Reflexiones desde el confinamiento

 
 

        En estos días de confinamiento obligado aprovecho para ir llamando a familiares próximos y amigos de mucho tiempo, no casuales, para ver cómo se encuentran y organizan su vida. Como todos estamos en un rango de edad alto, la mayoría no tienen hijos pequeños que cuidar y entretener. Por suerte, todos se encuentran bien y parece que no se adaptan mal a esta nueva y cruda realidad que nos la hemos encontrado de golpe en nuestra vida por primera vez, para la cual no estábamos preparados.

Me ha sorprendido que algunos, que no llegan a la mayoría, después de los saludos y frases consabidas han entrado de lleno en una crítica feroz sobre lo mal que se están haciendo las cosas por parte del actual gobierno. Son criticas largas y absolutas que hacen difícil meter baza en la exposición cuando uno trata de argumentar que es una epidemia nueva, que ha cogido a casi todo el mundo desprevenido, que nadie estaba preparado, que casi todos los países comenten los mismos errores, que existe una lucha feroz por hacerle con los mismos productos sanitarios y cosas ya sabidas y repetidas. De nada sirve y uno tiene que cerrar la llamada con timidez y sentido de culpabilidad: “oye amigo, que yo solo llamaba para ver como estabais en casa. De lo otro, ya tendremos tiempo de hablarlo cuando esto acabe. Saludos”.

Me quedo un poco anonadado por estas respuestas de personas que estimo y que seguiré haciéndolo sin ninguna duda. ¿Es tan clara la situación y yo soy incapaz de verla? ¿Tan mal lo están haciendo nuestros gobernantes actuales? ¿Nos estarán mintiendo y yo no lo veo? ¿Por qué no se compra lo que se necesita si está ahí todo en el mercado mundial? ¿Cómo se dejan engañar tan fácilmente? ¿Será que no tenemos dinero?

Desde el inicio de esta crisis se empezaron tomando las medidas sanitarias pertinentes, como era lógico, que han afectado a toda la estructura sanitaria y a sus profesionales;Reflexiones desde el confinamiento después las de confinamiento de la población (el 14 de marzo) y por último las económicas. Las primeras son más fáciles de entender y visualizar; las económicas son más complicadas y se necesitará más tiempo para ejecutarlas ya que una gran parte de los funcionarios están confinados. Creo que es pronto para juzgar si serán eficaces admitiendo que en lo económico y laboral no será nada igual a lo anterior. Asimismo, en el tema económico, no todos los países pueden poner el mismo dinero por eso el llamamiento a una solidaridad europea representada por la Unión Europea, nuestro actual marco jurídico y económico.

También entiendo que no se siente la misma angustia si tienes el salario o pensión más o menos seguro, aunque todo es muy relativo, que el que tiene una empresa o es un autónomo. También la edad modifica la incertidumbre o el miedo. Cada uno es un mundo, ya sea persona o empresario. Pero nadie puede dudar que esta pandemia nos golpea primero como personas.

Los psicólogos y sociólogos nos aconsejan que, durante lo que dure la epidemia, no obsesionarse compulsivamente con estas noticias, siguiéndolas al minuto. Es necesario mantener una distancia. Es cierto, pero a veces no resulta sencillo. Con la facilidad que nos da Internet, te puedes meter en un hoyo sin fondo y puedes salir peor que entraste. Reconozco que lo trato de evitar e intento dosificar esta información acudiendo a alguno de los periódicos españoles más conocidos, así como varios extranjeros no solo de Europa sino también de EE. UU. Con sus diferencias y grados, casi todos los países hacen lo mismo: cierran sus fronteras, declaran el estado de alarma y no ponen sus recursos a disposición de los demás. Por otra parte, no es lo mismo ser el primer país afectado que el último. La cultura de cada país, sus costumbres sociales también han contribuido de alguna manera a la rapidez del contagio en algunos países como el nuestro. También el tamaño y su régimen político marca sus diferencias, así como el continente de pertenencia.

Conviene recordar que España se confinó con 120 muertos y 4.231 personas infectadas e Italia lo hizo con 463 fallecidos y 9.172 casos. Es decir, la decisión de confinar a toda la ciudadanía en Italia se adoptó el 9 de marzo, antes que España, pero en un estadio más avanzado de la pandemia en aquel país. Francia declaró el confinamiento cuando ya se habían producido 6.633 contagios y 148 fallecimientos. Pero es cierto que fallaron otras cosas. A corto plazo se ha demostrado que en España faltaban material médico, pruebas para la detección, material de protección del personal sanitario e infraestructuras para poder garantizar una respuesta efectiva a tal crisis sanitaria. Una responsabilidad, por otra parte, compartida entre el Gobierno central y los gobiernos autonómicos. Pero es evidente que no es fácil suministrarse de material esencial sanitario cuando hay una enorme competencia mundial para comprarlo. La propia Unión Europea no lo ha podido hacer como se había comprometido.

Esto que escribo son reflexiones básicas dentro de la confusión general e internacional en la que nos encontramos. Claro que se han cometido errores, claro que se rectifican medidas recién tomadas, claro que el Gobierno debe dialogar más con los partidos políticos y con las organizaciones sindicales y empresariales, pero no debemos olvidar lo complicada que es la situación a la que nos enfrentamos con esta pandemia. Se equivoca el que quiera introducir en este debate la posición partidista e ideología. También debemos de huir de esta tendencia catastrofista del español, así como de la costumbre de echar toda la culpa al Estado.

Usemos el confinamiento para reflexionar y salir mejor como ciudadanos no como enemigos.

Antonio Gallego
Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 1 de abril de 2020


 
 
 
 
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