La Ciencia en España
 
 

 

Escribo este artículo guiado por la emoción que me produce la concesión del premio Príncipe de Asturias de Ciencias a Juan Ignacio Cirac, un español joven que actualmente es el director del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica en Alemania. Esta simple característica: español, de ciencias y fuera de nuestro país ya me inspira una reflexión y pregunta sobre la Ciencia en España ¿Cuántos extranjeros dirigen centros de investigación en España y, al contrario, cuántos españoles lo hacen en centros americanos y europeos?. Aquí ya empezamos a tener una de las claves de nuestra Ciencia, muy ligada a la Universidad Española, como no podía ser de otra forma, pero terriblemente proteccionista y cerrada. No siempre se antepone la calidad, venga de donde venga, frente al corporativismo endogámico de la propia institución.Juan Ignacio Cirac. Premio Príncipe de Asturias de Ciencias.
Ya en 1908, Ortega escribía: «Hoy es muy difícil realizar trabajos científicos en España: salvo en algunas materias, es decididamente imposible. Comienza por no haber una sola biblioteca de libros científicos modernos. Creo que una biblioteca de libros científicos (y claro está que esto quiere decir libros científicos extranjeros) es institución mucho más urgente que ese teatro nacional proyectado. Puede vivir dignamente una nación sin un teatro nacional. Sin una biblioteca medianamente provista, España vive deshonrada». Está claro que las cosas en este último siglo han cambiado profundamente en España y tampoco pretendo abrir ningún debate entre Ciencia y Humanidades, que personalmente me parece estéril ya que ambas categorías son fundamentales, no sólo en el terreno personal y social sino también a nivel de Estado.
Ahora bien, sí que creo que la sociedad española tiene una deficiente formación científica, existiendo un desequilibrio evidente entre lo que se conoce y se valora en términos de conocimientos y cultura de humanidades contra los conocimientos y cultura científica. Tengo una certeza personal muy contrastada, que las personas que estudiamos “ciencias”, como se decía en mi época, hemos hecho un mayor esfuerzo para acercarnos a los conocimientos de humanidades que aquellos que estudiaron “letras” a los temas científicos.
La verdad es que en España se ha empezado a hacer Ciencia desde mediados del siglo XIX, con la gran figura de Santiago Ramón y Caja, y principalmente en el siglo pasado cuando otros países de Europa nos llevaban varios siglos de adelanto. Como en otras muchas cosas, los problemas religiosos y políticos fueron un freno importante. Recordemos el decreto de Felipe II que cierra las Universidades Españolas a otros países y la prohibición de intercambio con ellas de profesores y estudiantes por miedo a la contaminación con el protestantismo. Otro factor importante que nos ha lastrado ha sido el enorme analfabetismo que tenia la sociedad española antes del siglo XX ya que en 1900, el 71’5% de la población era analfabeta.
Ya superados esas limitaciones, la clave de la situación actual de la Ciencia en España la pone el catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, José Manuel Sánchez Ron: “El problema de la ciencia en España no son los españoles: es España. Y dentro de España, la falta de estructuras adecuadas". Quiero entender que por estructuras adecuadas quiere decir muchas cosas: dinero, organización, planes a largo plazo, criterios de selección adecuada del personal investigador, implicación de la industria, etc.
Pero aún queda mucho que hacer en el terreno de la Ciencia en España. En el año 2000, el número de investigadores era de 3,3 por cada 1.000 habitantes y el porcentaje del Producto Interior Bruto (PIB) dedicada a Investigación y Desarrollo se aproxima difícilmente al 1 por ciento. En el Plan de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica para el periodo 2000-2003 se quería llegar al 1,29 del PIB, valor evidentemente bajo. El sector privado sigue sin incorporarse de una manera clara a todo el proceso de Investigación y Desarrollo del país. Sigue existiendo una asignatura pendiente en la incorporación de jóvenes científicos e investigadores formados en el extranjero, con formación de primera línea internacional, tanto en la Universidad Española como en las empresas privadas. Si esto no se resuelve satisfactoriamente, puede dar al traste con el potencial de buena parte de la elite científica e investigadora de la joven ciencia española o condenarla a desarrollar sus carreras en el extranjero, con el consiguiente despilfarro de recursos públicos empleados en su formación y la consecuente pérdida de un valiosísimo capital humano.
Como dice Luis Enrique Otero Carvajal, profesor Titular de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid: “La sociedad y la economía española se enfrentan a un reto de considerable dimensión, consolidar el despegue de la Ciencia española requisito imprescindible para garantizar la viabilidad de un crecimiento sostenido y perdurable en el tiempo, en el contexto de una economía abierta y crecientemente globalizada, donde la competitividad se resuelve cada vez más por la capacidad de generar inputs tecnológicos en un mundo en profunda transformación, que ha sido definido por algunos autores como la sociedad del conocimiento”.
En estos tiempos, donde las referencias mediáticas marcan valor y camino a muchos de nuestro jóvenes, la persona premiada, el físico Juan Ignacio Cirac, un hombre joven que con su trabajo e inteligencia ha conseguido este premio apoyado por personas relevantes de la ciencia internacional, también debería ser una referencia para muchos de nuestros universitarios y estudiantes.


Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 25 de mayo de 2006

 
 
 
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