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La hora del Castillo
 
 

 

Parece que en determinadas épocas, los acontecimientos que planean sobre la ciudad deciden tomar tierra, acumulando posibilidades y proyectos sobre una determinada zona. Ahora parece que la suerte va a recaer sobre el entorno del Castillo y que se abre paso mediante los nuevos edificios previstos para albergar distintos equipamientos urbanos. Nos referimos al Museo Baltasar Lobo y a la sede del Consejo Consultivo
Es una suerte porque toda intervención en el Casco Viejo debe ser bien recibida y el entorno monumental del Castillo bien se lo merece. Hasta ahora, si se exceptúa el lavado de cara que se hizo con motivo de la Exposición de las Edades del Hombre y su utilización anual como marco escénico para las procesiones de Semana Santa, poca atención recibe por parte de la ciudad. Se adivina que el tratamiento urbanístico de la zona es el de mero suministrador de metros de suelo a edificar y alguna salvaguardia para la conservación de los decorados que componen tapias y fachadas.
Pero, con las nuevas funciones que van a desarrollarse en los edificios proyectados, aparecerán nuevas exigencias y la ciudad tendrá que responder a tales demandas. ¿O pensamos que la ciudad es un ente pasivo, que se limita a autorizar las construcciones sin cuestionarse los cometidos que tendrá que arrostrar en el futuro?.
Los nuevos proyectos deberán buscar su integración con el entorno. Pero esto no se hace sólo con las formas del diseño o usando los materiales adecuados. Los edificios establecen una relación activa con el entorno, aparecen como un componente nuevo y de nueva significación. En el caso del museo previsto para Baltasar Lobo deberá plantearse cómo su identidad traspasa los espesos muros de la fortaleza y ver la forma de hacer patentes sus nuevos contenidos en los espacios circundantes.
Por ello la ciudad deberá plantearse hacer las trasformaciones correspondientes para la nueva realidad, donde los continentes y contenidos de los edificios proyectados van a contribuir a enriquecer un entorno que tiene la mayor densidad de obras monumentales de la ciudad. Y eso sin dejar de hacer frente a los problemas que han quedado estancados, sin resolver, durante todo el pasado siglo.
El problema inmediato que plantearán los actuales proyectos es que agravarán la accesibilidad de la zona. ¿Cómo se va a solucionar el tráfico de personas y vehículos a esa parte de la ciudad que hoy día está fuertemente condicionada por sus deficientes accesos?. En relación con lo señalado, está la situación en fondo de saco de la zona, que habrá que romper buscando la conexión con el barrio de Olivares, para personas y vehículos.
La ciudad debe asumir que el entorno de la Catedral y el Parque no tienen el nivel de calidad urbana como corresponde a un espacio monumental y que está carente de vida, por carecer del suficiente atractivo, en contraste con los espacios llenos de actividad que están presididos por las catedrales de las ciudades castellanas o andaluzas. Aquí, después de la reducción a escombros por los franceses del antiguo caserío alrededor de la catedral, no tuvimos otra ocurrencia, y eso después de pasar casi cien años, que poner unos jardines y los restos arqueológicos que nos sobraban encima. Y por añadidura, se descuidó ejecutar el remate del tejido urbano enfrentado al entorno monumental y que ahí permanece, reducido a tapias, paneras, casetos inclasificables, que no podemos entender como han podido mantenerse hasta este momento.
El siglo XIX, tan ocurrente a la hora de organizar los ensanches, prefirió mirar para otra parte y congelar esa parte de la ciudad. Pero nosotros podemos estar cayendo en la misma actitud. Tenemos que darle mayor significado urbano a los espacios libres de la zona, facilitando el encuentro y la convivencia de los ciudadanos. Que aglutinen las moles monumentales en un escenario que te acoja y que se convierta en un polo emblemático de la vida de la ciudad. Hoy esto no existe, y más bien, todo parece estar embalsamado. Es una empresa ardua pero importante para toda la ciudad. Como contrapeso al desarrollo informe que hoy sufre y como polo para la revitalización de un barrio que lleva ya hace años una existencia lánguida.
No puedo resistir a callarme el comentario de la prensa cuando el Ayuntamiento, hace mas de un siglo, decidió la construcción del Mercado de Abastos, aunque ahora tenga algo de injusto: ¡POR FIN EL AYUNTAMIENTO SE HA DECIDIDO A HACER ALGO ÚTIL!. Si lo descrito anteriormente se llevase a cabo, sería motivo de gran júbilo e importancia para la ciudad.


Antonio Viloria - Arquitecto

Miembro de Foro Ciudadano de Zamora.
19 de noviembre de 2004

 
 
 
 
 
 
 
 
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