¿Acaso no hay dinero para la ciudad?
       
 

 

Esta pregunta sobra a la vista de las actuaciones de urbanización o alumbrado de calles, como las que están ejecutándose en la actualidad, gracias a un dinero que parece que viene con abundancia. Se echa en falta otro tipo de actuaciones, que serían decisivas para sacar del estancamiento en que se encuentran determinadas zonas de nuestra ciudad, que no son capaces de liberarse del espectro, ¿del pasado?, que soportan. Un olvido que no se entiende y que no tiene compensación por el papel del marco histórico y también para consumo de visitantes y demás gentes de visita ocasional. Se deberían contemplar actuaciones de mayores consecuencias que las de una mera renovación de acabados y de infraestructuras obsoletas, y que afectarían tanto a aspectos estructurales de su ordenamiento y de relación con la trama existente de la ciudad, como a las medidas de recuperación y mejora de la edificación y equipamientos del barrio, sin que ello significase olvidar los aspectos que componen el escenario urbano.
Cada vez son mas frecuentes actuaciones de este tipo en las ciudades españolas, al contar con una financiación de la que anteriormente no se disponía. También con estas inversiones se abre la posibilidad de obtener rentabilidades a partir de la puesta en valor de las edificaciones de tipo residencial y de dotaciones, que se integran en las nuevas propuestas..
Sana envidia despierta ver en medios gráficos del país zonas que anteriormente tenían un carácter marginal, que se han convertido en barrios renovados, en donde lo antiguo ha venido a integrarse en una ordenación con funciones nuevas y que, con los recursos de un buen diseño, se ha conseguido dar una mayor riqueza y vitalidad al conjunto.
Cada vez son más los ejemplos, que participan del denominador común de intentar una renovación integral de las zonas afectadas, y partiendo de las más variadas condiciones locales. Estas, son las propias de barrios antiguos degradados, en sus usos y construcciones, a los que por diversas circunstancias no les llegó en su momento la hora de su renovación y, en la actualidad, acusan déficit y disfuncionalidades de todo tipo..
Así conocemos el caso de la ciudad de Teruel, en donde se ha diseñado un itinerario peatonal hasta la parte alta de la ciudad, que era de difícil acceso, y que a partir de ahora añade el atractivo del tratamiento de pavimentos y como nueva cuña verde en una zona de carácter histórico.
En Vigo, se ha ejecutado un saneamiento integral del barrio de pescadores, que anteriormente tenía un carácter marginal, y con ello se ha logrado la recuperación y nuevo diseño de los espacios públicos de su frente marítimo, lo que ha supuesto un vuelco en la calidad ambiental y estética de este barrio, anteriormente degradado.
En Pamplona, la recuperación del Baluarte, una fortificación que ha estado abandonada, en la parte antigua, de la ciudad, y que ha sido adecuada como auditorio, y otros locales para esparcimiento, ello ha supuesto la introducción de actividades que han sido clave, en la renovación de todo su entorno..
Y así podíamos seguir con los ejemplos de Lérida, Vitoria, etc., con intervenciones que han sido el detonante para cambiar el signo de una vitalidad, anteriormente de bajo perfil.
En Zamora, tenemos la zona del entorno del Castillo, con la mayor carga de carácter simbólico de la ciudad, lo cual parece que le ha otorgado una patente de inmutabilidad y es la regla universal que se aplica, como si fuese el único artículo de fe verdadero. Como muestra de este proceder simple, ahí están las casas de San Isidro, en donde se reconstruyen edificaciones que eran de carácter parasitario en su origen y que colonizaban una franja de muralla. Llevamos doscientos años desde que los franceses nos dejaron un gran solar para sus paradas militares y que, una vez devuelto a la ciudad, se impuso el criterio de hacer lo menos posible, a pesar de las secuelas traumáticas de la ocupación: los escombros de las demoliciones sirvieron como nueva rasante, con lo cual la Catedral, quedó enterrada un metro y así sigue. Cien años pasan, para que se coloquen unos árboles en el solar vacío y se van dibujando paulatinamente unos ajardinamientos, que no intentaban alcanzar para el conjunto un rango propio de parque urbano, senderos que se dibujaban a capricho del jardinero, ruinas y columnas que fuesen alejando la imagen del solar después de la batalla. Para la ciudad era un imprevisto la aparición de este espacio, que además contaba con los posibles conflictos con el Obispado; tarea no faltaba en otras zonas, la ciudad estaba volcada creciendo en sentido diametralmente opuesto, una vez demolida la Puerta de Santa Clara. Así se explica que, como muñones de la guerra, se dejaran al descubierto las espaldas de los edificios anteriormente ocultos y la ciudad prefirió ignorar las posibilidades que se habían generado y la necesidad de jerarquización de los nuevos espacios. Bultos adosados, propios de suburbio, enmascaran la noble fábrica catedralicia y restos del antiguo caserío y dependencias agrícolas rematan la línea defensiva, que se yergue como proa frente al río. Espacios que se abren ante edificios y monumentos, no llegan a alcanzar la forma canónica, obligada de la Plaza , símbolo espacial de la más alta jerarquía urbana.
Ante el Castillo, una trinchera de incierto uso bélico pone distancias, aún mas si cabe, a la muda fortificación. Solo sirve de advertencia, de que no bajemos la guardia, de que el enemigo puede estar dentro de casa, y de que el uso del Parque no es propio para juegos de niños, que solos pueden despeñarse.
En el momento actual parece que ha llegado el momento de aliviar la soledad del entorno con importantes proyectos, que vienen avalados por la fama de sus autores. Con toda seguridad, serán bellos objetos, que consumarán dentro de sus muros función y sensaciones estéticas. Pero, no nos hagamos ilusiones, ellos no van a tener el poder de alterar el sistema que hasta ahora, ha sido el remedo de un Orden, y que ha congelado toda brisa de vida en el entorno.
Ya es hora de que cambiemos el rumbo, que ciegamente aplicamos sin atenuantes a esta zona. Y de proporcionar el rango arquitectónico debido, a los espacios sobre los que se levantan las nobles edificaciones. No se merecen el trato que les hemos dado.
¿Seríamos capaces de imaginarnos todas las posibilidades que podríamos desarrollar en este reducto privilegiado de nuestra ciudad y de hacerlo presencia viva, sin traicionar su significado perenne?.

Antonio Viloria
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora.
Zamora, 21 de marzo de 2006


 
 
 
 
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