivo. Ambos proyectos constituyen factores valiosos que abren nuevas posibilidades para la revitalización del entorno.

         Pero el desarrollo de los respectivos procesos no ha alcanzado los resultados previstos. El Castillo no reunía las condiciones para alojar la cuantiosa obra del artista,ANTONIO VILORIA y se tuvo que alquilar un antiguo anexo de la Catedral y así está haciendo las funciones del museo previsto. El saldo de la operación ha sido una restauración costosa de un bien arqueológico, y un paso más hacia una regularización del diseño del parque actual. Y el edificio del Consejo Consultivo, aun diseñado por un arquitecto prestigioso, no constituye nada positivo de anticipo glorioso al ingreso en el espacio del centro. Es un edificio que se oculta detrás de sus tapias y lo aleja del papel que la arquitectura debe cumplir en cuanto a descubrir los nuevos significados a la zona donde se erige. ¿Por qué este planteamiento tan contradictorio? ¿Será por exigencia de los consejeros, que quieren dar la imagen de un retiro de las cosas y bajas pasiones de la ciudad, como nuevos cenobitas del Derecho?

         En ambos casos se adolece de la falta de un Plan previo, que por lo menos hubiese dado algunas orientaciones para el aprovechamiento edificatorio y usos de los edificios.

         Con estas dos actuaciones se ha dado paso a otro ciclo en la historia del centro. Por una parte, aparece un Castillo remozado, pero limitado su interés a su valor arqueológico. ¿Y para esto se llama a un arquitecto como Moneo, que al final, parece que salió huyendo? Si repasamos la obra última de este arquitecto sus intervenciones en edificios antiguos siempre están ligadas a funciones públicas y de utilidad actual, aunque sean de titularidad privada. Cualidad que no posee el Castillo, pero que puede dársele. Cerca tenemos el Castillo de Guimaraes, que lo han "vestido" para recrear la morada de un rey medieval.

         En cuanto al edificio del Consejo, si es lo que los consejeros solicitaban, pues amén y con su pan se lo coman. Este edificio, por el contrario, despliega sus formas planas, con una alusión al material de las paredes de la Catedral. ¿Por qué esa manía de contagiar a la edificación civil, la de la vida corriente de los ciudadanos, datos que la uncen al yugo del monumento?

         A falta de un documento de planeamiento que fije la normativa para la evolución de la zona, es preocupante la interpretación que puede dársele a la tapia como elemento envolvente de la edificación residencial futura. Hay que pensar que el actual frente de tapias que cerraban las huertas y tapias a espaldas de los conventos situados en la Rúa de los Francos se van a convertir en el futuro en el frente más valioso de la ciudad, porque dominará la vista del conjunto catedralicio, y las estribaciones del parque. Si es que alguien no pone antes sus pecadoras manos y decide que siga así, o lo que es peor con unas paredes ciegas, como las que se ven en algún recorrido visible sobre la muralla, frente al río. En este caso el cambio esperado debería ser nada menos que el de transformar las traseras de la edificación en un frente acristalado, detrás del cual estaría toda una población ávida de contemplar lo más espléndido que tiene esta ciudad. Lo que siempre se miraba de forma racionada y exclusiva a través de la mirilla de una calle.

Antonio Viloria

Fuente: La Opinión de zamora


 
 
 
 
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