Para cuando todo esto pase

 
 

        Recuerdo que cuando era pequeño, entre los ocho y diez años, haber pasado más una vez una semana entera en la cama por algún tipo de enfermedad nada grave pero que los médicos de entonces, con la colaboración inestimable de las madres, siempre lo solucionaban metiéndote en la cama. No recuerdo de modo desagradable aquellas estancias, especialmente si era invierno y además tenías que ir al colegio. Los inviernos de aquellos tiempos no eran los de ahora. Tampoco las casas mantenían el confort actual, pero en la cama se estaba caliente con el apoyo de la bolsa de agua caliente y el amor de tu madre que, aunque muchas veces era una pesada, siempre estaba allí. El paso intermedio antes de salir a la calle era permanecer dos días más al calor del brasero ya fuese de cisco o eléctrico.

¿Qué hacia uno tanto tiempo en la cama o en casa? En mi caso, y supongo que, para la mayoría, se solucionaba con la lectura ya fuesen los conocidos tebeos de la época o bien libros de aventuras de Julio Verne, Daniel Defoe, Richmal Crompton Lamburn, Emilio Salgari, etc. También se pasaba el tiempo mirando la calle por los cristales vaporosos recordando los tiempos que llegarían en la primavera y el verano, con los amigos, las excursiones en bicicletas, descubriendo nuevos lugares o simplemente disfrutando de lo sencillo que era prácticamente todo lo que nos rodeaba. Esa era nuestra feliz cuarentena ante la simple enfermedad.

Ahora que la gente joven especialmente solo había oído hablar de los virus informáticos o de las llamadas noticias virales, la actual pandemia del coronavirus nos ha cogido a casi todos descolocados; lo que empezó en China, que estaba lejísimo, en casi un suspiro se ha presentado en nuestros hogares y todos somos potencialmente vulnerables especialmente nuestros mayores, aquellos que fueron un soporte importante en la crisis económica de 2008, ayudando económicamente a sus familias además de acoger en muchos casos a sus hijos y nietos en sus hogares, alargando pensiones escasas.

Esta es la cruda realidad que debemos asumir, adaptándonos en lo social y en lo personal pero que también nos debería llevar a una reflexión sobre el mundo que hemos construido y el estilo de vida que llevamos, que cada vez está poniendo más en riesgo a nuestro planeta Tierra y que se demuestra en el cambio climático que aún muchos insensatos se niegan a reconocer.

En otros tiempos, todas estas catástrofes se simplificarían diciendo que Dios nos estaba castigando por nuestros pecados, pero hoy en día nosotros somos los únicos culpables. Está en nuestras manos solucionar los problemas que hemos causado por esta explotación brutal que hacemos de nuestro planeta, por un sistema de vida exagerado y falso que en parte fagocita valores fundamentales y se queda con lo superfluo y pasajero.

Nadie duda de que esto pasará ya sea con las medidas que se están tomando por los Estados como por la fuerza de la Ciencia que acabará encontrando remedios. También gracias a la solidaridad y sacrificio de muchas personas que están en el frente de la batalla: personal sanitario, servicios asistenciales, organizaciones de voluntarios, fuerzas del Estado y muchos más.

Pero como dije anteriormente, se necesitará también reflexionar a nivel individual, colectivo, social, nacional y mundial. Si no lo hacemos, habremos perdido una oportunidad y esta lucha puede quedar en vano.

Antonio Gallego
Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 21 de marzo de 2020


 
 
 
 
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