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EL AÑO SANITARIO QUE VIENE
 
 

 

Cuando algo cambia a favor de la gente en nuestra organización sanitaria, lo hace con una exasperante lentitud tras superar mil y una resistencias. Por ello, pese a que desde los sindicatos y la oposición se proclama cada otoño que la sanidad está a punto de reventar, pasan los inviernos, los años, los lustros, las décadas, los gerentes, los gobiernos del PSOE, (y los gobiernos del PP), y lo cierto es que ni revienta la sanidad, ni cambia nada en lo fundamental. En realidad, pasa el tiempo sin que suceda nada digno de ser reseñado como un cambio sustancial en la estructura y en el funcionamiento de nuestro sistema sanitario: los mismos conflictos, las mismas no soluciones, las mismas reivindicaciones, los mismos problemas, los mismos pretextos, los mismos aplazamientos y las mismas disculpas cada año….

Bien mirado, durante el último cuarto de siglo en España los años decisivos en política sanitaria han sido escasos y, generalmente, se han presentado con bastante retraso respecto a acontecimientos proclamados como históricos. Así sucedió con la creación del Ministerio de Sanidad a mediados de los años 70, (desde entonces sigo sin saber en que consisten sus servicios de alta inspección), con las primeras transferencias a Cataluña y el país Vasco a principios de los 80 (de aquellos polvos ¡y del titulo VIII de nuestra Constitución! vienen, ahora, los lodos del déficit sanitario), con el desarrollo de la Ley General de Sanidad a mediados en 1987 (norma que, junto con Ley de Cohesión, ha sido incapaz de generar órganos efectivos de gobierno y coordinación de un sistema sanitario "autonomizado" hasta el limite que se visualiza en el Plan Ibarretxche), o con la precipitada transferencia del INSALUD a Castilla y León tan mal gestionada por el PP en el 2002 y cuyas negativas consecuencias sufrimos hoy. Digámoslo claro: cuando se trata de introducir cambios a favor de los ciudadanos enfermos, sobre todo si son mayores pobres y residentes en el medio rural, en una organización sanitaria tan pesada, politizada y corporativizada como nuestra sanidad, estos cambios, (si tienen lugar al fin), son lentos, muy lentos.

Porque innovar el sistema sanitario a favor de la gente implica estar dispuestos a encarar no pocos conflictos. Y hacerlo supone afrontar interminables y fatigosas negociaciones sindicales orientadas a ajustar lo que realmente importa para hacer viable cualquier reforma sanitaria: el ajuste al alza de las condiciones laborales del personal sanitario del sector público. ¿Están dispuestos los gobiernos nacional y regional a afrontar alguna suerte de reforma o cambio de fondo a favor del común que les pueda suponer algún conflicto, algún coste? ¿Lo están los profesionales y trabajadores del sector sanitario mayoritariamente como colectivo? Con perdón, tengo mis dudas colegas….

En realidad desde el apasionante proceso de Reforma de la Atención Primaria que algunos tuvimos el privilegio de vivir a principios de los años 80, (reforma que supuso la construcción de la actual red de centros de salud, la modernización de los aparatos de gestión y la creación de sus correspondientes equipos), no recuerdo cambios estructurales de similar calado en nuestra organización sanitaria. Por supuesto que, también en los Hospitales gracias a al desarrollo de sus servicios se ha progresado mucho a favor de la gente y de los profesionales. Especialidad a especialidad se ha ampliado hasta el vértigo y el límite la oferta de servicios de alta complejidad. Pero el progreso hospitalario ha sido un progreso más por adición que por reforma en profundidad, más por suma desordenada de nueva tecnología y por los efectos de la acumulación de conocimientos técnicos y científicos, que por cambios estructurarles en la orientación del sistema tal y como ocurrió con la reforma sanitaria de la atención primaria impulsada por los primeros gobiernos socialistas con Ernest Lluch al frente.

Pues bien, quizás llevado por el mono que algunos padecemos de querer vivir y participar todavía en algún cambio sanitario, (si no histórico al menos importante), a favor de la gente, tengo la impresión de que tres acontecimientos pueden hacerlo posible durante el año en curso: la aprobación de la Constitución Europea, la discusión de la financiación sanitaria por parte de las 17 autonomías, y el desarrollo de los centros de especialidades de Alta Resolución en Castilla y León. No cabe duda de que vincularnos, más aún de lo que estamos, a la Unión Europa va a permitir que seamos de una vez permeables al desarrollo de nuevas formas de gestionar y organizar nuestros servicios sanitarios públicos. Muchas formas de gestión europea de los servicios sanitarios en el norte de Europa nada tienen que ver con los rígidos esquemas de defensa de la sanidad pública que se han sacralizado, entre nosotros, por parte de la izquierda tradicional política y de los sindicatos de clase. Conocer con detalle los desarrollos sanitarios de Suecia, Dinamarca, o Inglaterra puede abrir nuevos y refrescantes caminos en la reforma de nuestra sanidad pública. Además, la conferencia de presidentes autonómicos presididos por el Rey que se celebrará en la primavera próxima para abordar la financiación sanitaria, servirá para suscitar un debate imprescindible y aplazado desde hace décadas: el de la transparencia y publicidad de las cuentas y de los resultados de nuestros los servicios sanitarios.

Y finalmente tampoco podemos olvidar que a lo largo de este año tendrá lugar el funcionamiento a pleno rendimiento del centro de especialidades de Benavente y la apertura del de Ciudad Rodrigo, y que dichos acontecimientos van a enfrentar a la Junta de Castilla y León, a la oposición política, a los sindicatos, a muchos alcaldes y a importantes organizaciones sociales con un dilema de sumo interés: ¿Se quieren extender con todas sus consecuencias los centros de especialidades de alta resolución a las 47 áreas funcionales, (comarcas tradicionales), establecidas en su día por la Junta de Castilla y León? ¿Se va encarar el conflicto que supone optar por mover especialistas desde los hospitales en vez de obligar a que se muevan enfermos mayores en su busca? O dicho de otra forma: ¿En Ciudad Rodrigo y Benavente se va hacer de verdad realidad un centro de alta resolución con Cirugía Mayor Ambulatoria? ¿Se va a extender los centros de especialidades a Toro, Puebla de Sanabria, Bermillo de Sayago, Peñaranda, Vitigudino o Béjar? ¿Los van a reivindicar por fin sus alcaldes y el PSOE? Lo dicho el año 2005 puede ser un año sanitario movido, muy movido.

Que ustedes y yo lo disfrutemos….

José María Francia Viña
Publicado en www.ciudadrodrigo.net el 13/01/05 y en
La Opinión de Zamora el 15/01/05

 
 
 
 
 
 
 
 
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