SOBRE PARTICIPACIÓN CIUDADANA
       
 

 

Hace aproximadamente diez años Rosa Montero escribió un artículo en el Semanal de "El País" sobre la España del momento. Aunque apenas recuerdo su contenido sí recuerdo que me gustó mucho —siempre me ha gustado Rosa Montero— y se me quedaron grabados algunos datos que suelo recordar con frecuencia. Recuerdo, por ejemplo, que en España hace una década había más bares que entre todos los países que integraban entonces la CE, que no éramos un país demasiado culto —había llegado la riqueza antes que la cultura—, que apenas leíamos, que veíamos mucha televisión y que lo que más nos importaba en la vida era la familia. Supongo que estos datos seguirán siendo válidos hoy en día. Pero si traigo a colación este artículo es porque en él Rosa Montero también señalaba como una característica española el contraste entre la extremada pulcritud en el interior de las casas y el absoluto abandono y descuido de las calles.

Mantenemos limpios como los chorros del oro nuestros hogares pero tiramos todo tipo de basuras a las aceras y pintamos las fachadas y destrozamos los bancos públicos de los parques por eso, porque son públicos, o sea, porque no son de nadie. A pesar de que con el tiempo vamos mejorando, los suelos de los bares, considerados también aforos públicos, siguen estando llenos de servilletas de papel, palillos, colillas..., algo que llama mucho la atención a los extranjeros, y nos llevamos no sólo la alfombra y las flores sino también las macetas en la boda del príncipe.

Al español le sigue importando mucho más "lo suyo": su casa, su trabajo, su gente -familia, amigos, vecinos- que "lo de todos". Parecería que lo público no es de nuestra incumbencia, por eso somos incapaces de concebir la realidad social de nuestro país como algo nuestro y el bien común como algo en lo que tenemos responsabilidad. A ello, sin duda, también ha contribuido la larga dictadura franquista, que pedía a los ciudadanos que se dedicaran a lo suyo y no se metieran en líos. Con este tipo de mentalidad, con este desinterés por la "cosa pública" es difícil la participación ciudadana.

Estos rasgos de conformismo y feroz individualismo unidos al egoísmo de la actual cultura de la inmediatez y la satisfacción provocan la apatía y la falta de implicación en los asuntos sociales, por ello, no deberían extrañarnos los datos sobre asociacionismo en España: apenas el 22% de los españoles dice estar asociado y sólo un 12% reconoce tener un papel realmente activo. La mayor parte de las asociaciones están vinculadas a actividades culturales en sentido amplio (artísticas, deportivas, literarias, etc.). Las asociaciones filantrópicas suponen únicamente un 4,5% respecto al total.

Ante este panorama, no puedo por menos que alegrarme y felicitaros por el nacimiento del Foro Ciudadano de Zamora, especialmente al producirse en una zona tradicionalmente Participación Ciudadanamarginada y cuyas gentes han visto marcada su existencia por esa mezcla de resignación y fatalismo que les ha hecho ser espectadores pasivos de la realidad aunque ésta no les gustara. Estoy casada con un zamorano y aunque vivimos en Vitoria-Gasteiz venimos con cierta frecuencia, seguimos con interés la actualidad zamorana y pertenecemos al Foro. Quiero a esta tierra y podría decir que también "me duele Zamora".

Por ello, quisiera compartir con vosotros, amigos y amigas del Foro, algunas reflexiones relacionadas con la participación ciudadana. Como seguramente ya sabéis, la Ley 57/2003 de 16 de diciembre, de medidas para la modernización del gobierno local, conocida como "Ley de Grandes Ciudades", obliga a todos los municipios a establecer reglamentos orgánicos en materia de participación ciudadana, que determinen y regulen los procedimientos y mecanismos adecuados para hacerla efectiva. En su exposición de motivos indica que la anterior regulación se había manifestado como insuficiente por su carácter meramente declarativo. La participación ciudadana es un mandato imperativo que la Constitución impone a los poderes públicos, pero parecería que se acaba de reparar en la existencia de un artículo entre el ocho y el diez, y de repente ha entrado la urgencia por "facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política". En realidad, más que por tratarse de un mandato constitucional, toda esta nueva regulación es debida a la recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa 19/2001, que es quien la ha inspirado.

Ante la "crisis" de la democracia representativa, debida sobre todo a la falta de credibilidad de los partidos políticos, paradójicamente es desde ella desde donde se va a "facilitar" la democracia participativa, probablemente en un intento por dotar de mayor legitimación a los órganos de gobierno.

La nueva ley entró en vigor el día 1 de enero de 2004, sin embargo, se otorga a los ayuntamientos un plazo de seis meses para su adaptación a la misma, adaptación que básicamente es necesaria en los municipios definidos como de gran población. Vitoria, según la ley, es uno de ellos, por tratarse de una capital de provincia con población superior a los 175.000 habitantes. Así que en esa adaptación estamos y, por tanto, en la elaboración de un nuevo reglamento de participación ciudadana que revise y actualice el ya existente, elaborado en 1999, con el fin de adaptarlo a las nuevas medidas.

Cuesta creer que el Ayuntamiento se atreva a establecer un reglamento que sea un instrumento realmente efectivo de participación y a abrir procesos participativos que no le ofrezcan garantías de control, así que lo más probable es que se limite a "cumplir el expediente". Porque que los ciudadanos participen en la vida cultural y social, pase, pero que participen de verdad en la vida política —controlando, interviniendo, influyendo—, eso ya es otro cantar. De todos es sabido que los partidos políticos lo que quieren es ganar las elecciones, aun cuando esto sea, en el mejor de los casos, exclusivamente con objeto de poder trabajar por el bien común, por eso, nunca van a arriesgar los resultados electorales. Únicamente estarían dispuestos a "fomentar" la participación si ello contribuye a mejorar su imagen pública y les proporciona réditos electorales. Más ilusorio aún es creer que pudieran adoptar una decisión emanada de un proceso participativo con la que no estuvieran de acuerdo.

Y de todas formas, sólo habrá un proceso participativo si previamente existe un movimiento ciudadano que así lo desee y que ejercite el derecho, de lo contrario de nada sirven órganos y reglamentos. Y Vitoria no es una ciudad precisamente participativa, como tantas otras. El impulso viene desde arriba, más por obligación y mero mimetismo que por convicción. Los catalanes son el referente, no podía ser de otra manera, en Cataluña sí existe una fuerte tradición asociativa que genera densas redes sociales, algo que nada tiene que ver con la realidad vitoriana.

No obstante, como nuevo descubrimiento que puede dotarles de mayor legitimidad, todos los partidos municipales se han puesto a competir para demostrar a una ciudadanía, a la que no parece importarle demasiado, quién de todos ellos es más "participativo". Estoy siguiendo el proceso con una mezcla de curiosidad y escepticismo y preveo que en los próximos tiempos se va a "jugar a...", el término "participación" aparecerá en muchas ocasiones, pasará a ser algo políticamente correcto y ningún partido olvidará hablar de ella en sus proclamas y en sus programas.

Pero, volvamos al Foro Ciudadano de Zamora. Nada tiene que ver un proceso forzado, con escasa reflexión y sin una fuerte demanda social, con un movimiento surgido de la movilización de la ciudadanía, algo que despierta esperanza e ilusión. Aun así, a mí hay aspectos de la participación ciudadana que me inquietan y que no acabo de resolver. Bien es cierto que son reflexiones a título personal, que no tengo demasiados conocimientos sobre el tema y que me consta que en la actualidad hay numerosos estudios y amplia bibliografía, además de un sinfín de cursos, cursillos y masters, que han surgido a raíz de esta "moda participativa", fruto de la obligatoriedad de la ley.

A mí la participación ciudadana —entendida en el sentido de "tomar parte" en la vida política, en la gestión de los asuntos públicos— me parece muy deseable en teoría pero muy difícil en la práctica. No termino de tener claro los para mí de momento irresolubles problemas de representatividad y legitimidad que plantea y cuando he preguntado sobre ellos a algún experto tampoco se me ha sabido contestar satisfactoriamente.

Las personas que tenemos una larga trayectoria asociativa y que, por lo tanto, "participamos" en la vida social, sabemos que la participación requiere interés —y ya hemos visto que la población española no está demasiado "interesada"—, pero también mucha dedicación y, por lo tanto, tiempo. Y no todas las personas tienen la misma disponibilidad de tiempo —no debemos olvidar a las mujeres y sus dobles jornadas— y tampoco todas las personas tienen los mismos niveles de formación ni la misma posibilidad de acceso a la información, y la democracia participativa requiere sujetos bien informados.

En la democracia representativa hubo una primera época en la que el sufragio era restringido, únicamente tenían derecho a voto aquellos que poseían ciertos niveles de propiedad y escolaridad —las mujeres tampoco—. Con la democracia participativa parecería que, hoy por hoy, también se trata de otra forma "restringida" de ejercicio de un derecho, sólo participan un número muy limitado de personas. Éste es uno de los grandes problemas que plantea la participación, porque entonces la pregunta inevitable es ¿hasta qué punto estas personas están legitimadas y son representativas?

No obstante, si asumimos forzosamente que así sea y volviendo al Foro, no deberíamos olvidar que tanto los problemas como las decisiones políticas que afecten a Zamora van a repercutir no sólo en sus integrantes sino en toda la población. A pesar de esa repercusión en sus vidas, la mayoría de la personas no participarán seguramente por falta de interés, pero habrá quienes no lo hagan por falta de los recursos necesarios. Por tanto, tendremos que ser especialmente cuidadosos en intentar recoger la voz de todos ellos: la tercera edad, tan numerosa en Zamora, las amas de casa, los habitantes de las zonas rurales, los colectivos más desfavorecidos, los inmigrantes...

Sólo así conseguiremos que el Foro no se convierta en un reducto elitista de ciudadanos instruidos y bien informados y que sea considerado como legítimo por el resto de los zamoranos. Tendrá que saber llegar a toda la ciudadanía y especialmente a las personas con menos información. Pero además, a esa capacidad divulgativa habrá que añadir una capacidad educativa, facilitando la información de manera que resulte comprensible para toda la población. Por otra parte, cuanto mayor sea el número de integrantes, mayor capacidad de convocatoria y más posibilidad de que sea percibido por los ciudadanos como representante. De manera que, los esfuerzos deberían ir dirigidos en dos direcciones: por una parte, conseguir ser lo más representativo posible de esa "mayoría silenciosa" y, por otra, tratar de lograr que deje de serlo, generando reflexión y conciencia crítica.

Y además de la permanente relación y colaboración con los movimientos ciudadanos Teruel Existe y Soria Ya, también habría que buscar alianzas con el resto de organizaciones y colectivos ya existentes en Zamora, pactar y trabajar conjuntamente con ellos. El trabajo conjunto es costoso al principio pero proporciona también satisfacciones y resulta mucho más eficaz. Y así, estar en disposición de exigir al poder local no sólo la elaboración de un reglamento sino la dotación de todos los medios necesarios que verdaderamente favorezcan y garanticen el ejercicio del derecho a la participación.

Con todo lo dicho hasta ahora, me parece importante resaltar que, en cualquier caso, cuando hablamos de participación estamos hablando de actitudes, mentalidades, costumbres, que están arraigadas en las estructuras más profundas de la sociedad, y que éstas no se cambian de un día para otro. La creación de una cultura participativa y solidaria, donde las personas se sientan interesadas por el bien común, en la que lo colectivo se considere responsabilidad de cada uno de nosotros, no surge de repente. Se necesitaría que todo el entramado social se comprometiera en la tarea: la familia, el sistema educativo, las instituciones, los medios de comunicación...

Probablemente comencemos a oír hablar mucho de participación ciudadana en los próximos tiempos, de su necesidad, de su fomento,... pero si continúa habiendo un abismo entre lo que se predica y los usos y costumbres sociales, si no educamos a los futuros ciudadanos y ciudadanas en estos valores y prácticas, si las instituciones elaboran reglamentos pero no realizan una labor de educación democrática y participativa, si los medios de comunicación siguen ofreciendo como modelo de participación la realizada con los votos en programas como "Operación Triunfo", "Gran Hermano", "La casa de tu vida", o con los Telemaratones, ideados para no pensar, cuando lo que la participación requiere precisamente es sujetos que piensen, que reflexionen...no avanzaremos nada.

No tenemos el mejor de los mundos ni tenemos conciencia de que en cierta forma podemos cambiarlo. Si nos sintiéramos tan responsables de la "limpieza" de nuestra sociedad como de la de nuestras casas, si creyéramos que nuestra participación junto con la de otros puede contribuir a transformar la realidad, si prefiriéramos ser protagonistas de nuestra historia en lugar de meros espectadores, quizás empezarían a cambiar las cosas.

Begoña Etayo Ereña. Mayo 2004.

 
 
 
 
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