La bandera
 
 

 

Me gusta salir en bicicleta cuando puedo por las carreteras cercanas a Zamora; siempre he disfrutado de la “bici”, desde pequeño, con la pandilla de mis amigos que en verano solíamos ir de merienda a los bosques y fuentes cercanas. Recuerdo con nitidez el día en que mi padre me regaló mi primera bicicleta, de color rojo, de las llamadas “de chica”, sin barra y con una redecilla de colores en la rueda trasera. Uno de los mayores disgustos de mi vida ocurrió cuando en una de aquellas excursiones de verano, uno de mis amigos, por despiste, chocó por detrás con mi bici y rompió la redecilla. La niñez y sus recuerdos, siempre tan presentes.
Pues bien en estas salidas mañaneras, varias veces me he encontrado con casas de campo donde ondea solitaria una bandera en su mástil correspondiente. En la última que he visto ondeaba una bandera de Zamora pero en otras también he visto la de Castilla y León, la de España y la de la Unión Europea. La verdad es que por estas tierras no suelen proliferar demasiado las banderas colgando de balcones o en casas solitarias. Acabo de pasar una semana por tierras catalanas, especialmente de Girona, y el uso de símbolos catalanes, especialmente senyeras, era abundante en el medio rural. La bandera. Antonio Gallego
Todo el mundo relaciona la bandera con una identidad cultural, social y territorial determinada, por consiguiente el que se manifiesta con este símbolo está identificándose o reclamando su identidad con fuerza. También es sabido que los que reclaman identidades excluyen muchas veces otras formas de identidad. No es fácil ver ciertas banderas juntas, salvo por obligaciones administrativas.
Pero en nuestros días, la identidad puede tener muchos niveles y a veces el que representa una bandera no es el más importante para muchas personas. Los procesos de socialización convierten en un laberinto las trayectorias individuales mediante las que pretendemos aprehender la realidad social. Estas trayectorias individuales, enmarcadas en una sociedad determinada, van perfilando la construcción de la identidad, fenómeno que surge de la dialéctica entre el individuo y la sociedad. Existe la identidad personal, tan importante y tan difícil de conseguir que por ello muchas personan buscan atajos vía el consumo, que todo lo domina y manipula; está la identidad social que nos acerca a la comunidad más cercana y que necesita compromisos reales y un plus de dedicación si se quiere que no sea una palabra hueca. No entro en lo que podríamos llamar identidad política, tan ligada a la división administrativa de la Nación, que tanto ha dado que hablar en estos últimos meses y de la que no se libra nadie. Respecto a esto último, les aconsejo entrar en la página del Foro Ciudadano de Zamora (www.forodezamora.com) y navegar por la sección “expresa tu opinión”, donde encontrará un ramillete continuo de lindezas sobre el asunto del leonesismo y castellanismo. Personalmente me encuentro muy lejano a esos debates de identidades nacionales, regionales o como quieran denominarse.
La búsqueda de la identidad, sea el nivel que sea, siempre exige compromiso y eso supone esfuerzo, reflexión, inseguridad y sobre todo muchas dudas personales y sociales. También exige un respecto hacia otras opciones. Por ello, hoy en día es más sencillo asumir identidades a la carta, aquellas que por enunciarlas ya las consideramos nuestras, sin más. Y a veces una bandera en un mástil ayuda a ello.
Recuerdo que hace un año una mujer acompañaba a un grupo de personas, posiblemente familiares de visita en Zamora, y al pasar por la Plaza Mayor indicó la enseña bermeja que colgaba del balcón del Ayuntamiento y dijo con un tono de orgullo al grupo: esa es nuestra bandera. Yo me quedé un poco atónito con el sencillo comentario que personalmente jamás sería capaz de sentir. Y no porque se refiriese a la bandera de Zamora sino por referirse a una bandera. Nunca me han gustado las banderas como símbolo de agrupación de personas y culturas. Algo similar me ocurre con el término “tradición” tan usado por estos pagos, que tiene tantas novias y novios en esta tierra, con el que se construyen tantos curriculum personales. Como es evidente, no voy a negar la importancia social y cultural de este pasado en común pero me asusta el fondo inmovilista y simplista que conlleva, el eterno manoseo del término, la proliferación de actos culturales apoyados en esa base, que en muchas ocasiones deforma la realidad histórica y sirve de tapón a una visión universalista de la cultura y del progreso. Es conocida la frase de que a veces la tradición es la madre de todas las ignorancias, en el sentido que no deja ver otras opciones. También, como ocurre con las banderas, es un camino de comodidad personal, con decir que uno es muy tradicionalista con lo de su tierra ya se ha definido y en paz, y si además alguna vez te dejan agarrar un pendón, ya no te digo.
Como pueden ver, un paseo en bici da para mucho.


Antonio Gallego
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 25 de agosto de 2006

 
 
 
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