Las espadas siguen en alto

 
 

        Así están las cosas en el ya largo contencioso catalán. Cada vez queda menos tiempo para que se produzca la confrontación que está preparándose en lo que queda de año por parte de los independentistas. El diseño planteado por el nuevo gobierno socialista de tratar de enfriar la situación y abrir líneas de dialogo se está agotando. No ha sido un error seguir esta estrategia ya que el no permanente del gobierno del Sr. Rajoy reafirmaba más los argumentos independentistas puesto que les daba otro argumento más, muy valorado internacionalmente, de que el gobierno español se negaba tan siquiera a hablar, valorado negativamente por Europa. Ya solo ahora queda al desnudo la intransigencia del bando independentista.

Posiblemente Pedro Sánchez y su equipo sabían que esto iba a suceder ya que el recorrido independentista no tiene marcha atrás salvo que las urnas indiquen algún día que su apoyo empieza claramente a bajar cosa que aún no sucede y piensan que el tiempo juega a su favor. La presión que están ejerciendo tanto los partidos independentistas, el Govern de Catalunya y la sociedad civil catalana movilizada por Òmniun Cultural y la Asamblea Nacional Catalana va en esa dirección. Digo que posiblemente el partido socialista lo sabía, pero también era consciente que este gesto abierto al diálogo y la distensión era necesario política e internacionalmente.

Por otra parte, los partidos independentistas y el gobierno catalán ya sienten que una parte de Cataluña se ha ido de España. Hay zonas y pueblos de esta región española que ya se sienten solo catalanes y tienen su país dibujado en su cabeza. Allí sólo se habla en catalán, las banderas que ondean son solo las independentistas, los lazos amarillos ocupan todo el espacio público y en algunos pueblos hasta proclaman por el altavoz del ayuntamiento consignas catalanistas a una hora determinada.

Aunque muchos españoles estén indignados por esta situación no queda muchoLas espadas siguen en alto recorrido para solucionar realmente el problema de una manera política y consensuada. Ya han pasado los tiempos políticos para hacerlo. Por una parte, ningún gobierno español va a permitir la separación de esta parte de España salvo que legalmente se cambie la Constitución Española. Tampoco se va a permitir un referéndum donde solo participen los catalanes. Al gobierno español solo le queda, si las cosas empeoran, volver a aplicar el artículo 155 pero manteniéndolo mucho más tiempo esperando que con el paso del tiempo y una mayor proactividad con Catalunya en lo político y económico vaya cambiando la tendencia del voto.

El Govern tiene varias líneas abiertas: Una, el convocar nuevas elecciones para ver si el   porcentaje de votos independentistas ha aumentado, rebasando la barrera simbólica del 50 % de votantes en la región.  De no ser así y siguen porcentajes similares a los actuales, seguir con lo mismo, pero algo debilitados. Si es superior, potenciaran la presión nacional e internacional. Dos, buscar frentes duros de confrontación con el Estado Español como son la desobediencia civil y fiscal. Aunque suene fuerte, tal es el nivel de fanatismo social catalanista alcanzado que podría tener una importante respuesta al menos en personas; en las empresas puede ser muy diferente.  Esta posible desobediencia civil sería desastrosa para todos, incluido los catalanes.

Existes otros escenarios no planificados e incontrolables como serían la aparición de la violencia entre grupos o sociedad civil, algo que entra dentro de lo posible. En este caso, los escenarios serían más descontrolados y con salidas muy distintas a las aquí enunciadas.

A mi juicio, existe una solución política aun no manifestada por ningún partido político, posiblemente porque les dan miedo las consecuencias electorales. También exige un fuerte consenso político que, en España, casi nunca ha existido y sería seguir la línea canadiense aplicada con Quebec que consistió en presentar un proyecto de ley que establecía que, en caso de celebrarse una consulta en Quebec, no valdrá una pregunta confusa, una que no plantee claramente a los electores si están a favor o en contra de la independencia, con todas sus consecuencias políticas, sociales y económicas. Para romper la unidad federal canadiense, tampoco será suficiente una corta mayoría simple. Será el Parlamento el que decida si la pregunta es suficientemente clara y la mayoría lo bastante representativa. El texto gubernamental seguía los pasos de la sentencia de 1998 del Tribunal Supremo canadiense, que estableció que para que se materialice la secesión de Quebec o cualquier otra provincia los electores deben haber respondido favorablemente y por una mayoría clara a una pregunta clara. ¿Han vuelto a oír algo sobre el problema de Quebec?

Este es el único camino que nos queda, que tampoco creo que les guste a los independentistas catalanes ya que el porcentaje de mayoría necesaria lo pone el parlamento español y no el catalán; ellos desean el 50 % más uno. Pero para ello necesitamos políticos y partidos de mucho nivel y esto no existe ahora, ni casi nunca, en este país.

Así están las cosas en esta parte de España.  Se han cometido grandes errores políticos tanto por el PSOE como especialmente por el PP. La gestión del Sr. Rajoy ha sido nefasta durante su mandato. 

En resumen, nos encontramos ante una encrucijada nacional enorme, que siempre ha estado velada o controlada, pero que ahora amenaza con desbordarse y eso afectará al modelo territorial y no solo en Catalunya.

 

Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 3 de septiembre de 2018


 
 
 
 
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