EL RETO DE LA TRANSPARENCIA
 
 

 

De los diferentes retos a los que se enfrenta nuestro Sistema Nacional de Salud, el de la publicidad y transparencia de sus resultados no es un reto menor y adquiere cada día mayor importancia. Disponer de información publicada sobre el funcionamiento de nuestros servicios sanitarios, y que esta información se encuentre al alcance de quien quiera analizarla, debería dejar de ser un privilegio de los expertos, de los investigadores y de los gerentes. Conocer los resultados de nuestros centros y servicios sanitarios con cierto detalle se ha convertido en una exigencia democrática para sindicatos, partidos políticos, organizaciones profesionales y para un conjunto de entidades ciudadanas de muy diverso carácter, (consumidores, vecinos, enfermos, grupos de estudio...etc.), decididas a analizar los resultados de los servicios sanitarios públicos y a intervenir en su mejora. Además, el acceso a información detallada sobre el funcionamiento de nuestros servicios sanitarios se ha convertido en un requerimiento mediático difícilmente eludible por los responsables políticos del sector. Y en otro orden de cosas constituye también una condición básica para hacer posible la valoración colegiada de la marcha y situación de los servicios sanitarios en los órganos de participación y control que se resiste a convocar la Junta de Castilla y León. El funcionamiento de los, hasta hoy inéditos consejos de salud de área se encuentra ligado a la voluntad de la administración sanitaria de hacer pública la información de que dispone, a la voluntad en definitiva del gobierno regional de rendir cuentas en el sector sanitario. Por todo ello, pese a las vicisitudes por las que atraviesa el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, presidido por la ministra de Sanidad Elena Salgado y al que, inconcebiblemente, han decidido no acudir los consejeros de las autonomías gobernadas por el PP, hay que valorar como se merece su reciente acuerdo de hacer publicas a nivel nacional las listas y tiempos de espera quirúrgicos. Se trata de una valiosa y rigurosa información, (con datos, eso si, agregados y limitados a las esperas quirúrgicas), se trata de una aportación que enlaza con la mejor tradición de la gestión sanitaria de los primeros gobiernos socialistas y, particularmente, con la de los equipos que presidió Ernest Lluch a los que tuve el privilegio de pertenecer. Pero es mucho lo que queda por hacer y es mucho lo que se ha deshecho en esta materia.
Porque en algunas comunidades autónomas, como la de Castilla y León, el retroceso en la disponibilidad de información publicada sobre el funcionamiento de nuestros centros y servicios sanitarios ha sido tal que impide conocer con rigor la situación actual y los márgenes de mejora posibles en el rendimiento de los servicios. Se han suprimido la publicación anual de las memorias que las Direcciones Provinciales del INSALUD venían publicando desde 1982, y en las que podían seguirse la evolución de diferentes indicadores de actividad y costes de los servicios hospitalarios y de atención primaria en el ámbito provincial. Tras cuatro años de realización de memorias regionales de los servicios sanitarios asistenciales en formato CD por parte de la Junta de Castilla y León, (de 1989 a 2002), se suprimió bruscamente su difusión quizás por los alarmantes datos que podían elaborarse tratando la información provincial que en dichas memorias se contenían sobre los resultados de las carteras de servicios de los centros de salud. Y en la actualidad toda la información sanitaria que se pública con carácter anual sobre el funcionamiento de los servicios sanitarios provinciales, se contiene en las memorias de las Delegaciones Territoriales de la Junta en las que despacha la estadística sanitaria indicando en una página los miles de ingresos hospitalarios, los millones de consultas en Atención Primaria o el número de vacunaciones gripales aplicadas.
Es preciso reconocer que en la década de los 80 el gusto por la estadística sanitaria, y por su discusión técnica, política y sindical, adquirió una dimensión casi patológica, (acabábamos de descubrir lo que hacían los gerentes de Margaret Tatcher en Inglaterra y queríamos imitarlos compitiendo por disponer de datos exhaustivos sobre "la producción sanitaria"). La presentación mensual de informes monográficos, la elaboración y discusión de los más variados indicadores sanitarios, la discusión del presupuesto provincial del INSALUD, y el control sindical/empresarial sobre la gestión provincial se convirtió en una obligación y en una costumbre mensual en el seno de las comisiones ejecutivas provinciales del INSALUD. En base al reglamento de dicha comisión se podía adoptar acuerdos e incluso presentar mociones por parte de los vocales hasta el punto que algunos Directores Provinciales tuvimos que someternos a votaciones en las que abiertamente se censuraba nuestra gestión. Aquello fue sin duda una forma de rendir cuentas, ciertamente incomoda para quien dirige los servicios sanitarios, un trabajo y un compromiso que nunca fue valorado como se merece ni por los sindicatos, ni por la "progresía sanitaria". Pero rendir cuentas era necesario entonces y lo es ahora, para dotar de transparencia al sistema sanitario público.
Porque, hoy día, tratar de conseguir datos sobre la presión asistencial en un centro de salud, sobre el desarrollo de la cartera de servicios de Atención Primaria, sobre el rendimiento de los quirófanos en un hospital público, sobre la aplicación de las inversiones, sobre las listas de espera, o sobre la evolución de los gastos en conciertos se ha convertido poco menos que en una misión imposible, en un secreto casi militar (pese a todo lo que la Junta proclama en su normativa y se contiene en la Ley de Cohesión del Sistema nacional de Salud aprobada en el gobierno del PP de 2003).
El sistema sanitario se ha tornado opaco, insoportablemente opaco diría yo…


José María Francia Viña
(Publicado en la Opinión de Zamora )

Octubre de 2004

 
 
 
 
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