La única solución contra el Covid-19 es colectiva, comunitaria y solidaria

 
 

        Ya en abril de este año la Organización Mundial de la Salud (OMS) sentenciaba sobre el Covid-19: “Nuestro éxito en la lucha contra el nuevo coronavirus depende de que las personas estén informadas, dispuestas y capacitadas para adoptar las medidas de salud pública adecuadas”. Está claro que en España esto no ha ocurrido ya que una vez levantado el Estado de Alarma en 21 de julio el desmadre se ha generalizado por todo el país ocupando un lugar importante parte de la juventud que no estaba dispuesta a prescindir de sus espacios de ocio y diversión, mostrando incluso a veces un desafío al resto de la sociedad. Otra parte significativa de ella, en casi todas las edades y clases sociales, tampoco estaba dispuesta a renunciar a sus encuentros familiares ni a sus celebraciones habituales ni a sus repeticiones sociales de todo tipo. De las tres condiciones que citaba la OMS solo se ha dado la de la “información”, que ha sido larga, abundante y repetitiva, pero las otras dos, “la disposición y la capacidad” social, que depende de las personas, no se han cumplido en buena parte de la nación.

Creo personalmente que la organización del Estado en Autonomías tampoco ha favorecido demasiado. Durante el Estado de Alarma muchas autonomías, por razones políticas partidistas, criticaban continuamente al Gobierno. Ahora que son las Autonomías las responsables directas de la aplicación de medidas y decisiones en sus territorios, empiezan a mirar al Gobierno para que resuelva sus incompetencias. Todos han perdido demasiado tiempo.

Los datos actuales sobre la epidemia en España son desalentadores y preocupantes loLa única solución contra el Covid-19 es colectiva, comunitaria y solidaria que no impide, salvo que se impongan drásticas medidas de control y no tenemos un policía para cada español, que ciertos comportamientos sociales quieran cambiarse. Incluso hemos asistido esta semana a una manifestación en Madrid titulada “Antimascarillas” que eleva a esperpento todo lo ya comentado.

Por todo ello, muchos españoles que ya se sienten cansados y preocupados, pasen al estado de fatiga individual y social. El cansancio se puede recuperar con descanso, pero la fatiga es más difícil de recuperar y se tiende a cronificar incluso intelectual y socialmente.

Todo esto demuestra que, al menos en las sociedades occidentales democráticas, no estamos preparados para una pandemia así ni tampoco para una resistencia tan larga y continuada. Por otro parte, a pesar de las múltiples muestras merecidas de agradecimiento que han recibido diversos colectivos públicos por su comportamiento y entrega en los momentos más críticos de la enfermedad, se demuestra que no bastan para vencer al Covid-19 y que tanto apoyo social a esos colectivos pueda resultar anecdótico e hipócrita si no va acompañado de un comportamiento responsable por parte de las personas. La única salida válida es colectiva, comunitaria y solidaria.

Si a todo ello, sumamos los comportamientos políticos nacionales, no es de extrañar que la fatiga social acabe volviéndose insoportable. Podemos acabar siendo una sociedad enferma.

Antonio Gallego
Zamora, 18 de agosto de 2020


 
 
 
 
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