Tristeza

 
 
        El pasado miércoles, cuando anochecía, me acerqué paseando por el parque León Felipe. Quería ver la escultura de Baltasar Lobo denominada "El hombre adámico" que representa un hombre desnudo que simboliza la libertad, que alza y une sus manos por encima de su cabeza enviando un saludo a la memoria del poeta. Es una obra en bronce de gran formato que le fue encargada al escultor por la extinta Caja de Ahorros de Zamora en 1983 como regalo a la ciudad, coincidiendo con el centenario del nacimiento del poeta León Felipe. Lobo donó la obra y la Caja pagó la fundición cediéndola a continuación al Ayuntamiento de Zamora.

Muy cerca de allí se encuentra también el edifico del antiguo Banco de España que el Ayuntamiento está adecuando para instalar la policía municipal y su archivo. Quería ver el estado del jardín que lo circunda, las celosías del escultor Coomonte, que rodean casi todo el edificio y la visión exterior que ofrecía.

Todo lo que vi esa tarde me llenó de tristeza y de rabia. La escultura está totalmente"El hombre adámico" perdida en el parque, sin ningún tipo de iluminación. Recuerdo que a Baltasar Lobo nunca le gustó esta ubicación. Lo expresó en varios escritos. En una de sus cartas manuscritas, la del 18 de enero de 1984, decía textualmente: “si la escultura se encontrara rodeada de edificios con sus ventanas y todo, sería un saludo al vecindario. O en la explanada cerca del Castillo, a unos 15 metros del pretil de la muralla y frente al mediodía, al horizonte que se abre al mundo”.

No era fácil en aquel momento cambiar la ubicación de la escultura ya que se inauguraba el parque León Felipe y tanto Caja Zamora como el Ayuntamiento querían colocarla en ese lugar. Entonces aquel parque no tenía apenas vegetación y la escultura, en el alto, resaltaba. Hoy todo es distinto y pasa totalmente desapercibida. Muy pocos zamoranos y casi nadie de los que nos visitan saben de esta hermosa escultura. Podría ser el momento de que la Fundación Baltasar Lobo reflexionase sobre el deseo de Baltasar reflejado en la carta anterior y buscase un lugar acorde con su voluntad.

Lo del edificio del Banco de España es algo que a los zamoranos nos debería avergonzar. Qué en tal lugar se ubique la policía municipal y el archivo del Ayuntamiento es un despropósito mayúsculo sin menospreciar a ambos servicios públicos que necesitan edificios más funcionales y muy distinto al elegido. La categoría arquitectónica del edifico, la importancia de la obra del escultor Coomonte y sus jardines protegidos hubiesen sido el lugar ideal para el Museo Baltasar Lobo. Ya sé que en esto de las opiniones cada español tiene la suya y habrá gente que el lugar no le guste, pero lo que está demostrado hasta la saciedad es que si ofreces calidad y tienes un proyecto bien gestionado consigues el objetivo, no el primer y segundo año, pero finalmente lo logras. Otro factor positivo es que la zona está rodeada de centros de Primaria y Secundaria, que tanto le gustaría a Lobo: estar rodeado de juventud, libertad y futuro. Esa circunstancia favorecería las visitas de grupos escolares al museo. Pero esto ya es historia y no hay que recrearse en lo imposible.

Conviene recordar que esta aberrante decisión la tomó Rosa Valdeón así como la de trasladar al antiguo Ayuntamiento la obra que se expone en La Casa de los Gigantes, al lado de la catedral, y la nueva Corporación que ocupó el Ayuntamiento en 2015 ha asumido esa decisión. Esta Corporación no ha tenido la valentía de dar un puñetazo en la mesa y decir ¡Basta ya y tratemos a Lobo con dignidad y respeto! De nuevo Baltasar Lobo está de mudanza. Seguiremos llamando museo a lo que no lo es y todos tan tranquilos.

Resulta conmovedor leer las notas y cartas manuscritas de Baltasar Lobo donde manifestaba su deseo y orgullo de ceder una parte muy importante de su obra a Zamora, a su ciudad y provincia. Dejó muy claro que en el consorcio que se estaba creando integrado por la Junta de Castilla y León, Ayuntamiento y Diputación, que ya contaba con un borrador, estuviesen todas las entidades públicas. También repetidas veces manifestó que en dicho museo no quería estar solo; quería la compañía de artistas locales de calidad. Todo fue un sueño que lo frustramos en Zamora. De alguna manera, desgraciadamente, Baltasar Lobo ha sido y es un escultor maldito en esta tierra que tanto amaba. Él que donó dos veces parte de su obra a Zamora. La primera en persona, aún en vida y fracasó. Hasta se compró el solar en donde ahora se levanta el Museo Etnográfico de Castilla y León para construir el suyo. La segunda, ya muerto, fueron sus hermanas las que llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento para donar parte de su obra a cambio de saldar las deudas con el estado francés. El resto de la historia ya la conocemos los zamoranos, para nuestro sonrojo y vergüenza. E incluso algunos se han colgado medallas.

El paseo, ya nocturno, acabó con una tristeza profunda. Lo siento Baltasar, así es nuestra tierra.

Antonio Gallego
Foro Ciudadano de Zamora
10 de febrero de 2017


 
 
 
 
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