Las críticas
       
 

 

Decía el otro día Rafael Moneo, a cuenta de su reciente exposición en el Kursaal de San Sebastián, que "las críticas son siempre beneficiosas porque gracias a ellas la obra construida termina siendo mejor que la obra proyectada". Esta afirmación es ampliamente compartida por casi todo el mundo, al menos de puertas a fuera, pero otra cosa muy diferente es lo que ocurre cuando las críticas nos afectan de forma directa. Normalmente, tanto a nivel personal como colectivo, cuando se producen críticas sobre nuestras actuaciones no suelen ser muy bien recibidas. En realidad, sólo nos gustan los halagos. Posiblemente, el español es muy dado a criticar de un modo absoluto, mezclando la crítica no sólo de la idea sino también a la persona o institución, lo cual echa leña al fuego en el debate posterior.
Dejo a un lado el tema personal, que evidentemente también tiene muchas veces consecuencias importantes, y me centro en la critica social sobre instituciones públicas y sus decisiones respectivas. Evidentemente, en un sistema democrático existe una crítica obligada que viene de la oposición política en cada institución, que no sólo es un derecho sino también una obligación. Otra cosa es la forma en cómo se hace pero eso ya es responsabilidad de cada grupo en cuestión.
El ciudadano y sus diversas asociaciones-foros, colectivos cívicos, plataformas y mesas-juegan un papel importante en el control social de las decisiones o propuestas que se plantean en las diversas instituciones políticas que configuran una democracia, al margen de lo que ya hace la oposición política. Ya lo decía Octavo Paz: "La sociedad liberal se paralizará si deja de ser autocrítica". En Zamora tenemos un ejemplo concreto y aleccionador: la propuesta de construcción del nuevo puente sobre el Duero y la actuación de la plataforma ciudadana "puente aguas abajo".
La actuación del grupo de gobierno en el Ayuntamiento de la capital, en este asunto, ha sido deplorable. Una institución pública no puede actuar como si las preferencias individuales, aún respaldadas por su grupo político, prevalezcan sin más en una decisión colectiva, que nos afecta a todos. Y eso es lo que ha ocurrido en este caso o al menos así se ha percibido. Volviendo a la referencia de Moneo, la decisión ahora adoptada sobre el citado puente es mucho mejor que la primera, impuesta desde el Ayuntamiento. Eso se ha logrado por medio de la crítica organizada a través de una plataforma ciudadana-puente aguas abajo-que ha ejercido una crítica razonada, clara y constructiva, aportando documentación y razones que la gente ha entendió muy bien. ¿Aceptó el equipo municipal las críticas, los razonamientos y las sugerencias?. En absoluto y así ha pasado un tiempo precioso para iniciar una obra necesaria para la ciudad. ¿Dónde queda aquella presentación pública que hizo el Ayuntamiento en su día y la propuesta del ingeniero Arenas?. Visto desde la distancia, se asemeja todo a un mal sainete.
Por todo ello, creo que es muy importante todo el movimiento social de base que promueva la participación social, ya sea para un tema puntual como para una presencia más amplia. A partir de septiembre, esta provincia tienen que empezar a organizarse para otro asunto muy importante que será el futuro del Campus Viriato como Campus Viriatoconsecuencia de las reformas de adaptación al Espacio Europeo de la Enseñanza Superior. No sabemos cómo nos afectará pero seguro que sucederá y estas decisiones se tomaran principalmente por parte de la Junta de Castilla y León además de la Universidad de Salamanca, una vez que el Estado Español defina las titulaciones de grado y postgrado oficiales, que serán en número muy inferiores a las actuales. No podemos ser espectadores pasivos de este proceso ni delegarlo sólo en las instituciones políticas y académicas correspondientes. Debemos actuar como colectivo social lo más amplio posible, con aquellas fuerzas que quieran unirse al proyecto. Y en eso estamos.


Antonio Gallego Rodríguez
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 5 de agosto de 2005

 
 
 
 
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