Buenos días y buena suerte (1.07.15) - "No usa fraude en la palabra, que jura al prójimo y no falta, que no da su dinero con usura."
 
        Esta semana me tuve que desplazar a Valencia, ciudad que desconocía, y reconozco que me ha gustado en general,  especialmente su casco histórico y toda la antigua cuenca del  Turia que se ha convertido en un inmenso pulmón vegetal lleno de posibilidades  para el disfrute personal y colectivo. De su parte antigua, quede impresionado por la belleza y sencillez de La Lonja de la Seda o Lonja de los Mercaderes, obra maestra del gótico civil valenciano. Según Wikipedia, fue construida entre 1482 y 1548, y su primer constructor fue Pere Compte entre los años 1483 y 1497 sobre el modelo de la Lonja de Palma de Mallorca, constituyéndose en un edificio emblemático de la riqueza del siglo de oro valenciano (siglo XV) y muestra de la revolución comercial durante la Baja Edad Media del desarrollo social y del prestigio conseguido por la burguesía valenciana. Visitando este maravilloso edificio civil, nos informaron que a lo largo de la parte más alta de las cuatro paredes de la Lonja, lindando con las bóvedas, existe una inscripción  en latín realizada en oro sobre un fondo oscuro que dice: “Casa famosa soy en quince años edificada. Probad y ved cuan bueno es el comercio que no usa fraude en la palabra, que jura al prójimo y no falta, que no da su dinero con usura. El mercader que vive de este modo rebosará de riquezas y gozará, por último, de la vida eterna”.

        Quedé muy sorprendido por la sencillez con que se describe las bases del buen comercio mercantil apoyado en: no usar el fraude, no faltar a la palabra dada y no usar el dinero con usura ¡Cuán lejos, pensé, de lo que ha pasado en esa tierra con las cajas de ahorros valencianas que han desaparecido de su comunidad por no respetar esas reglas básicas mercantiles! En breve espacio de tiempo han desparecido la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), el Banco de Valencia y Bancaja (integrada en Bankia), todas ellas impregnadas de fraude, manipulación interesada y enriquecimiento ilícito para sus gestores y amigos. Con este desastre,  la sociedad civil valenciana ha perdido el control sobre unas instituciones de crédito que con mucho esfuerzo y años de trabajo había ido construyendo. Algo similar ha  ocurrido en Castilla y León donde todas sus cajas han desparecido o han ido a manos de terceros fuera de nuestra Comunidad. Este desastre financiero  ya ha sido de sobra estudiado y se sabe que uno de los factores que ha contribuido a ello ha sido  la injerencia política en los Órganos de Gobierno de las cajas, acompañado de la  irresponsabilidad de sus gestores/administradores.

        A pesar de que la Justicia tiene varios casos abiertos, es cierto que, aún sin conocer el veredicto final, la mayoría de la fauna que se aprovechó de las cajas de ahorros sigue por la calle tan tranquila. Me refiero a consejeros, gerentes y administradores, representantes políticos y sindicales, catedráticos y profesionales variados. Parece que pensaban que su nombramiento era algo al que tenían derecho sin más y que asistían a los diversos consejos o comisiones como el que va al circo: sólo a mirar y aplaudir. Y además les pagaban una dieta al salir. No preguntaban ni querían saber ya que delegaban tranquilamente en el que les pagaba la dieta con la protección de su partido político.

        Aunque parece que se está produciendo una cierta regeneración política gracias al hartazgo de la sociedad, a los nuevos partidos políticos y a la actuación más valiente de la Justicia, lo cierto es que uno vuelve a sentir una gran repugnancia cuando, por circunstancias como ha sido este viaje a Valencia, observa el saqueo al que hemos sido sometidos por miles de personas que se pasean por la calle tan tranquilos. Y además cada uno sigue teniendo una justificación personal. Para ejemplo, el recién ascendido a Vicesecretario de Organización en el PP, el señor Fernando Fernández Maíllo.

        Salud y suerte.


Antonio Gallego

 
 
 
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