Atentados en París (25-11-2015)
 
        De nuevo el terrorismo yihadista ha golpeado una ciudad europea, Paris, y sigue manteniendo en vilo a parte de Europa en especial Francia y Bélgica. Lo mismo acaba de suceder en Mali y posiblemente en este momento esté golpeando en otro lugar del mundo. Los objetivos casi siempre son ciudadanos occidentales. Cuando esto ocurre, la mayoría de los europeos nos preguntamos ¿Cómo es posible que ciudadanos nacidos y educados en nuestro continente - aunque prácticamente todos tienen raíces familiares en países musulmanes -  han podido actuar así, empuñando un Kalashnikov ya sea en Siria, Irak o Paris e inmolándose en nombre de Alá?  Estos asesinos han pasado por escuelas públicas republicanas y democráticas, han convivido dentro de los valores occidentales, en algún momento habrán votado democráticamente o sucumbido a los vicios consumistas que nos rodean. Como tantos de  nuestros jóvenes.

La respuesta a este interrogante es compleja. Muchas veces se recurre al simplismo muy marcado por una ideología de base. Las izquierdas se refugian muchas veces en el “buenismo”, en el sentido de que les hemos obligado a ser así por las injusticias que los occidentales hemos perpetrado en sus países de origen, que muchos ni conocen. Las derechas los consideran desagradecidos, que no han hecho ningún esfuerzo de integración, que se aprovechan del Estado social occidental y que sólo vale la represión y vigilancia continua sobre sus comunidades de origen.

Entre estos extremos puede haber otras muchas razones. Se dice que son marginados por el sistema, que no tienen futuro y son presa fácil para la captación que además los convierte en protagonistas de la noche a la mañana y les da un objetivo en la vida, además de creerse que van a ser héroes en el paraíso de Alá. Habrá que recordar que muchos no son marginados y como mejor ejemplo tenemos a Bin Laden, de origen saudí acomodado. También está comprobado que el desalmado decapitador conocido con el apodo de “yihadista John” se crio en una familia acomodada británica. Su familia original  procedía  de Kuwait

Dentro de esta horquilla de posibilidades no podemos dejar a un lado la creencia religiosa musulmana que ellos mismos convocan sobre todo a la hora de morir después de haber causado la desgracia a sus víctimas. Mueren por Alá. Por otra parte, la mayoría de los líderes de estos movimientos yihadistas son clérigos musulmanes de la tendencia que sea  y se apoyan en los principios de  una religión medieval donde la brutalidad y la incultura son abrumadoras.

Otro factor no desdeñable es la cultura gregaria y familiar que existe en el mundo árabe, que en nada favorece la integración con otras culturas y otras comunidades. Hace unos días leí la noticia de que algunos niños españoles de origen marroquí, no sé si era en Ceuta o Melilla, habían dejado de asistir a clase de música en su escuela  porque se tocaba la flauta que debe tener alguna simbología en el Corán. Por otro lado, el papel de la mujer es inexistente socialmente salvo en el entorno del hogar, por no usar otros calificativos más duros. La sociedad árabe y musulmana está mutilada en un 50 % al excluir a la mujer, con la pérdida  que supone prescindir de matices y criterios tan diferentes e  importantes en la educación y en la sociedad.  Tampoco se puede obviar la cruda realidad de partida, mamada en sus orígenes por las generaciones de procedencia como es la falta de democracia en sus países de procedencia, donde no existía ni existe una  sociedad civil laica consolidada.

Temas complejos con muchos matices pero también con muchas verdades. Seguro que se me olvidan algunas. También debemos recordar que no hay prácticamente ningún país musulmán en democracia  en el mundo y no creo que todo  sea por culpa de Occidente.

De todo este crisol debe  surgir la respuesta.

Salud y suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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