El "tufo-pufo" de la Bienal
 
 

 

La Bienal de Zamora, huele a viejo y a caduco. Precisamente por la obsesión de reducir las artes plásticas a un procedimiento único como es la pintura, a pesar que incluyan de vez en cuando fotografías, dibujos o collages; pero siempre en una clara formulación pictórica.
A todos los visitantes se les oye la misma queja, lo mal que se contemplan las obras en los pasillos del colegio universitario, y lo mucho que molesta para el espectador, entresacando muros semipreparados entre puertas, arcos de piedra y extintores.
Cuando se consiguen idear unos paneles que uniformicen las paredes expositivas, los vuelven a forrar y los atiborran con obras hasta que ya no entran más. Al ser un pasillo tan largo, no puedes colgar tantas obras como si aquello fuera una subasta de productos de artesanía ocupacional.
Hace siglos que las obras de arte en todas las partes del planeta se cuelgan y se exhiben de mejor manera.
El espacio en cuanto a iluminación deja mucho que desear y es en el caso de muchas obras que no existen metros suficientes para alejarse lo necesario y ver en perspectiva el cuadro, por ejemplo en la Bienal de este año 2006, la obra Big Slam de Nico Munuera o el políptico de fotografías de la escalera.
La decoración exterior de la calle San Torcuato, no ha sido muy acertada que digamos, más bien un tanto adefesio ese pórtico apanelado en rojo.
La publicidad y su difusión ha sido muy escasa, no se han visto banderolas por la ciudad ni cartelería varia anunciando la exposición, ni pancartas, tan sólo dos espacios anunciadores que fueron al suelo en más de una ocasión, situados en Viriato y en la plaza de Hacienda, creo no haber visto más en toda la ciudad. Por lo que la proyección exterior de la Bienal roza la imagen pobre y la pobre imagen de un evento que existe (siendo inexistente) y que se tiene que llevar a cabo casi por tradición cada dos años. No tiene ningún sentido.
Renovarse o morir. Tal vez sea el momento de la autocrítica y del prólogo a una catarsis necesaria.Tras la reflexión volvería la Bienal a resurgir con otras ilusiones y con otras esperanzas renovadoras para proyectos futuros.
El comisariado debería estar formado por más profesionales y mejor preparados, no dudo en absoluto de la buena intención de su actual comisario Bordell y de su compromiso, quien no tiene como ocurrió este año que seleccionar las obras que en otras ediciones se enviaban por parte de los artistas. Esta opción de Bienal es más cómoda, te lo dan hecho.
Este año 2006 unas cuantas galerías han elegido a los artistas que participaron en nuestra bienal, pero que no responden a ningún criterio aparente de objetividad (internacionalización, calidad, riesgo o experimentalidad... etc) tan sólo, que es un pupurrí de galerías que acuden a la Feria Internacional de ARCO y se les ha circulado la invitación para que ellos traigan a sus autores.
Estas obras que aportan las galerías, son en su mayor parte aquellas que no han vendido en otras ocasiones o que están en la trastienda del galerista, aún así luego hay que pasarlas por un filtro del jurado, para después otorgar premios que están muy por debajo del precio marcado de las obras premiadas. No es de extrañar que algún artista renuncie al premio, puesto que pierde dinero, teniendo además en cuenta que la galería se queda en torno al 50% del valor de la obra vendida.
Los premios deberían ser de mayor cuantía para provocar un efecto reclamo o bien realizar adquisiciones institucionales o de entidades privadas, dentro de una lista de priorizados autores por su talla y reconocimiento artístico.
La Bienal debe de ser activa y dotarla de dinamismo, charlas, conferencias, mesas redondas, invertir más en los vínculos didácticos y explicativos como los que se han hecho para los niños y jóvenes de los colegios e institutos por parte de un guía, pero eso no es suficiente.
La ciudad debería de estar motivada para empaparse en el arte de la Bienal, un compromiso de participación como aquel de la recordada Bienal de Escultura de 1986. (Veinte años después la añoramos).
Una gran parte de las obras de esta Bienal eran sino malas, al menos bastante regulares, según algunos autores y especialistas en arte contemporáneo, con proyección internacional y que han pasado por nuestra Bienal, (incluso obras procedentes de galerías previamente seleccionadas).
El tufo es conservador, nada transgresor ni arriesgado.
Los criterios de selección son más bien absurdos y trasnochados.
No entiendo como zamorano que siempre lo de fuera sea mejor que lo de nuestra tierra, eso es de auténticos paletos, potenciar desde las instituciones a autores foráneos y vendarse los ojos para no ver o creer en nuestros valores.
Se está potenciando a gente normalita, a veces mediocre, que no tienen talento o que son unos inexpertos que dan pinceladas torpes o que su grado de investigación en el arte creativo es nulo.
¿Cuántos millones de pesetas hemos pagado los zamoranos por el traslado de las obras desde Nueva York del joven pintor invitado Hugo Fontela?
Se nos ha vendido la moto con este muchacho, con la única razón de haber alcanzado dos méritos especialmente en la actualidad casposos y muy poco contemporáneos como son el premio de pintura BMV y una beca Velázquez. Si este joven es un genio ¿a qué altares deberíamos de haber elevado a nuestros autores zamoranos: Pedrero, Mezquita, Renilla, Carpintero o tantos otros excelentes dibujantes y pintores zamoranos?
El desconocimiento del terreno actual del arte por parte del comisariado se ve a la legua, por lo que en Zamora con bienales de este calibre, la ciudad se queda una vez más sin conocer el lenguaje artístico de lo que en la actualidad se está haciendo en el ámbito del arte contemporáneo mundial.
Sobre esta fórmula de Bienal, no se puede garantizar ni de lejos, que lo que se vaya a exponer tenga un mínimo de interés y este año tampoco ha sido una excepción.
Con respecto a la exposición del otro autor convidado de honor Juan Hidalgo, su gran momento de gloria y esplendor sabemos que fue cuando trabajaba en el movimiento ZAJ, junto a Walter Marchetti y Esther Ferrer, pero ha sido un acierto contar con la presencia y obra de este autor multidisciplinar en una ciudad que desprende tantas veces con relación al ARTE ese olor a naftalina.
Para colofón el catálogo concebido por quien lo diseñó, es soso, descuidado y lo peor ver las fotos al revés de algunas obras expuestas, parece un catálogo de compra-venta por correo. Hace ya décadas que los catálogos que se publican para este tipo de eventos conllevan otra línea y otra perspectiva muy diferente.
Da una imagen pésima y penosa. Además debieran de estar presentes los catálogos para entregar o vender el día de la inauguración y no cuando se está a punto de cerrar la Bienal (esto sólo pasa aquí).
La imposible cifra que hace unos días nos daba el comisario sobre los 20.000 visitantes a esta Bienal, desconozco si ha sido, como casi todo, a ojo de buen cubero, al no haber control de entrada ni por parte de la azafata ni del señor de seguridad que allí estaban permanentes, quienes presumiblemente hubieran efectuado un recuento de asistentes, ni sumando todas las salas que integraban la exposición, junto a la del Colegio Universitario la sala de exposiciones de la Biblioteca y la Alhóndiga. Datos imposibles de creer.
¿O también debemos contar los visitantes a la sala de exposiciones donde estaba la otra "bienal de los pobres" los entusiastas de la plaza de los Pintores?


JESUS LOSADA


 
 
 
Volver
Subir