La mirada ausente
 
 

 

La de unos padres negros ante el ataúd de su hijo, un soldado norteamericano negro muerto en Irak, el muerto número 2.000 de una guerra sin sentido. ¿Dónde están sus miradas?. Posiblemente en muchos sitios, en el álbum de los recuerdos y de las ilusiones futuras, ya para siempre tronchadas. Le están viendo de niño correr y reír, de cómo se está haciendo un hombre, iniciando su vida repleta de ilusiones. Nunca se lo imaginaron dentro de un féretro, envuelto en una bandera de barras y estrellas. Sus miradas miran pero no ven la realidad, no la quieren ver, no quieren admitir que su hijo es el muerto 2.000 en una guerra lejana y política. Para ellos es sólo su hijo muerto: ¿están resignados?, ¿orgullosos de que su hijo haya muerto por la patria?, ¿entienden la razón de su muerte?. Están acompañados de gente, toda de color, pero en realidad saben que están solos y que esa soledad les va acompañar durante toda su vida.
¿Cuántas muertes deben de ocurrir para que los políticos de esa nación digan basta? ¿Es el número de muertos lo que hace justa o injusta una guerra?. Ya en este momento, seguro que se ha sobrepasado esta cifra. ¿Valen más los muertos de los americanos que los otros, que ya no tienen ni ataúdes ni banderas suficientes para enterrarlos, sólo lágrimas y lamentos?. Nadie habla de la cantidad ingente de heridos, muchos mutilados tanto física como mentalmente, que van a depender de los subsidios estatales, de las visitas continuas a los hospitales, viendo cada día reflejado en las caras de sus seres queridos el dolor del futuro que les espera.
Si dejamos el mismo ataúd en su sitio y cambiamos los seres queridos y amigos por militares y políticos americanos, ¿cómo serían sus miradas?. Yo ya me conozco esas miradas: orgullosas, seguras de que la muerte de este soldado no ha sido en vano, diciendo que volverían a tomar las mismas decisiones que al principio, que lo importante es la defensa de la patria, que hay que exterminar a todos los terroristas allí donde se encuentren, que sólo dudan los débiles. La nación está por encima de todo.
¿Pero estamos hablando de la misma nación?. Posiblemente para esos políticos la nación sea el petróleo, los contratos entre multinacionales, la situación geoestratégica, las ambiciones personales, la seguridad de que ellos tienen la verdad y cosas así. El muerto es el mismo pero las miradas serían muy distintas.
Ya todo el mundo sabe que la guerra de Irak se tejió sobre la mentira pero, como muchas veces sucede, al poderoso se le da crédito y a ciertas naciones se las consideran culpables desde el principio. Las mentiras que EE.UU. ha desplegado en esta guerra algún día, cuando la actual Administración americana pierda el poder, llenaran de vergüenza a esa nación. El último episodio lo estamos viendo estos días en los periódicos con la acusación del fiscal Patrick J. Fitzgerald contra Lewis Libby Jr, el principal consejero del vicepresidente de Norteamérica, el señor Cheney. La compra de uranio enriquecido en Níger por parte del régimen de dictador de Irak con el fin de fabricar bombas atómicas fue otra de las múltiples mentiras del presidente americano. El ridículo que hizo el anterior Secretario de Estado ante las Naciones Unidas mostrando fotografías de camiones iraquíes para fabricar armas de destrucción masiva es difícil de superar. Y así muchas cosas más.
Pero con este panorama, algunos de los que participaron en esta vergüenza siguen seguros de sí mismos, nos siguen dando consejos, siguen siendo apocalípticos con los que no piensan como ellos. Los muertos, sean 2.000 o más, no cuentan. Mantienen su orgullo por encima de todo. ¿No será que “el orgullo es el complemento de la ignorancia” como decía el académico francés Fontenelle?.

Antonio Gallego Rodríguez
Zamora,
1 de noviembre de 2005
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

 
 
 
La mirada ausente
 
 
 
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