El cuento de Ifeza (I)
 
 

 

La vida de la pobre Ifeza no fue nunca fácil. No había dado aún sus primeros pasos y ya los otros niños le cantaban: -¡Ifeza no tiene cabeza! ¡Ifeza no tiene cabeza! En realidad lo que nunca tuvo fue padres, ni siquiera adoptivos. Por eso siempre estuvo entre el abandono y la falta de rumbo. Y cuando por fin, pasados los peores momentos, había empezado a andar, a moverse, a intentar ser como otro cualquiera de su especie a su edad, aquella inesperada noticia del periódico le volvió a hundir el ánimo: "Ifeza se ha hecho mayor de edad, pero sigue sin independizarse y viviendo de sus padres". El reproche, por lo que leyó, se lo había hecho una diputada provincial de IU. Tenía razón, claro, era evidente, ¿pero cómo iba a independizarse si nadie la quería ni la quiso nunca? Su mala suerte se había iniciado desde su misma concepción. Había sido IFEZAconcebida por petición expresa y reiterada de quienes iban a ser sus papis adorados: don CEOE y doña Cámara. Pero su concepción no fue fácil, rápida ni barata. Por amor la tierra en la que la iba a nacer, Diputación y Europa pusieron el dinero necesario. Sin embargo, cuando ya estaba a punto de llegar al mundo, a don CEOE se le quitaron las ganas de ser padre: -Va a ser muy grande y costosa. No voy a tener para alimentarla. -Pero, hombre, haberlo pensando antes. Con el dinero que nos ha costado... -Nada, nada, yo me voy y no quiero saber nada. Sin más ni más, se quitó así de en medio don CEOE y tras él no tardó en hacer lo mismo doña Cámara, que aún tenía menos dinero porque se dedicaba sólo a sus labores. Así que quien la había concebido y dado a luz, como "vientre de alquiler", la Diputación, se vio obligada a quedarse con la criatura. -¿Y qué vamos a hacer con ella? -¡Uf! Menudo embolado. Se hizo a la medida de don CEOE y doña Cámara. No sé para qué va a servirnos a nosotros, la verdad. Y como no sabían, la dejaron durante un tiempo abandonada. La pobre Ifeza empezó a sufrir las típicas dolencias del abandono y frecuentes jaquecas en forma de goteras. Hasta que al fin algo cambió en la Diputación y un día oyó que su vida iba a tener sentido. La pusieron guapa, le curaron las jaquecas del tejado, la inauguraron y todos dijeron que qué guapa y que mucho gusto en conocerla. Después de la primera feria, hubo otra y otra, y cada año algunas más. Ifeza empezaba a encontrar sentido a su existencia, hasta que aquel día leyó el periódico y volvió a sumirse en la depresión. -¿Independizarme? ¿Cómo voy a independizarme si ni don CEOE ni doña Cámara han querido ocuparse de mí y darme trabajo? ¿Acaso puedo arreglármelas por mí misma? ¿Cómo? Si me hubieran construido piernas, ya me hubiera ido por ahí a buscarme la vida, lejos de este páramo. Pero no puedo moverme, no puedo ir a otro lugar. ¿Qué salida me queda? Dando vueltas a esta y otras zozobras, pasó por su tejado una familia de pájaros carpinteros. E Ifeza, desconsolada, les pidió: -Por favor, picoteadme, convertidme en ruinas. No veáis lo felices que haréis a todos los de esta ciudad. Nadie me quiere y no me van a echar de menos. Los pájaros carpinteros se negaron en redondo. -Estás deprimida, eso es todo. Ya se te pasará. Y se fueron volando. Detectó después Ifeza una familia de topillos bajo sus estructuras. Y les dijo: -Roedme los cimientos para que me derrumbe. Todo el mundo os lo agradecerá. Los topillos movieron la cabeza desconsolados y desaparecieron. Ifeza recordó entonces un antiguo sueño en el que alguien, tal vez su arquitecto, le decía: -Adonde no llega la realidad, llega la magia. Si te vence la primera, acude a la segunda. E Ifeza se puso a gritar a través de sus múltiples ventanas: -¡¡Hada madrina...!! (Continuará)

BRAULIO LLAMERO
21 de mayo de 2006
Fuente: laopiniondezamora.es

 
 
 
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