Urbanismo y Patrimonio
 
 

 

Las últimas excavaciones arqueológicas y las subsiguientes actuaciones -incluidos los correspondientes veredictos de comisiones patrimoniales- en el entorno histórico-artístico de Zamora han motivado opiniones públicas muy diversas, algunas enconadas. Sin duda, todos estos hallazgos, procederes y pareceres contribuyen al necesario debate sobre urbanismo en una ciudad donde la abundancia de restos patrimoniales en una superficie considerablemente amplia nos recuerda su esplendoroso pasado.
Continúa el debate, nunca cerrado, sobre si ese esplendoroso pasado que tuvo Zamora no constituye un obstáculo para su progreso actual y futuro. Muchas veces hemos afirmado que -si se sabe utilizar como ha sido el caso de otras antiguas ciudades en todo el mundo- el patrimonio ancestral no resulta una carga, sino todo lo contrario: un importante medio de progreso. Esa utilización pasa, efectivamente, por un adecuado tratamiento urbanístico. Creo necesario constatar, además, que el esplendor pasado debería ser un acicate para intentar que la ciudad vuelva a alcanzar tales cotas de importancia, lo cual es hoy una meta difícil de conseguir: los zamoranos nos hemos dejado llevar durante demasiado tiempo por esa especie de soñolienta amargura que aborda el último Nobel Pamuk en su retrato de Estambul, ciudad por cierto tan opuesta en ubicación y población a la nuestra y sin embargo, tan cercana en determinados rasgos estéticos y simbólicos, para más de un notable escritor zamorano. Urbanismo y Patrimonio. Carlos Cabañas Vázquez
En "Las huellas del tiempo en el plano de Zamora" aludí a dos actuaciones urbanísticas diferentes ante problemas derivados de la necesaria conservación del patrimonio. Una de ellas -la más costosa, pasada de moda y conservacionista, pero de hermosos resultados- es más o menos lo que se ha venido haciendo durante décadas en la cercana Salamanca o lo que hizo LeDuc en Carcassonne: reconstruir todo lo reconstruible, conservar trazados y elementos originales e intervenir manteniendo en lo posible el ambiente y los materiales genuinos -en el caso de Salamanca la famosa piedra de Villamayor- para los nuevos edificios del casco. Otra política, opuesta en cierto modo, pero más moderna, y menos costosa es la que denominé "contraste estético-temporal". Consiste en restaurar únicamente lo más notable, marcando de alguna manera la ubicación de lo destruido y edificando lo nuevo siguiendo un estilo muy actual, de modo que contraste con lo antiguo. Ponía como ejemplo la famosa pirámide parisina del Louvre, por otro lado tan discutida y, en Zamora, La Horta con el hotel aledaño. Siempre me incliné por el primer tipo de actuaciones, pero también reconozco la validez del segundo.
El problema y la polémica, a mi entender, surgen en Zamora porque no encontramos un tratamiento uniforme y coherente respecto a los restos arqueológicos y a la conservación de fachadas y trazados urbanos. Piedras con algún interés de San Martín de Caballeros fueron empotradas en el muro del talud sin más y sin más fue cegada la planta de ese templo; creo que también cegarán el contorno de San Gil como hicieron con el Imperial Monasterio de Santa Marina; sí se ha marcado la forma de la puerta de Santa Clara, mientras el trazado y las edificaciones en la calle Zapatería y adyacentes se hallan en suspenso. No sabemos tampoco en qué acabarán las obras del Castillo y últimamente se ha decidido conservar y reconstruir en parte un paño del segundo recinto, en La Feria. No se llega a entender qué motivos mueven a preservar con esmero restos aparentemente anodinos y a desentenderse de otros más relevantes. Mi opinión es que urge un protocolo de actuaciones en cuanto al ámbito monumental concreto de Zamora. En su redacción se debería incluir algún tipo de consulta a la ciudadanía sobre la ciudad que desea y decantarse claramente por el primer o segundo tipo de actuaciones que he explicado -u otro- de modo que existiera una cierta seguridad de que los trabajos pondrían en valor la riqueza patrimonial sin perjudicar la calidad de vida del ciudadano. No estaría de más poder especificar con razones convincentes qué partes materiales del pasado urbano son verdaderamente importantes y por qué. Se nos ocurren los romances referentes al primer recinto, se nos ocurre el gran número de templos románicos -el mayor del mundo- como algo a mantener y si es posible, acrecentar. Por eso no entendemos la actuación en San Gil. Estas alusiones son, seguramente, las dos más importantes, pero existen muchas más a tener en cuenta.
En el hipotético protocolo no podría faltar la consideración de Zamora como Patrimonio Universal. No nos cansaremos de repetir que, aunque se pretenda diluir la esencia de esta ciudad en una eterna pugna entre conservadores y utilitaristas, la declaración de Zamora como Patrimonio Universal cada vez es más solicitada por los ciudadanos y sustentada con mejores razones, a pesar de las reiteradas negativas de una Junta a la que, no queremos saber la causa, incomoda el tema.

Carlos Cabañas Vázquez
Del Instituto de Estudios Zamorano
La Opinión de Zamora 27.11.2006




 
 
 
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