VINDICACIÓN DEL URBANISMO
 
 

 

Allá por mayo de 2006 comienzan a hacerse presentes en los medios de comunicación los primeros casos de corrupción urbanística e inmobiliaria, empezando por la llamada "Operación Malaya" en Marbella, tras la que se fue desatando una especie de reacción en cadena que ha puesto sobre la mesa multitud de casos parecidos a lo largo de todo el país.

El protagonismo pasó en verano a la costa mediterránea, especialmente la valenciana y murciana. Planes Generales de Ordenación Urbana, Planes parciales y otras intervenciones más o menos cercanas al mar estuvieron en el punto de mira de, principalmente, políticos de la oposición, fuera cual fuera, dando lugar a denuncias sobre multitud de urbanizaciones o licencias de obra sospechosas, cuantías económicas que sobrevaloraban el terreno en demasía, o dineros que aparecían y desaparecían casi por arte de magia. Muchas de las actuaciones denunciadas ponían verdaderamente en serio peligro determinadas zonas de alto valor paisajístico o ecológico, masificaban territorios proporcionalmente reducidos, o simplemente que se saltaban la ley a la torera.VINDICACIÓN DEL URBANISMO. Rafael Ángel García Lozano

Muy recientemente los casos de corrupción como, entre otros, los de Navas del Marqués, Candeleda, Seseña, e innumerables casos en la periferia de Madrid como Ciempozuelos nos muestran la gravísima implicación de miembros y cargos políticos tanto del PP como del PSOE u otros partidos, además de poner de relieve que el centro de la cuestión no está realmente en el mar, en la costa, sino en el ladrillo.

A nadie se nos escapa que debido al bajísimo precio actual del dinero las inversiones han derivado hacia el sector inmobiliario. La consecuencia es evidente: los precios se disparan y la vivienda, que es un bien de primera necesidad, termina por alcanzar costes astronómicos que llevan al endeudamiento sistemático de las familias cuando se proponen adquirir un piso. Además, tampoco acabamos de comprender cómo en pequeñas ciudades como la nuestra pueden estar vacías más de un tercio de las viviendas. La población no aumenta significativamente pero sí los bloques de viviendas que se construyen y venden. Y este fenómeno no parece tener visos próximos de detenerse. La consecuencia es, además de las ya apuntadas, la aparición de modelos constructivos y de ordenación del territorio en forma dispersa, totalmente contrarios a nuestro modelo mediterráneo de concentración de los inmuebles en núcleos compactos. Proliferan las urbanizaciones de chalets adosados y pareados, con el altísimo coste que ello supone para los ayuntamientos en aspectos como la urbanización, las canalizaciones y acometidas de aguas y las redes eléctricas, entre otras. Y de paso, en multitud de ocasiones siguen quedando vacíos y sin edificar los mismos solares de siempre en los centros de las ciudades, o edificios prácticamente ruinosos y generalmente de pobre factura que se mantienen en pie de milagro, dando lugar a auténticos barbechos urbanos.

Todos estos problemas, y principalmente el de la corrupción urbanística, ponen sobre la mesa la urgencia por repensar el urbanismo en nuestro país. ¿Dónde está y cómo se encuentra?. En primer lugar, el urbanismo en nuestro país ha claudicado en muchos casos de su principal función, que no es otra que ordenar la ciudad y evitar crecimientos desordenados y actuaciones incontroladas, para convertirse lamentablemente en la oportunidad para el trapicheo y la corruptela de la industria del ladrillo. Si el urbanismo nace como disciplina para ordenar la ciudad, en demasiadas ocasiones los intereses no sólo económicos lo convierten hoy en justificación legal de esos intereses.

Y en segundo lugar, y lo que me parece más importante, el urbanismo de nuestro país ha quedado relegado en la Universidad a una mera asignatura residual para arquitectos técnicos, una dimensión del Derecho Administrativo, y una especialidad para Arquitectos e Ingenieros de caminos, canales y puertos. En la mayoría de los casos, la especialidad "Urbanista" queda reducida a una formación meramente técnica, casi exclusivamente consistente en aspectos constructivos o relacionarlos con la normativa que habrá de aplicarse. Una disciplina tan amplia y global queda reducida, por tanto, a solo uno, y a lo sumo dos, de sus aspectos. No cabe duda de que la realidad que vivimos cada día, también los ejemplos de corrupción urbanística a los que asistimos, reclaman cada vez más una concepción más amplia, humanista e interdisciplinar del urbanismo.

Planificar, construir y ordenar la ciudad requiere una cualificación técnica constructiva innegable. Pero necesita también inexcusablemente de la Historia, pues los acontecimientos que han marcado una ciudad la condicionan de tal modo que determinan los lugares y tiempos de su expansión geográfica, su silueta e incluso sus tipologías edificatorias. Así mismo, el urbanismo necesita también de la Demografía, porque no olvidemos que fundamentalmente la ciudad son sus ciudadanos. Pero, en efecto, también el urbanismo es Sociología, en las formas de proceder y usos de sus habitantes; Derecho, en tanto que regulación de las relaciones entre ellos; Economía, Ordenación del territorio, Política, incluso Historia del arte.

Todas estas disciplinas son urbanismo, y no existe auténtico urbanismo sin la equilibrada conjunción de todas ellas. No es ningún desconocido ni ningún profesional baladí el arquitecto español Antonio Lamela, el cual hace tiempo que se mueve en estos mismos planteamientos. Afirma: "dicen que los únicos capacitados para abordar el urbanismo son los arquitectos y algunos ingenieros. Yo, particularmente, creo que esto es un error. Ni estamos preparados para hacer proyectos de urbanismo, ni planes de ordenación territorial, porque esto es una disciplina mucho más compleja, con mayor carga social que técnica. Como no hemos inventado a los urbanistas ex novo capacitados para dirigir equipos pluridisciplinares, estamos en manos de técnicos subsidiarios sin la suficiente perspectiva global". Razón no le falta. Si el urbanismo no es nada de esto, simplemente el urbanismo no es, pues se convierte en mera gestión inmobiliaria.

Arquitectura, ingeniería, historia, economía, demografía, historia del arte, derecho, sociología, diseño, etc. son disciplinas innegables en el más noble y auténtico ejercicio del urbanismo. Quizá ha llegado el momento de pensar la necesidad de estudios universitarios urbanísticos, con entidad y autonomía propias, donde se aborden ampliamente cada una de las disciplinas antedichas, entre otras muchas. Quizá ha llegado el momento de apostar por verdaderos profesionales del urbanismo. Probablemente es el momento de vindicar auténtico urbanismo.



Rafael Ángel García Lozano
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

Zamora, 30 de octubre de 2006

 
 
 
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