Una alternativa económica para Zamora
       
    El sociólogo zamorano Alfredo Hernández, catedrático de la Universidad de Valladolid, analiza en este interesante artículo el declive económico de Zamora y aporta varias soluciones para mejorar los indicadores más negativos de la economía provincial. Se trata de una propuesta novedosa que abre la posibilidad de un debate sobre el presente y el futuro de nuestra tierra.  
       
       
 

 

Es posible cambiar la dinámica económica de esta provincia. Es difícil, pero no es imposible. Todo es ponerse. Zamora tiene actualmente tres problemas estructurales, sobre los cuales, gravitan en gran medida todos los demás:
1.- Zamora no puede mantener su Estado de Bienestar. Tenemos casi la misma población jubilada que población ocupada. Teniendo en cuenta que las pensiones se pagan con el IRPF, sí podemos decir que los zamoranos tienen motivos para estar eminentemente preocupados. Problema del empleo. Necesitamos más de 50.000 empleos en Zamora para ser autosuficientes a la hora de pagar las pensiones zamoranas.
2.- Zamora demográficamente está hipotecada. Necesitamos 2,2 puestos de trabajo por cada pensionista. Pues bien, aunque Zamora tuviera todos estos puestos de trabajo (que no los tiene), con sus actuales recursos humanos no los podría ocupar. Problema de la inmigración.
3.- Zamora sigue siendo Objetivo 1 en la Unión Europea de los veinticinco. Nuestra renta a duras penas llega al 71% de la renta media de la Europa ampliada. Si Zamora no consigue seguir siendo Objetivo 1, lo que nos estamos jugando son cientos de millones de euros al año, y sin euros no hay inversión, y sin inversión no hay empleos. Problema de la financiación. Si no empatizamos estos tres problemas, lo que viene a continuación no se entenderá en su justa medida. No existe una provincia en el Estado español que posea conjuntamente las tres características mencionadas anteriormente. Pero estos tres problemas se reducen a uno: la necesidad de crear empleo. Según mis cálculos, dentro de 150 años Zamora quedará vacía demográficamente, de permanecer constante todas las variables socioeconómicas que actualmente tenemos. A lo sumo quedarán unas 20.000 personas para seguir manteniendo viva la provincia administrativamente hablando. Propuestas:
1.- Creación de una Fundación Pública o Semipública, con una doble finalidad: el desarrollo económico y el empleo. Esta Fundación tiene que ir dotada con mínimo con mil millones de euros. La Fundación tiene que tener como finalidad la creación de pequeñas y medianas empresas en los núcleos intermedios de la provincia. Su objetivo, la creación de unos 15.000 puestos de trabajo, directos e inducidos. Algunos lectores se estarán preguntando de donde sale este dinero. Pues del Estado, de la Junta, de la Unión Europea, de la Diputación, de las Cajas de Ahorro, e inclusive de instituciones financieras privadas, todas las instituciones anteriormente mencionadas dan para eso y para mucho más. Esta Fundación, aparte de lo anteriormente expuesto, tiene que producir sinergias económicas en toda la provincia, pero sobre todo tiene que producir cultura empresarial. Pongo un ejemplo. Supongamos que un ciudadano/a va a la Fundación con un proyecto para crear una empresa, y lo primero que hace la Fundación es pedirle sus avales económicos. Esta es la antítesis de lo que debe ocurrir. La Fundación lo que tiene que hacer es estudiar la viabilidad del proyecto, la fiabilidad y la ética empresarial de la persona que lo presenta, su profesionalidad, su formación, su trabajo, pero la Fundación tiene que asumir riesgos, como actividad empresarial que es. Quiero decir, que en Zamora no se frustre ningún proyecto empresarial que sea factible por falta de recursos. Por supuesto no me estoy refiriendo a ninguna subvención, que es lo opuesto a la cultura empresarial. La empresarialidad por la que abogo se debe basar en el trabajo, en el tesón y en el talento. En Zamora, uno de los debates sociales pendientes es el de la empresarialidad.
2.- Un cambio radical en la Diputación de Zamora. La nueva Diputación tiene que tener dos principios: desconcentración y descentralización, tanto en recursos humanos como en los financieros. Expresado en otros términos, la Diputación tiene que generar una red de información, de asesoramiento en los municipios intermedios, a través de los funcionarios que sirva para canalizar las actividades de empleo, de formación, de iniciativas empresariales, pero sobre todo en áreas de formación, de gestión, de producción, de comercialización, etc. Es decir, el objetivo fundamental de la Diputación es el empleo; lo demás es secundario. Los agoreros, los conservadores me dirán que esto es imposible, y ¿cómo lo saben ellos, si nunca se ha hecho?
3.- El sector primario. En relación a este sector, expongamos algunos indicadores para situar el problema. El 40% como media de las rentas de las familias de los agricultores actualmente provienen de las subvenciones. Entre los años 2007 y 2013 estas subvenciones van a desaparecer. En estos años se dejarán de cultivar unas 25.000 hectáreas en Zamora y unos 500 agricultores habrán dejado de cotizar a la Seguridad Social. En Zamora, por cada dos agricultores que se jubilan a duras penas se incorpora uno. Como la Administración es consciente de todo esto, y por cierto, no ha hecho absolutamente nada para remediarlo, se le ha ocurrido que la alternativa al mundo rural está en el turismo, en el medio ambiente, en el patrimonio, etc. Cosa que está muy bien, pero visto lo visto tengo la impresión de que esto da para muy poco en Zamora. Por cierto, los zamoranos cuando hablan del mundo rural siempre se refieren al sector primario y al sector terciario, nunca hablan del sector secundario. Nunca lo he entendido, y las pocas veces que lo hacen, siempre se refieren a la industria agroalimentaria, como si las demás ramas productivas fueran incompatibles con ese medio. Mi alternativa está en generar 100 cooperativas en cada comarca de la provincia de Zamora, ya sean éstas de producción, de transformación o de comercialización. Si éstas no se realizan con capital privado, que se realicen con capital público. Existe un principio que dice que donde no llega el capital ni la iniciativa privada tiene que llegar el capital y la iniciativa pública. Ante la ausencia de iniciativas empresariales privadas en el mundo rural, las Cooperativas pueden ser las que fomenten puestos de trabajo, elementos imprescindibles para paliar la despoblación. Debemos acabar con un cáncer zamorano, el no fiarse los uno de los otros. 4.- Natalidad y envejecimiento. Existe un discurso en Zamora, por cierto muy ideológico, que es echar la culpa de los males zamoranos a la escasa natalidad y al envejecimiento. Para empezar Zamora pierde población por dos vías: 1.- Porque tiene un crecimiento vegetativo negativo. 2.- Porque seguimos expulsando población, fundamentalmente jóvenes. Ante esto, la única alternativa que se les ha ocurrido es una política pronatalista, basada en subvenciones, para que la mujer tenga más hijos. Lo máximo que se consigue con esta política es mantener el número de hijos por mujer, y con mucho esfuerzo, casi como si fuera un milagro, incrementarla entre 0,2 y 0,4 puntos, y pare usted de contar. Pero los pronatalistas, erre que erre, empeñados en que las mujeres zamoranas pasen más veces por el paritorio. La alternativa no está en que las mujeres tengan más hijos, porque no los van a tener. La alternativa es que haya más mujeres, y así tendremos más hijos. Por esta razón no me logro explicar, por ejemplo, como los Leader y los Proder que tienen como objetivo el desarrollo rural, no han tenido como fin, yo diría como único objetivo, la mujer rural. Expresado en otros términos, es necesaria la empresarialidad de la mujer rural como instrumento de desarrollo en este medio. Todavía estamos a tiempo. 5.- Repoblar la provincia. Zamora ha sido una provincia emigratoria. Como consecuencia de esta diáspora, ahora reflexionamos sobre la posibilidad de repoblar Zamora con la inmigración. La Diputación debería reflexionar sobre esta alternativa. Muchos municipios de esta provincia estarían dispuestos a acoger inmigrantes. Sus habitantes son conscientes que sin una inmigración sus pueblos tienen muy pocas posibilidades de sobrevivir. Si hiciéramos un experimento social con 50 pueblos zamoranos que ofertaran puestos de trabajo, estoy seguro que las llamadas telefónicas desbordarían las previsiones más optimistas. Una vez más, elaborar políticas innovadoras, aunque generen grados de incertidumbre, es el reto de los zamoranos. La inmigración que defiendo para Zamora debe ser planificada, de tal manera que podamos ir resolviendo los problemas que vayan surgiendo, porque lógicamente los conflictos van a existir. Zamora tiene que debatir sobre qué clase de inmigración quiere: si los que vengan sean ciudadanos de los países del Este europeo, si los queremos latinoamericanos, si los queremos africanos, etc. Y en qué porcentaje cada uno de ellos. La oferta de inmigrantes puede ser beneficiosa para todos: como carecemos de mano de obra, sobre todo en el sector agrario, podemos repoblar nuestros pueblos con estos ciudadanos y así seguir conservando la calidad de nuestro territorio, nuestro patrimonio. Una repoblación con inmigrantes tiene que ir correlacionada con ayudas institucionales, con una oferta de suelo gratuito, con la construcción de viviendas sociales, con becas para los estudios de sus hijos. Pero también tenemos que ofertar tierras para poder trabajar, y aquí las alternativas son muchas, desde la aparcería, el arrendamiento, los bienes comunales, la generación de cooperativas, etc. Zamora puede asumir perfectamente unos 15.000 inmigrantes. Todo lo anteriormente expuesto es condición necesaria pero no suficiente para que se inicie un proceso de desarrollo y de modernización en Zamora. La suficiencia estriba en que los zamoranos deben enterrar la cultura del resentimiento, la cultura del pesimismo, la cultura de la resignación. Me duele Zamora y me duele porque a esta provincia la entretienen sus clases dirigentes.

Alfredo Hernández es catedrático de Sociología de la Universidad de Valladolid.

 
 
 
 
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