La reconciliación
 
 

 

Veo en un periódico nacional, en portada, la foto de un ex terrorista del IRA junto a la hija de su victima en San Sebastián. Y me surge la pregunta, ¿Es posible la reconciliación y el perdón? En España tendremos en algún momento que plantearnos esta cuestión y encontrar una respuesta si queremos abordar el problema del terrorismo y, sobre todo, si queremos buscar una solución al problema de Euskadi. Es evidente que este proceso es muy distinto asumirlo desde la perspectiva del que ha sufrido en sus carnes las consecuencias directas del terrorismo y la violencia de aquellos que lo seguimos a través de los medios de comunicación, pero nadie duda de que es un problema que nos afecta a todos, aunque las intensidades no sean iguales.
“No hay futuro sin perdón y reconciliación”, dice Nelson Mandela, que sufrió los horrores de la violencia. Con esta frase se indica que no basta intentar resolver los conflictos, ya sea por la vía militar o por la de la negociación, por la vía policial o con acuerdos oficiales. La paz llegará realmente cuando alcance los corazones de las personas y penetre en las bases sociológicas del país.
Es evidente que en España hay sectores importantes que no ven el problema en estos términos, que no están en la línea del perdón y de la reconciliación: a nivel individual, a nivel de ciertas asociaciones y a nivel de algunos partidos políticos. Y se encuentra en las dos partes del conflicto, no sólo en una de ellas.
Ahora bien, creo que nadie duda que el único instrumento para intentar encontrar una solución al conflicto que existe en España es el político, desde la estructura del Estado. Las vías policiales, solas, no han resuelto un conflicto de esta envergadura jamás; habrá momentos mejores y peores, pero el conflicto seguirá anidando en el corazón de mucha gente. Para encontrar la paz existen en estos momentos experiencias útiles e instituciones internacionales que conocen cuales deben ser los pasos y condiciones necesarias en estos procesos tan complicados, a pesar de que cada uno tiene peculiaridades que le hacen diferente a otros acontecidos en cualquier lugar del mundo. El propio Mandela inició el camino en la Republica Sudafricana, mucho más complicado que el que vivimos en España, y es conocido por todos los resultados que se consiguieron.
Dentro de estas condiciones, una de ellas, según Jonathan Stevenson, investigador del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres sería el mantener un lenguaje ambiguo durante el proceso para perpetuar la paz. El tema de la ambigüedad en el lenguaje negociador recibe por parte de Stevenson atención especial, aunque tiene sus riesgos. Enfrentados a problemas casi imposibles de solucionar, la llamada "ambigüedad constructiva", o "el arte de la indefinición”, puede ser una vía conveniente para empujar el proceso. Tal fue el caso del problema del desarme en Irlanda del Norte. Cada parte entendió a su manera el significado de los acuerdos alrededor del desarme y su forma de verificarlo. Esta ambigüedad quizá sirvió para extender el proceso de paz desde agosto de 1994 hasta el presente. Por otra parte, el hecho de declarar un “alto el fuego”, advierte Stevenson, mejora la calidad del debate político suficientemente para hacer de la violencia la opción menos atractiva. Los acuerdos de Stormont, en el caso norirlandés, no fueron la solución definitiva, lo fue la definición de un marco negociador concebido desde la perspectiva de que dure en el tiempo y, a su vez, haber modificando las coordenadas del problema. Al tiempo hay que darle también su tiempo.
Seguro que el uso de la palabra “ambigüedad” y “no solución definitiva” ha hecho torcer el gesto a muchos de los lectores. Desde el principio del proceso de paz en Euskadi, muchos, en los dos bandos, sólo han pedido certezas y seguridades desde ya: rendición incondicional, entregas de armas desde el primer día, derogación tácita de leyes, pedir perdón públicamente a las victimas, benevolencia en procesos judiciales a los terroristas y cosas similares ¡Y acabamos de empezar! Todo el mundo dice que es necesario tiempo y discreción en un proceso de estas características pero al día siguiente ya están reclamando certezas y se están haciendo declaraciones interesadas, aumentadas por los medios afines. Hay mucho fundamentalista en todo este proceso. Así poco lograremos.
Si algún día otra vez hay muertos sobre las calles de nuestro país, ¿Quién se
pondrá la medalla? ¿A quien echaremos la culpa? Seguro que solamente al que apretó el gatillo, pero, ¿Eso nos dejará tranquilos? Volvamos sinceramente a lo importante: “no hay futuro sin perdón y reconciliación”, y los partidos políticos, todos, son los primeros que deberían trabajar por ello.


Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 5 de noviembre de 2006

 
 
 
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