La universidad española
       
 

 

Ninguna Universidad Española se encuentra entre las 50 primeras de Europa ni entre las 100 primeras del mundo a pesar de que España está entre los primeros países por riqueza económica. Los criterios usados para conseguir plaza en este selecto grupo son: contar con publicaciones científicas reconocidas en los principales rankings internacionales y con indicadores de impacto; número de profesores y estudiantes extranjeros que hay en cada Universidad; el ratio profesor alumno; los resultados obtenidos; el nivel de satisfacción del alumno, etc. Esta noticia, sin embargo, ha pasado inadvertida en los medios de comunicación cuando se trata de un asunto que debería ser debatido amplia, honrada, plural, abierta y rigurosamente en la universidad y fuera de ella. Curiosamente, como ocurre en casi todas las esferas sociales, no se pide a los responsables ninguna explicación sobre ello como ocurre con otras instituciones. Muchos ciudadanos siguen teniendo una imagen desenfocada de la Universidad, mirando más al pasado que al futuro, quedándonos con su representación ceremoniosa, sus Gaudeamus Igitur, sus vestimentas ampulosas en las aperturas de curso, el boato que acompaña a la concesión de doctores Honoris Causa y la denominación de Rector Magnificus, que parece que lo eleva hasta el cielo.
Como muchos españoles, ya hace años que dejé la Universidad y lo hice con preocupación y angustia porque sentía que mi preparación profesional dejaba mucho que desear, que no estaba suficientemente preparado para un trabajo real. Es justo decir que coincidió con una época, mediados de los sesenta, donde la convulsión política invadía los Campus de todo el país como consecuencia de la situación de dictadura que vivía España. Estoy seguro que algo ha cambiado pero también que muchos de los problemas siguen en el mismo sitio. Tomando referencias personales, mis propios hijos han sentido la misma frustración que tuve yo en su momento. Mi último contacto con la Universidad sucedió hace ya unos siete años cuando formé parte de un grupo de tres personas, dos del mundo universitario y de la empresa privada, para proceder a la evaluación de una Facultad Superior dentro de una Universidad de Castilla y León. Lo que vi entonces me afianzó en mis sensaciones ya descritas. Me sorprendió el valor que daban los Departamentos a su función investigadora, que pesaba más que la propia de la enseñanza y el cumplimiento del programa. En muchos casos, los jefes de departamento dejaban en manos de sus subordinados la función de dar clase a los alumnos. Sorprendentemente, de la relación de los trabajos de investigación que se aportaban, siempre muy extenso, casi ninguno estaba publicado en ninguna revista de prestigio, no ya internacional sino nacional. Por todo ello miro a la Institución con sospecha y no me creo demasiado la presunta superioridad, claramente artificial, que adopta a veces el personal que trabaja en ella, cualquiera que sea su categoría, sobre todo cuando hablan de investigación y calidad. Es conocido que los trabajos publicados en muchas Universidades Españolas tienen un excesivo número de páginas, con preámbulos enormes y con conclusiones bastante menguadas. Muchas hojas y poca chica, usando una expresión popular. Como siempre, ya sé que existen excepciones y que puedo estar equivocado en parte pero me lo tendrán que demostrar y los datos citados al principio son una losa importante.
A pesar de ello, quiero resaltar la importancia que supone tener una Universidad de calidad como garantía para el progreso social y económico futuro del país. Es necesaria una presencia fuerte de las funciones de Investigación y Desarrollo, el conocido I+D, seguido de la Innovación, letra que acompaña ya siempre a lo anterior, pero en minúscula, el I+D+i. La innovación indica la necesidad de transmitir el I+D a la sociedad, especialmente al tejido productivo. Mientras no exista una relación real y no de palabrearía entre la Universidad y el tejido productivo y empresarial, poco habremos conseguido.
Para todo ello es importante la financiación, entre otras cosas, además de conseguir que a los puestos lleguen los mejores, procedan de donde procedan, y no se prime a los que aguantan años riendo las gracias al jefe del departamento. Conozco varios casos, por si alguien se escandaliza. La financiación, como decía, es un factor vital para conseguir la calidad de la Universidad, pero, al menos en Europa, el Estado no puede soportar la carga que ello conlleva, siendo necesaria la búsqueda de formulas que permitan conseguir fondos externos, ya sea de empresas, fundaciones, donaciones privadas y posiblemente, aunque decir esto no siempre es bien visto, vía el incremento de tasas de los alumnos.
Derivando el problema a nuestro Campus Viriato, personalmente creo que el tema de la financiación va a ser un tema vital para su futuro. La Junta de Castilla y León tiene muy menguado los presupuestos, que deben repartirse entre muchos Campus universitarios de la Comunidad. Asimismo, como todo el mundo sabe, en Salamanca se está construyendo un nuevo Campus, en la localidad de Villamayor, que a medio y largo plazo exigirá fuerte inversiones públicas, de la Junta en primer lugar. ¿Cómo se va a equilibrar entre todos los recursos escasos que tenemos?¿Cómo lo va hacer la Universidad de Salamanca con los nuevos proyectos que tiene abiertos en su propia ciudad? ¿Lo van a notar sus Campus periféricos?. Tendremos que seguir este asunto muy atentamente todos los ciudadanos de Zamora.

Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 11 de abril de 2006


 
 
 
 
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